miércoles, 31 de diciembre de 2008

Un lugar mágico


Plaza de Villanueva de la Reina (Jaén, España)
donde hay esculpido un ángel guardián con una
espada de fuego y la inscripción: terribilis locus iste est.


Para Inmaculada y Yolanda,
que les gusta bailar entre ángeles, palmeras y leyendas

La plaza de Villanueva de la Reina (Jaén, España) es un lugar mágico.
En los Vasos de Vicarello, donde está grabado el itinerario que desde Cádiz iba hasta la Roma imperial, hace ahora dos mil años, hay un lugar “Ad Noulas” que corresponde a este sitio fantástico, uno de los lugares a los que, desde el Atlántico, subían las barcazas romanas para mercadear con aceite, vino, plata…Más tarde, fue elegido por los templarios, y hay estudiosos que lo relacionan con uno de los territorios donde está oculto el tesoro del Rey Salomón… Reconquistadas estas tierras a los musulmanes (año 1225), por este pueblo han cruzado el Guadalquivir los rebaños de ovejas que iban y venían entre las dehesas cálidas del sur y las tierras frescas de Toledo y Cuenca. Y cuando en España los libros sólo se componían en sus cuatro o cinco Universidades, y poco más, en una casa de esta plaza, el doctor Juan Acuña montó una imprenta y editó un libro, guardado hoy como una joya en las mejores bibliotecas del mundo.
Cuentan los abuelos que hace mucho, cuando por primavera los mozos paseaban en esta placita –¡como un milagro!– nacía el amor…; y si algún niño tocaba aquí un instrumento musical o cantaba un palo de flamenco, con el tiempo se convertía en un virtuoso…Por eso ahora, los mayores llevan los niños a bailar a este lugar mágico, convencidos de que, un día, se convertirán en una Carmen Amaya o en un Alexander Prokofiev…


Imágenes y texto de José Del Moral De la Vega

jueves, 25 de diciembre de 2008

Cuatro momentos para el poema


En la poesía de Faustino Lobato echo en falta a veces un poco de ironía. Cuestión de gustos. Pero él es demasiado noble para eso. Entre el Amor y la rebelión oscila su alma, completamente expuesta. Quién sería capaz de/ mercadear con el infinito/ sin quemarse el alma. Y lo asombroso es que, a pesar de todo, su bondad sigue intacta. Eso es un don. Sólo de vez en cuando su poesía me suena demasiado literaria, impostada. Efecto inevitable de las muchas lecturas del autor, que además tiene una densa formación filosófica, y se le nota. Por fortuna su intuición acierta casi siempre, cuando se abandona, y deja resbalar por las cosas esa mirada comprensiva, delicada, profunda, que es la suya.


Texto: Diego. Imagen: IMCREA

El parasitismo de los insectos de vegetales, cuestión compleja



Grupo de termitas Coptotermes formosanus
parasitando a la madera. Imagen publicada
en la revista Science. Vol 322, nº 5904.

El profesor Yuichi Hongoh, junto a diversos investigadores colaboradores de centros de investigación japoneses, ha publicado recientemente un interesante artículo en la revista Science (nº 5904), donde se pone en evidencia la cooperación entre diversas especies procariotas y eucariotas. En el intestino de la termita Coptotermes formosanus (insecto del Orden Isoptera parásito de la madera), vive el protozoo Pseudotrichonynpha grassii y una bacteria. La termita realiza, entre otras funciones, la labor mecánica de destrucción de la madera. Acopladas al metabolismo del insecto, y viviendo principalmente de él, están las otras dos especies. El protozoo extrae azúcares a partir de la celulosa que, por fermentación anaerobia, se transforma en energía. Ésta es aprovechada por la bacteria para fijar nitrógeno de la atmósfera, nitrógeno que sumado al que obtiene por degradación de compuestos nitrogenados del protozoo, es utilizado por la bacteria para fabricar aminoácidos esenciales para su propio crecimiento, el del protozoo y el de la termita. El resultado final de este concierto parasitario es una altísima eficacia de la termita para vivir dentro de la madera, parasitismo que en los EE.UU causa pérdidas estimadas en 1 billón de dólares.
El artículo nos sirve para evidenciar, entre otras cuestiones, que el parasitismo de un insecto sobre un vegetal no es tan simple, biológicamente, como aparece a simple vista.

viernes, 19 de diciembre de 2008

CUENTECICO DE NAVIDAD PARA FITOPATÓLOGOS Y OTROS EXTRAVAGANTES


Panorámica de Sierra Morena en Azuaga (Badajoz)


Para Angélica Beatriz, que ha decidido hacer
de toda su literatura un canto al amor.


«En la Sierra Morena de Extremadura hay un triángulo mágico donde coinciden características biológicas y antrópicas (endemismos, cultivos naturales, yacimientos…) que definen una cultura en la cual sus habitantes hablan con los árboles, y se llaman unos a otros “hermano”.
Para intentar averiguar el origen de esta especie de “Paraíso” se ha analizado la relación de más de trescientas variables entre sí, y se ha podido concluir que hay cuatro entidades biológicas cuya existencia simultánea define ese fenómeno, con tal rotundidad que, si falta una sola de ellas, tendremos la seguridad de estar situados fuera de ese triángulo mágico. Esos indicadores biológicos son el olivo y los géneros de nematodos Aphelenchus, Merlinius y Rotylenchus, lo que demuestra que en la génesis de este “Paraíso” está la presencia, simultánea, de tres géneros de nematodos –los formadores del suelo, origen de la vida– y el olivo –el símbolo de la paz–»
Esto era parte del texto que un investigador redactaba para un artículo que debería publicar la revista Science mientras, a su alrededor, sus nietos Ángel y Juan coloreaban un dibujo-felicitación de Navidad en el cual unos niños llevaban una pancarta donde destacaba la palabra AMOR.
De pronto, el investigador miró el dibujo de los niños y los nombres de las especies de su artículo: Aphelenchus, Merlinius, Olea europea y Rotylenchus: –¡Increíble! Las iniciales de estos cuatro nombres forman la palabra “AMOR”.
– ¿Existirán otras razones, además de las científicas, que nos acerquen a la verdad de las cosas? Y no puedo evitar aquel pensamiento de Muñoz Rojas: Todo lo mueve algo, que de no ser el amor, no sería nada.

Imagen y texto de José Del Moral De la Vega

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Marina Núñez



Descubrí la obra de Marina Núñez a través de un reportaje de televisión. Acababa de exponer en el Reina Sofía su serie Locura (1996). Yo conocía las míticas fotos de La Salpêtrière, que me habían atraído siempre, por el morbo, más que nada. Me sorprendió que aquella chica tan dulce −al menos así la recuerdo− hubiera creado algo tan delicadamente, tan socarronamente macabro. Siniestro, Monstruas, Ciencia ficción, Error… Toda su obra nos lleva por una monstruosa, cruel y continua metamorfosis. El cuerpo humano y sus posibilidades de transformación y manipulación; desde lo conceptual e imaginario a lo físico y palpable. Hay aquí mucho de discurso postmoderno. Pero nos resulte ya plomizo o no ese discurso, coincidamos o no con los planteamientos de la autora, lo cierto es que su obra señala un rasgo de nuestro tiempo, crisálida, no sabemos si de una mariposa o de un monstruo. Entramos en la Ciencia-ficción.


Texto: Diego

lunes, 15 de diciembre de 2008



En este corrillo también hay hombres, pero es la voz de las mujeres la que se oye. Siempre han sido ellas las encargadas de “la lumbre”. Alumbrar, dar la luz, la vida. Y cómo brilla aquí la Macanita, está guapa.

jueves, 11 de diciembre de 2008

El bostezo de un joven rodeado de mujeres, ¿razón biológica o cultural?


Grupo de jóvenes paseando (1957) en Villanueva de la Reina (Jaén, España)
Imagen del libro "Protagonistas de un Mundo Rural"
Fotografía que podría ser atribuida a Cartier-Bresson

En los mamíferos, el deseo sexual está propiciado por una complicada y precisa producción enzimática donde intervienen factores fenológicos, climáticos, olorosos…que conducen al emparejamiento: la monogamia, la poligamia o la poliandria. Muchos han dicho que el estado natural del hombre era la poligamia. ¿Eso será una verdad científica o, más bien, una quimera?

José Del Moral De la Vega

martes, 9 de diciembre de 2008

SANIDAD VEGETAL. Las enfermedades de los frutales. El otoño, una estación peligrosa. Terapéutica recomendable en esta época.


La caida de las hojas de los árboles es un indicador recomendable
para aplicar fungicidas en frutales y evitar, así, la aparición de
enfermedades peligrosas en primavera y verano.

El otoño es una de las estaciones más peligrosas para el desarrollo de enfermedades de frutales, y por ello, en esta época, es preciso pulverizarlos con terapéuticos específicos para evitar que luego, en primavera o verano, aparezcan enfermedades difíciles de controlar.
Los fitosanitarios recomendables son los derivados de cobre (carbonato, oxicloruro, sulfato…de cobre). Estos productos se adhieren al vegetal de forma parecida a una pintura, tapizan las superficies de los distintos órganos, se introducen entre las resquebrajaduras más estrechas, y actúan como protectores frente a los patógenos; por ello se recomienda mojar muy bien el árbol, a fin de que éste “chorree” por el vegetal de arriba abajo. No obstante, estos derivados cúpricos tienen una débil acción fungicida contra algunos patógenos (Phomopsis amygdali, Monilia spp….), en cuyos casos se recomiendan otros fitosanitarios (captan, mancoceb, maneb…); por lo que si no hay un especialista cerca a quien recurrir, lo más práctico es elegir un formulado que contenga ambos productos (derivado cúprico+mancoceb…).
En frutales de hoja caduca se suele utilizar una solución de urea (10 kg de urea del 46% en 100 l de agua), pulverizando, además de la copa del árbol, las hojas que ya han caído al suelo. Con esto se acelera la descomposición de las hojas en el suelo, evitándose la formación de la fase telúrica de los hongos.
El momento recomendable para aplicar estos fitosanitarios es, en el caso de frutales de hoja perenne (olivo, cítricos, chirimoyo…) antes de que se generalicen las lluvias, en el caso de hoja caduca (cerezo, ciruelo, manzano…) cuando hay un 50% de hojas caídas y cuando ya lo han hecho todas (en el caso de que sólo se pueda intervenir una sola vez, es recomendable hacerlo con el 75% de hojas en el suelo).
(Para más información consultar el libro "La Sanidad de los Vegetales Cultivados")

Fig. y texto de José Del Moral De la Vega

Carita Boronska



Y es profesora en la Escuela de Música Creativa de Madrid…. Puede que sea el momento de retomar aquellas clases de solfeo…

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Carlos Oquendo de Amat (1905-1936)


“Tengo diecinueve años / y una mujer parecida a un canto”, dejaba Oquendo como única biografía. Yo, a los dieciséis, suscribía por entero esos versos. Y también quería escribir poemas que cupieran en una mano, que se pudieran llevar encima como un objeto precioso. “Para ti / tengo impresa una sonrisa en papel japón”. Lo mejor del amor y de la poesía casi se me quedan en esos años. Uno llega a pensar que nunca volverá a estar a la altura del que fue, que “el canto” será en los dientes. Pero un día regresa a los poemas de Oquendo, y descubre haber sido plenamente lo que leyó, y se siente un poco redimido, e infinitamente agradecido al poeta, al amigo. El libro original de Oquendo, el único que publicó, 5 metros de poemas (1927): una hoja de papel, de casi cinco metros, plegada como un acordeón. Diez y ocho poemas. Diez y ocho poemas estupendos, concentrados, perfectos. “Déjame que bese tu voz / Tu voz / QUE CANTA EN TODAS LAS RAMAS DE LA MAÑANA”. El saldo de una vida breve y empecinada, treinta y un años. “Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol”. Huidobro creería que estaba descubriendo algo. Pero fue un nuevo aliento, un nuevo juego. Ultraísmo, Creacionismo, Estridentismo. La Vanguardia. Y, a veces, auténtica poesía, como en Oquendo.



Texto: Diego

lunes, 1 de diciembre de 2008

El ladrón de libros



Juan del Nogal era un bibliófilo con más de treinta mil volúmenes en su biblioteca. En su juventud, y hasta que marchó a la Universidad, tenía un amigo llamado Benigno, un joven analfabeto porque desde muy niño tuvo que cambiar la escuela por el trabajo en el campo.
Benigno no tenía sentido alguno de la propiedad y sustraía todo aquello que necesitaba: dulces, castañas, bolígrafos…Y como era también muy generoso, robaba para Juan los libros que a éste le gustaban y no podía comprar.
Muchos años después, cuando Juan era ya un célebre profesor, tuvo noticia de que su amigo había muerto de Sida. Entristecido, marchó a su biblioteca y buscó uno de aquellos libros robados.
Detrás de la tapa, en la primera página y debajo del título (Al Oeste del Pecos), aparecía escrito, con una caligrafía bellísima: Regalo de tu amigo Benigno de la Inmaculada. Rincón de los Atarfes, otoño de 1962.

José del Moral De la Vega

domingo, 30 de noviembre de 2008



Grupo de personas festejando el paso del tren TALGO
por Villanueva de la Reina (Jaén, España) en 1967.
Imagen del libro "Protagonistas de un Mundo Rural".
Fotografía que podría ser atribuida a Cartier Bresson.

Los trenes han sido unos instrumentos potentísimos para el progreso de los pueblos, pero ellos siempre han pasado de largo por el mundo rural.

José Del Moral De la Vega

sábado, 29 de noviembre de 2008

SANIDAD VEGETAL. Las enfermedades de los frutales. El otoño, una estación peligrosa (III)



Vista microscópica en la que se aprecian, sobre unas
células epiteliales estrelladas de las hojas del olivo,
las esporas del hongo Mycocentrospora cladosporioides,
causante del Mal del plomo.

La mayoría de los árboles que se cultivan por su fruta son de hoja caduca, pero también los hay de hoja perenne (olivo, naranjo, chirimoyo…), cuyo crecimiento es constante a lo largo del año. Y al igual que estos vegetales crecen con más o menos vigor durante todas las estaciones, también lo hacen los patógenos que provocan enfermedades en los mismos: Spilocea oleagina (Repilo del olivo), Phytophthora spp (Aguado de los cítricos)…
En el área mediterránea, las épocas más favorables al desarrollo de estos patógenos son primavera y otoño. Durante ellas, la humedad es alta y las temperaturas templadas, condiciones idóneas para que los patógenos crezcan. Es por esto que, en el otoño, los fruticultores están obligados a desarrollar aquellas terapéuticas que evitan o disminuyen los riesgos de que estos microorganismos causen enfermedades peligrosas para la rentabilidad de sus cultivos.
(Para más información consultar el libro "La Sanidad de los Vegetales Cultivados"

Fig. y texto de José Del Moral De la Vega

viernes, 28 de noviembre de 2008

Vieni via con me

Paolo Conte. Me gusta como canta el amor. Parece un fauno que hace años hubiera tirado la siringa, cansado, y la hubiera cambiado por un piano de sala de fiestas. Pero en el fondo sigue siendo la misma, vieja canción.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

¿Visitas de Cartier Bresson a Andalucía a mediados del siglo XX?



Puerta de la Iglesia de Villanueva de la Reina (Jaén, España)
donde figura un ángel casi idéntico a otro que hay en la
iglesia francesa de Rénnes-le-Chateau (Francia), donde se dice
que está escondido un tesoro del rey Salomón.


Hace mucho tiempo apareció por Villanueva de la Reina (Jaén, España) un francés calvo y simpático; un personaje un tanto extravagante que gustaba llevar siempre un pañuelo al cuello y una cámara de fotos con la que retrataba a todos y en todo momento.
El francés, al que la gente llamaba “El Retratista”, llegaba al pueblo de improviso y solía alojarse en casa de “La Paula”. Esta mujer comentó un día que ella no lo entendía muy bien, aunque siempre estaba hablando de los “cántaros, cátaros… o algo así...y de una leyenda (Terribilis est locus iste) que portaba un ángel de la puerta de la parroquia, idéntica, por lo visto, a la que aparecía en una iglesia de Rénnes-le-Chateau (Francia), donde se decía que estaba escondido un tesoro del rey Salomón.
En el verano de 2004, EL PAÍS publicó la noticia de la muerte de Cartier Bresson, y muchos del pueblo reconocieron en aquel personaje al “Retratista”.
Nunca se podrá saber con certeza si Cartier Bresson era “El Retratista” de Villanueva de la Reina, pero en este pueblo yo he visto muchas fotografías que, por su genialidad, fácilmente se podrían atribuir a este artista.

Imagen y texto de José Del Moral De la Vega

domingo, 23 de noviembre de 2008



Barquillas atravesando el Guadalquivir (1951)
en Villanueva de la Reina (Jaén, España)
Imagen del libro "Protagonistas de un Mundo Rural".
Fotografía que podría ser atribuida a Cartier Bresson.

En los pueblos rurales españoles, hasta los años setenta del siglo XX,
las barquillas eran un medio de transporte frecuente para franquear los ríos.

José Del Moral De la Vega

sábado, 22 de noviembre de 2008

SANIDAD VEGETAL. Las enfermedades de los frutales. El otoño, una estación peligrosa (II)


Vista microscópica de peritecas de Venturia pirina
formadas en el parénquima de las hojas de peral
enfermas de Moteado en primavera-verano y caídas
al suelo en el otoño.

Entre las enfermedades causadas por hongos que sufren los frutales hay algunas, como la Mancha ocre del ciruelo, la Nomonia del cerezo, el Moteado del peral y manzano… cuya gravedad, durante la primavera y verano, estará definida por el desarrollo de estos hongos en las hojas que caen al suelo durante el otoño del año anterior .
Estos hongos tienen una fase perfecta, también denominada teleomorfo (Polystigma rubrum, Apiognomonia erythrostoma y Venturia spp son los nombres de los ejemplos citados) que es fruto de la reproducción sexual, y que se forma en las hojas infectadas durante primavera-verano y caídas al suelo en el otoño. El micelio de estos hongos evoluciona durante el invierno en las hojas caídas, dando origen a unas estructuras más o menos esféricas que encierran unas ascosporas las cuales, en primavera-verano, con temperaturas suaves y después de las lluvias, se proyectan al aire y, al caer sobre los órganos jóvenes del frutal (hojas, flores, ramos…), los infectan, desarrollando así las respectivas enfermedades.
Es por ello que, durante la estación otoñal es conveniente poner en marcha unas medidas preventivas y terapéuticas para evitar la formación, o al menos dificultarla, de las formas perfectas de los hongos.
(Para ampliar conocimientos consultar el libro La Sanidad de los Vegetales Cultivados)

Imagen y texto de José Del Moral De la Vega

La Caita


Alguien la ha llamado “pantera flamenca”, y eso la describe bien. Nunca ha grabado un disco, aunque haya participado en varios, y fuera de Badajoz se prodiga poco. Su repertorio es breve, jaleos y tangos extremeños, y bulerías, pero estos con un desgarro y una potencia expresiva admirables. Estrella Morente ha declarado inspirarse en ella para alguno de sus tangos. Curiosamente, en contraposición a su escasa discografía, la Caíta ha aparecido varias veces en el cine, en las películas Vengo y Latcho Drom, y en el espectáculo Vertiges, de Tony Gatlif. Tal vez sí, tal vez merezca mayor reconocimiento, al menos de nuestra parte, ya que prácticamente, la Caíta solo ha cantado para un público paisano, y este es uno de los mayores sacrificios −voluntario o no− que puede hacer un artista, sobretodo cuando tiene talento.


Jaleos de la Plaza Alta




Imagen: Diario Hoy

jueves, 20 de noviembre de 2008

ALEJANDRO DEGIANNE


Una historia. El niño quería ser un animal, un zorro. Cuando había que correr o perseguirse lo hacía a cuatro patas; cuando comía, lo hacía pensando que con el tiempo se le alargarían los colmillos, y se le pondrían los ojos de color amarillo, y olería a muchas leguas de distancia, y oiría hasta lo más sutil. Todos se apartaban de aquel niño montaraz. Un día decidió embarcarse y recorrer el mundo. En el puerto de Haffa conoció el amor; en Génova el desengaño; en Marsella la traición de los amigos; en Trípoli perdió el dedo corazón de la mano derecha; en Túnez fueron varios años de indolencia y exceso; en Alejandría enfermó gravemente y sanó; en Málaga se hizo rico y se arruinó. Volvió a Foligno. Aunque gastado, a su hermosa sonrisa no le faltaba un diente. Hábil negociante, no tardó en prosperar. Tuvo dos o tres amigos y una mujer a la que visitaba. Carnovali hizo de él un retrato que años después pertenecería al infante Sebastián Gabriel, en Nápoles. Se cuenta que una noche de agosto, dos días antes del terremoto, mientras hablaba con varios amigos en el Liceo, algunos de los presentes lo vieron girarse bruscamente hacia la puerta abierta, por la que entraba la brisa del río, aspirar fuertemente con los ojos cerrados, y estremecerse.


Diego. Amigos de aquella vida (1808-2008).


M. Giuliani-La folia

SANIDAD VEGETAL. Las enfermedades de los frutales. El otoño, una estación peligrosa (I)


Chancro del cerezo producido
por la bacteria Pseudomonas syringae

Son numerosas e importantes las enfermedades que soportan los árboles de hoja caduca, entre ellos los frutales. Entre los patógenos que las provocan se encuentran numerosas bacterias (Pseudomonas spp…) y hongos (Monilia spp…)
En el otoño, las temperaturas son todavía altas y, en el área mediterránea, las lluvias frecuentes, condiciones que hacen que los propágulos de los microorganismos que extienden esas enfermedades se multipliquen. Pero todavía hay una condición más que agrava el desarrollo de la enfermedad: llegada esta época, las hojas comienzan a desprenderse del árbol, y esa caída va a dejar una cicatriz en la rama, cicatriz que hasta que no se cierre completamente por una placa de súber, constituye una puerta de entrada por donde pueden entrar algunos de los patógenos que provocan enfermedades en el frutal.
(Para ampliar conocimientos consultar el libro La Sanidad de los Vegetales Cultivados)

Imagen y texto de José Del Moral De la Vega

lunes, 17 de noviembre de 2008


Casita de Reguengos de Monsaraz (Portugal)

La belleza, como la verdad, casi siempre nos
sorprende entre las cosas sencillas.

Imagen y texto de José Del Moral De la Vega

sábado, 15 de noviembre de 2008



A mi amigo Javier Tello,
que nació en Cuenca,
la ciudad con las puertas más bellas.


Abrir la puerta del claustro de la madre y salir a la luz es lo primero. Y desde entonces, en el hombre no parece existir otro afán que el de abrir puertas, desvelar secretos, descubrir lo oculto, buscar lo sagrado. Siempre, al final, aparece una puerta. ¿Habrá una última y estará Todo detrás?

Imagen y texto de José Del Moral De la Vega

jueves, 13 de noviembre de 2008

El cocido de garbanzos y “El Americano”



Tienen los alimentos mucho que ver con el alma –somos un poco lo que comemos– y por ellos, como por un cordón umbilical, estamos unidos a una inmensidad de vínculos misteriosos con nuestra cultura. La madre, al alimentar el niño, le inicia en el aprendizaje del gusto, que pasa por la lengua, el paladar, las papilas… de la boca, órgano donde, precisamente, coinciden alimentos y palabras. Y la boca, a lo largo de la vida, se va a ir llenando, o no, de alimentos sabrosos y de palabras sabedoras. Una gran parte de lo que caracteriza al hombre maduro se empieza a gestar en su boca durante la infancia, y por ello los psicólogos huronean ahora por los rincones del alma intentando relacionar el ajo, la pimienta, el aceite… que utilizaba nuestra madre en su cocina, con la villanía o la virtualidad de nuestro comportamiento.
Va ya para veinte años que empezamos a estudiar las enfermedades del garbanzo en Extremadura. Vino una vez a discutir nuestros experimentos mi amigo el profesor Antonio Trapero, y le acompañaba en aquella ocasión Walter Kaiser, un profesor americano que disfrutaba de un año sabático y al que los agricultores que venían con nosotros llamaban, simplemente, “El Americano”. Llegada la hora de comer, disfrutamos de un cocido de tres vuelcos preparado en puchero de barro sobre cocina de leña y fuego lateral; un cocido con el que “El Americano”, a medida que lo degustaba, fue experimentando una metamorfosis para transformarse, al final, en un volcán de jovialidad y simpatía.
Cuando terminamos, un agricultor de los que nos habían acompañado, en un aparte me dijo: «¡Para que luego digan que los yanquis no son divertidos!».
Y entonces yo, que siento muy bien a los fantasmas, percibí muy bien la presencia de Abu Zacarías –agrónomo español del siglo XII– que me decía: “los garbanzos… tienen la virtud de que comidos calientes o fríos alegran al que los comiere, divierten el ánimo, hacen olvidar los cuidados, fortalecen el corazón, y apartan los pensamientos sombríos”.
Andan ahora los cocineros españoles discutiendo sobre la conveniencia, o no, de preparar recetas complicadas. ¿Tendrán que venir a Extremadura a comer un buen cocido, para darse cuenta de que el futuro de la cocina no está tanto en alambicar alimentos como en saber descubrir, mediante la espiritualidad, lo que de verdad encierran?

Imagen del MAPA. Texto de José Del Moral De la Vega
Publicado por el autor en el nº 201 de PHYTOMA ESPAÑA

martes, 11 de noviembre de 2008

FLAMENCO EN BADAJOZ

El video tiene solera, lo que le da mucho encanto, pero además es un documento interesante sobre el flamenco en nuestra tierra. La Marelu, de mocita, deliciosa en estos jaleos extremeños. El resto del elenco no tiene desperdicio: Ramón el Portugués, Juan Cantero y el Indio Gitano; a las guitarras Juan Salazar y Luis Habichuela.

domingo, 9 de noviembre de 2008



Un labrador viejo me dijo un día que los rebaños
de ovejas son, en realidad, procesiones de
cartujos disciplinados y rezadores.

Imagen y texto de José Del Moral De la Vega

jueves, 6 de noviembre de 2008

INLAVABLES. HOT BOX BLUES (1995)

Una de las mejores bandas de blues nacionales, y la mejor que ha surgido de estos lares. Los podéis conocer en su Space.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Cadenas


Imagen del libro Protagonistas de un mundo rural

A Jesús Burgos Giraldo, que en Úbeda hablaba a los jilgueros
con el lenguaje universal de los limpios de corazón.


Encadenadas vienen
las palabras en los versos.

Encadenados están
hombres, bestias y arados
para pagar el verbo
desde el instante primero.

Encadenados
la tierra al mar,
la calma al viento,
la sombra al sol.

En cadenas retorcidas,
de ADN,
los ácidos se hacen carne.
Cadenas infinitas
de infinitos casi nada,
desde la mar
a la tierra
al aire.

Y sólo,
encadenados al amor,
pueden los hombres ver
la cara de Dios.

José Del Moral De la Vega

jueves, 30 de octubre de 2008

VAMPIROS EN EL CINE PACENSE


Este viernes 31 de octubre, a las nueve y media de la noche, se estrena en el Cine Pacense la película Conde Orloc, una aventura cinematográfica de la compañía Saltarrana y Sangre Fría Producciones. Qué mejor momento, la noche de difuntos, para presentar esta historia de vampiros; y en un escenario a propósito: el antiguo Cine Pacense, un local cuya apertura se remonta a 1892, y que acaba de ser restaurado con todo su sabor decimonónico. La noche de mañana se presenta como un elegante, cálido y exquisito… cuento de terror.

El tráiler de la película:


video

Déjà vu

Aquele momento de plenitude e de calma que já não se lembra, mas que volta às vezes, não se sabe de onde. Ou talvez sim se sabe...

lunes, 27 de octubre de 2008

LA RABIA DEL GARBANZO (II)



Por los años sesenta del pasado siglo, cuando yo estudiaba interno en los jesuitas de Úbeda, íbamos algunos jueves a pasear al campo hasta casi llegar a Baeza. Por una de aquellas veredas solía caminar don Antonio Machado; y al pasar junto a una encina a la que el poeta alude en uno de sus poemas, lo recitábamos: …Sobre el olivar / se vio la lechuza / volar y volar. /Campo, campo, campo. / Entre los olivos, / los cortijos blancos. / Y la encina negra, /a medio camino /de Úbeda a Baeza…
Desde entonces, siempre que paseo por un lugar me hago la misma pregunta: ¿Cuántos, antes que yo, habrán paseado por aquí? ¿Iré yo andando, ahora, entre fantasmas, sin saberlo? ¿Me verán ellos a mí? ¿Infundirán mi pensamiento?... Y aunque no encuentro respuestas, son muchas las veces que yo siento esos fantasmas. Precisamente ahora, frente a un magnífico campo de garbanzos cuajados de florecillas blancas, advierto a mi lado la presencia de Abu Zacarías Yahia “El Sevillano” –agrónomo del siglo XII– que casi susurrando me dice: "Si se pone un cuartillo de garbanzos de noche a la luna cuando está en creciente, y alzados luego por la mañana, antes de nacer el sol, se tienen después a remojo dos horas en agua dulce, y con la misma se cuecen hasta enternecerse, tienen la virtud de que comidos calientes o fríos alegran al que los comiere, divierten el ánimo, hacen olvidar los cuidados, fortalecen el corazón, y apartan los pensamientos sombríos”.
¿Es posible que un plato de cocido produzca tantas venturas?
Andan embarcados ahora los cocineros sobre lo puro o lo contaminado de sus diseños culinarios, guerra que, aunque unos y otros tratan de disimular, no tiene más interés que el de proclamar el rey de los cocineros. Pero para mí que van un poco descaminados. Llevan ya mucho tiempo empeñados en emplear tal o cual aliño, con este o aquel procedimiento, para que luego los comensales, situando el alimento en el borde superior de la parte media sublingual…, se tengan que devanar los sesos y descubrir que justo, en ese momento, como en un parto, nace un regustillo a monda seca de naranja.
Para el profesor Tarnas, del “Institute of Integral Studies”, de California, lo anterior es lo más parecido a una calle cortada.

Imagen y texto de José Del Moral De la Vega
Publicado por el autor en el nº 201 de PHYTOMA ESPAÑA

sábado, 25 de octubre de 2008

De los buenos recuerdos

ÓSCAR BOMTEMPO

Flying concellos 1941

Óscar era mago. Un mago sin demasiada suerte. Aunque de vez en cuando nos servía de modelo a varios amigos pintores, sus medios de vida siempre fueron un misterio. El caso es que era un hombre muy alegre. Cuando los famosos Podestá-Scotti montaron su nuevo circo, le sugerí pedir trabajo. “Detesto el circo −me dijo−; del circo solo me atraen los alrededores. El campamento de caravanas; las cocinas humeantes bajo los toldos; la ropa colgando de los tendederos; esas mujeres somnolientas que canturrean en una lengua extranjera; la fisonomía, el acento de una raza turbulenta, de mil sangres. Eso es lo interesante, lo humano. De pequeño, en Rosario, cada vez que me llevaban al circo me aburría; me atraía más observar lo que ocurría en las gradas y en los laterales de la pista. Recuerdo a una trapecista que se había sentado a descansar después de su número. La forma de cruzar las piernas al sentarse; el gesto de encender el cigarrillo; el brillo del sudor sobre el maquillaje; el moratón en el muslo; los pliegues en el vestido ajustado... Nada que ver con el ángel sonriente que hacía un momento había visto girar en el aire. Y sin embargo, al contrario que nuestro amigo Oliverio, que sólo quiere mujeres que sepan volar, desde entonces a mí me gustaría de ellas todo lo que demostraba que no sabían, que no podrían nunca volar de verdad”.


Diego. Amigos de aquella vida (1808-2008)



Boomp3.com

La sonrisa que trasciende



Aquella persona no tuvo ni una sola idea original en toda su vida, ni tampoco tuvo un hijo, ni escribió un libro, ni tan siquiera plantó un árbol; pero un día sonrió a un niño, y el niño aquel, que luego se hizo panadero, la guardó en su alma, y todo el mundo disfrutaba los panes de aquel panadero como especiales, sin saber que tenían una sonrisa dentro.

Imagen y texto de José Del Moral De la Vega

martes, 21 de octubre de 2008



En Sevilla todo es perdonable, menos lo feo;
y todo aquel que va contra “lo bonito” es arrojado al infierno.
Para recordar el precepto, hay por las calles unos azulejos
en donde aparecen, entre llamas, las almas de los infelices,
azulejos que los jóvenes restauran cada poco.

Imagen y texto de José Del Moral De la Vega.

lunes, 20 de octubre de 2008

LA RABIA DEL GARBANZO (I)


Campo de garbanzos arrasado por la Rabia

El garbanzo es un cultivo que aún perdura en Extremadura, y la Rabia una de las enfermedades que le afectan. Aparece ésta en primavera, después de unos días de lluvia y otros seguidos de sol, y para impedir que se adueñe del garbanzal está recomendado visitar los campos con frecuencia y aplicar un terapéutico cuando se vean las primeras manchas que la delatan.
Ahora es primavera, y las parcelas de cultivo forman un inmenso mosaico sobre los alcores de la Campiña Sur de Extremadura. Pasear por sus veredas es como entrar a un espectáculo y pasar del aburrimiento a la emoción: el viento del Guadalquivir o del Guadiana –que ésta es una tierra donde nacen fuentes a uno u otro río– llega cargado de vilanos que se pegan, obstinados, a la ropa; bandadas de coleópteros de color esmeralda revolotean por entre las flores amarillas –mi amigo Pedro Del Estal, que habla las lenguas de los insectos, dice que se llama: Psilothrix viridicoerulea –, y el cielo, lleno de cantos y piruetas de pájaros, recuerda la alegría que, de súbito, se forma a la salida de una escuela.
Buscando referencias antiguas sobre la Rabia, me topé con uno de los episodios más hermosos de la historia de nuestra cultura: transcurría el siglo X y Abderramán III, que había fundado en Córdoba la primera academia de medicina, deseaba poseer un ejemplar del libro “De materia médica”, un tratado de botánica escrito en el siglo I por el griego Dioscorides en el que se indica la utilidad de numerosas plantas contra las enfermedades del hombre. En un intercambio de embajadores, el emperador de Bizancio le regala al califa un ejemplar del pretendido libro, y éste, inmediatamente, ordena traducirlo al árabe; pero al comenzar la tarea, los lingüistas comprueban que pueden transcribir todo el texto menos el nombre de las plantas, que desconocen. De nuevo pidió ayuda Abderramán al emperador, y éste le envió al monje Nicolás, que resolvió el problema y vivió felizmente en la ciudad de Córdoba hasta el final de su vida.
Mucho me temo que la humanidad no haya dado suficientes gracias al monje Nicolás por habernos permitido leer párrafos tan sugerentes como éste: “…majados los garbanzos con miel y aplicados en forma de emplasto, tienen gran poder de mundificar y deshacen todas las manchas del rostro. Engendran los garbanzos muchas ventosidades y son productivos de esperma, por donde no es maravilla que inciten a fornicar”.
Contaba mi madre que su tío abuelo, que era canónigo en el cabildo catedralicio de Badajoz, andaba siempre en alabanzas de los cocidos de garbanzos de su hermana Isabel, pero ésta, mujer culta y recatada, y conocedora del Dioscórides, no hacía sino prometérselos –forma elegante de darle largas–, para así –creía ella– evitar la promiscuidad del clérigo.
La ciencia no ha probado todavía –al menos, no tengo yo noticia de ello– la relación del garbanzo con la lujuria; pero “la Gumersinda”, que curaba el “Mal de ojo” en mi pueblo, me contó un día que la mujer de Amador –la bruja oficial de la comarca– hacía unos cocidos con los garbanzos que se dejaban en el campo por haber “rabiado”, con los que, quien los comía, “rabiaba de amor”.
–¡Ah, ese es el origen verdadero del nombre de Rabia que dan los labradores a esta enfermedad del garbanzo! –pensé.
Ahora, no sé yo muy bien si “la Gumersinda” y su amiga habían deducido, sólo por el nombre, que si se comen garbanzos “rabiados”, se “rabia de amor”; o es que, con igual intuición con la que el hombre desvela la verdad oculta de las cosas –lo sagrado–, las brujas de mi pueblo han descubierto, de verdad, que es en esta enfermedad del garbanzo donde está escondida “la Viagra” que El Creador puso en El Paraíso.


José Del Moral De la Vega

Artículo publicado por su autor en la revista PHYTOMA ESPAÑA Nº 201, 2008

viernes, 17 de octubre de 2008



Lorenzo es un labrador extremeño que ha descubierto
la lengua de los tomates. Y éstos, en las mañanas
del verano, le cuentan historias antiguas y extraordinarias
de América que solo ellos conocen.

Imagen y texto de José Del Moral De la Vega

domingo, 12 de octubre de 2008

Leyendo a Stendhal: Beatriz Cenci


“El segundo retrato valioso de la galería Barberi­ni es de Guido; es el retrato de Beatriz Cenci, del que tantos malos grabados se ven. Este gran pintor puso en el cuello de Beatriz un trozo de tela insignificante, y en la cabeza un turbante; el pintor no se atrevió a llevar la verdad hasta lo horrible reproduciendo con verdadera exactitud la vestidura que Beatriz se ma­ndó hacer para ir al suplicio y la cabellera en desor­den de una pobre niña de dieciséis años que acaba de entregarse a la desesperación. El rostro es dulce y bello, la mirada muy tierna y los ojos muy grandes, con la expresión asombrada de una persona a la que acaban de sorprender llorando amargamente. El pelo es rubio y muy bonito. Este rostro no tiene nada de la altivez romana y de esa conciencia de las propias fuerzas que solemos observar en la firme mirada de una “hija del Tíber”, de una figlia del Tevere, como dicen ellas mismas con orgullo. Desgracia­damente, las medias tintas han tomado un rojo la­drillo en ese intervalo de doscientos treinta y ocho años que nos separa de la catástrofe cuyo relato se va a leer”.

Stendhal. Los Cenci (1837-1839) Trad.: Consuelo Berges


La historia de Beatrice Cenci es cierta. Que el retrato del Palacio Barberini sea el suyo, y que éste fuera obra de Guido, se discute. Y sin embargo, para Stendhal no había duda. A la terrible historia narrada por los cronistas le faltaba un rostro. Y éste era. Bajo su influjo, Stendhal escribió uno de sus relatos más intensos. Pienso en Stendhal, en Shelley, en Byron, en Heine, y resulta llamativo que del entusiasmo casi infantil de aquellos hombres, de su capacidad para dejarse arrebatar por el hechizo de un relato, de una leyenda, de un mito, surgiera el último puñado de historias donde todavía se puede sentir un poco de vida original, fuerte, auténtica. Hoy serían más críticos; pero hoy se propende a la novela histórica, o a la literatura para literatos… Sin duda, este es el verdadero rostro de Beatrice Cenci, pintado en su celda la víspera de su ejecución, por Guido Reni.



Texto: Diego

viernes, 10 de octubre de 2008

JAKOB VOHLER


Jakob, el día mismo de su funeral, me confesaba loco de felicidad: “La verdad es que ha sido una liberación. Es el mejor papel que me podía tocar. Estoy muerto, muerto de verdad, ¿te lo puedes creer?”. Claro que me lo podía creer. Allí estábamos los dos, sentados uno junto al otro, fumándonos un pitillo en una sala contigua a la del velatorio. Jakob había sido un estupendo actor, y tal vez hubiera triunfado, de no haber tenido la veleidad de casarse con esa yanqui acaudalada. Cada temporada, el flamante matrimonio Vohler ocupaba las primeras portadas de las revistas de cotilleos. Últimamente pasaban una mala racha, y hacía pocos meses que Jakob había sido detenido en una de las redadas del Strip. Como a tantos actores alemanes, Hollywood no fue precísamente lo mejor que pudo pasarle. Su juventud auguraba algo mejor. Lo conocí en la época en que yo trabajaba para Hermann Warm en los decorados de El gabinete del doctor Caligari. Por entonces, Jakob era el miembro más joven de la compañía de Max Reinhardt. Algunas noches, después del trabajo, Hermann, Walter y yo íbamos a ver los ensayos en la Kammerspiele. A la salida se nos unían Mara, Jakob y Conrad, y nos dirigíamos hacia la Ku´Damm. Casi siempre se nos hacía de día. Se pasó media vida añorando aquella época, cuando era pobre y vivía con Mara. Y ahora, al morir, esa añoranza parecía haberse acentuado. Exaltado como era, y olvidándose de la incómoda situación en que nos encontrábamos, Jakob alzaba la voz: “Mara me quería, es la única mujer que me ha querido de verdad. Con ella no me sentía un pelele, para ella era un actor, era alguien. Tengo que ir a buscarla. Sé que aun sigue en Berlín; puede que no me haya olvidado”. Para ciertas cosas, Jakob era muy delicado; lo más seguro es que se presentara a una hora oportuna, y con un ramo de flores. Aun así, pienso en el susto que se llevaría la pobre Mara cuando lo viera aparecer.


Diego. Amigos de aquella vida (1808-2008)


Boomp3.com

jueves, 9 de octubre de 2008




La luz,
como un niño,
juega por las ventanas
a dibujar sombras
en las paredes.

Imagen y texto de José Del Moral De la Vega

lunes, 6 de octubre de 2008



Los bosques son para mirar,
desde dentro,
la luz que los rodea.

Imagen y texto de José Del Moral De la Vega

viernes, 3 de octubre de 2008

LAS AFRICANAS PINTADAS DE AZUAGA (II)


La pintada, ave de origen africano, es una gallina criada
en Extremadura con la que se prepara una comida arcangélica.

En los años sesenta del siglo XX, la cocina española experimentó un cambio extraordinario. Por aquel tiempo instalaron en mi pueblo un asador de pollos y, con él, los mozos descubrieron un nuevo entretenimiento: cada fin de semana rivalizaban entre sí para ver quien comía más. Hubo uno de ellos –El de la Pitoseca– que llegó a zamparse hasta ocho en una comida, aunque bien es verdad que aquellos “Broilers” sólo tenían algo más de dos raciones de carne.
Unos diez años después de su introducción, los platos de pollo se habían generalizado, hasta tal punto que, de ser un símbolo de prestancia pasaron a ser un indicador de vulgaridad –el de los catetos hartitos de carne–, y desde entonces, en los comedores distinguidos, por la misma razón que a partir de los años cincuenta ningún “elegante” pedía cocido, a partir de los sesenta, los clientes tampoco piden pollo.
En estos momentos, afortunadamente, la mayoría de los españoles ya no tienen que elegir el tipo de alimento que ingieren por el símbolo ¬que representa. Están desapareciendo los complejos en la mesa, y ya muy poca gente “se corta”, incluso en un “Tres Estrellas Michelín”, de mojar un pellizco de pan en un plato con aceite de oliva, como aperitivo; o pedir solemnemente, con voz engolada y cara de suficiencia, una ración de morcilla de Burgos –sobre todo ahora, que el astronauta español Pedro Duque la ha llevado en un vuelo espacial–.
Con los nuevos tiempos, muchos alimentos han vuelto, sin complejos, a los restaurantes españoles. Y muchos de nuestros cocineros, al formarse en Francia, han descubierto que allí las aves (el capón, la pularda, el pollo de Bresse, la pintada...) son protagonistas en los mejores restaurantes; prueba de ello es que la gallina pintada representa para los agricultores de centro de Europa unos ingresos anuales cercanos a los 500 millones de €. Y esta ave que, como los emigrantes, viene de África, y que en España también es conocida como gallina de Guinea, ha demostrado que su adaptabilidad a los agrosistemas extremeños es muy superior a la que muestra en Francia, adaptabilidad que se evidencia en que mientras que en la mayor parte de las explotaciones francesas las aves tienen que estar estabuladas, las criadas actualmente en Azuaga pueden estar todo el año, como las vacas Retintas o el cerdo Ibérico, al aire libre, lo que confiere a los animales una extraordinaria salud y, a sus carnes, una calidad excelente.
Los maestros de la cocina extremeña ya han probado las pintadas criadas al aire libre en La Campiña extremeña y las han comparado con las criadas en régimen intensivo en Francia; su análisis ha sido concluyente: «las africanas pintadas de Azuaga están buenísimas».

Imagen y texto de José Del Moral De la Vega

miércoles, 1 de octubre de 2008

LAS AFRICANAS PINTADAS DE AZUAGA (I)


En los años cincuenta, el cocido de garbanzos
era la comida que los internos de los “Jesuitas”
en Úbeda (Jaén, España) comían cada día del curso.

La profesora Harrus-Révidi dice que la madre, al alimentar al niño, le inicia en el aprendizaje del gusto, que pasa por la lengua, el paladar, las papilas… de la boca, órgano donde, precisamente, coinciden el alimento y la palabra. Y la boca, a lo largo de la vida, se va a ir llenando, o no, de alimentos sabrosos y de palabras sabedoras. Una gran parte de lo que caracteriza al hombre maduro se empieza a gestar en su boca durante la infancia, y por ello, actualmente, los psicólogos huronean por los rincones del alma para relacionar el ajo, la pimienta, el aceite… que utilizaba nuestra madre en su cocina, con la villanía o la virtualidad de nuestro comportamiento. Es por esto una cuestión con base científica que, en la culinaria de un pueblo, se esconden muchas de las razones que conforman el arquetipo espiritual del mismo. Pero si el alma de un pueblo tiene mucho que ver con la cocina, la de los españoles ha estado relacionada más con la cantidad de los alimentos ingeridos que con la variedad de sus recetas, como muy bien pone de manifiesto Cervantes en lo que se considera el arquetipo de banquete español –las bodas de Camacho–. Y en nuestro país, uno de los símbolos más importantes de la cocina ha sido el pollo –Los españoles de más de cincuenta años recordamos aquel simpático personaje de cómic (Carpanta), creado por Escobar, en cuyos sueños siempre aparecía un pollo asado– Y es que aquí, durante mucho tiempo, el pollo era el orgasmo del apetito.
Los alimentos tienen mucho que ver con el alma –somos un poco lo que comemos– y no solo con el alma individual, sino también con el alma del grupo, de la tribu; ellos son un símbolo, un marcador social que caracteriza a los estamentos. En nuestro país, hasta los años cincuenta del pasado siglo, el cocido de garbanzos fue el símbolo de los que comían todos los días, símbolo que los diferenciaba del otro gran grupo, el de los que no comían todos los días –por ello, la gente presumía de comer cocido–. Al final de los años cincuenta, con el desarrollo económico, el cocido fue sustituido por otro símbolo, precisamente el sueño obsesivo de Carpanta: el pollo.

José Del Moral De la Vega

lunes, 29 de septiembre de 2008





Puerta de una casa en Valverde de Burguillos (Badajoz, España), 2005

Extremadura es una tierra donde, frente a lo grandioso,
predomina lo bonito, y donde se comprueba que lo sencillo
es el ambiente de la felicidad.

Imagen y texto de José Del Moral De la Vega

domingo, 21 de septiembre de 2008

LOS PODERES MÁGICOS DEL VINO


Labradores bebiendo vino después de una jornada de trabajo en
Villanueva de la Reina, 1961 (Jaén, España)

Corría la década de los cincuenta cuando el doctor Fleming, descubridor de la penicilina, fue invitado por un grupo de toreros a visitar Andalucía. Cuentan que entre los lugares a los que fue llevado estaba Jerez y sus bodegas. En una de ellas se le sirvió un magnífico fino y, una vez que lo hubo probado, los anfitriones, orgullosos de sus caldos, le requirieron su opinión, a lo cual el científico contestó: Es evidente que la penicilina cura a los enfermos, pero este vino resucita a los muertos.
Hace poco la revista médica Neurológica publicaba la noticia de que los bebedores habituales de vino tienen menos riesgo de contraer la enfermedad de Alzheimer que los abstemios. Muy poco antes, las universidades de Illinois, Complutense y Stellenbosch habían asombrado a la comunidad científica al descubrir que el vino contiene unas sustancias (resveratrol, quercitina, catequina y epicatequina) protectoras contra el cáncer. Por otra parte, el profesor Saint Lager, en unos exhaustivos estudios realizados en Francia sobre bebedores de cerveza, vino y licores ha podido concluir que en ese país se puede atribuir al vino la escasa mortalidad debida a problemas coronarios. Noticia que confirma las ya publicadas por los profesores Grande Covián y Van Velden: “los individuos que consumen entre uno y cuatro vasos de vino al día viven más años que aquellos otros que no beben ninguna copa”.
Vienen estas opiniones a alegrar el ánimo de todos aquellos que disfrutamos con un buen vaso de vino, y a los cuales la OMS (Organización Mundial de la Salud) nos había acongojado al desaconsejarnos, “por su peligrosidad para la salud”, la más mínima libación –ni tan siquiera una copa comiendo–
Es evidente que con el vino ha pasado lo que ya ocurriera con los garbanzos, las sardinas, el aceite de oliva…y es que algunos científicos pretenden que millones de consumidores de un determinado producto, durante miles de años, deberían tener menor certeza en la bondad de su alimento que un experimento publicado en un “Journal” cualquiera. Al final, la ciencia siempre termina por desvelar las razones del conocimiento empírico, y en el caso que nos ocupa se está demostrando, día a día, lo excelente del vino tomado con moderación.
Pero en todo esto hay algo difícil de entender. –¿Cómo es posible que el pueblo sencillo conociese ya, hace miles de años, el poder salutífero del vino que ahora se descubre en complicados laboratorios científicos?– La respuesta debe estar en nuestro culto a la amistad y la picaresca, características propias de las tribus mediterráneas. Para resolver nuestros problemas los españoles siempre hemos preferido recurrir a un Santo amigo antes que tratar de solucionarlo mediante la investigación y el esfuerzo –¿Cómo va a ser lo mismo la eficacia de un investigador que la recomendación de mi Santo protector ante el Altísimo?–.
En el caso del vino las recomendaciones para su consumo nos las dio San Isidoro a los españoles en el siglo VII, que aconsejó a los monjes beber tres vasos de vino al día para conservar la salud. Mil años después del anterior consejo ya se había comprobado suficientemente dicha recomendación, como constata uno de los padres de la medicina española, el doctor de Llerena don Juan Sorapán de Rieros, que en su tratado sobre la salud escribe lo siguiente respecto al vino: “Bebido con discreción es alimento salubérrimo y muy sustancial para el ánimo y cuerpo… despierta los ingenios, hace graciosos poetas, alegra al triste melancólico…restaura instantáneamente el espíritu perdido, alegra la vida y conserva la salud…Por solo una virtud debe ser celebrado y amado de todo el mundo y es que inclina a los próximos a que se amen recíprocamente unos a otros, conciliando amistades aún entre los enemigos capitales.”
No hay química capaz de explicar el amor ni mucho menos hay medicina capaz de provocarlo; mágica debe ser, por tanto, cualquier sustancia que a él propenda y mágico debe ser el poder del vino cuando al amor nos conduce.

José Del Moral De la Vega
Imagen del libro "Protagonistas de un Mundo Rural", 2005
Artículo del autor publicado en el diario regional HOY

jueves, 18 de septiembre de 2008

Metamorfosis


Imagen del libro "Voces del campo", 2007

La vida va llenando
de roña el cuerpo.
La mirada azul
se vuelve parda,
y la voz,
ronca.
Cualquier gesto
es torpe.
Cualquier canto,
ruido.
Sólo el alma,
como otra cosa,
crece.

José Del Moral De la Vega

lunes, 15 de septiembre de 2008


Cabecera del puente de Isabel II en Triana (Sevilla)

Todo el mundo se pregunta por qué Sevilla es la ciudad del mundo con más torres y espadañas. Un día leí en un azulejo viejo de una placita de Santa Cruz, que Sevilla fue un encargo que hizo la Virgen a los ángeles campaneros.

Imagen y texto de José Del Moral De la Vega


sábado, 13 de septiembre de 2008


Aceituneras en Villanueva de la Reina (España), 1960

La mujer es un volcán de energía que empapa la civilización y, como una aguja magnética, ha estado siempre en el punto exacto. El árbol de Atenea, cultivado desde la noche de los tiempos, se escribe en español con género femenino: la oliva.

Imagen del libro "Protagonistas de un Mundo Rural", 2005
Texto de José Del Moral De la Vega

domingo, 7 de septiembre de 2008

La comida del espíritu



La dieta alimenticia de mi colegio la ajustaba un profesor de ciencias naturales que era veterinario, y quizás por ello era una dieta bien ajustada en principios inmediatos y calorías aunque, como la de cualquier ganado, también era la más barata del mercado. El menú resultante no podía ser otro que muchos garbanzos, lentejas, patatas, pan, aceite de oliva –que mi colegio estaba en Úbeda y ésa es tierra de aceitunas– y leche en polvo, aquella de los acuerdos entre Franco y Eisenhower. Como verdura, lechuga con todas sus hojas, las blancas y las verdes. Sólo un día en todo el año se comía jamón, el día de la Inmaculada, y es que los jesuitas siempre han sido maestros en eso de asociar símbolos, en este caso los de la excelencia.
Opina un antiguo compañero mío de aquel internado que tanto potaje pobretón debía ser el causante de que casi todos fuéramos más bien bajitos, y por ello nuestro equipo de baloncesto –bastante bueno, por cierto– no se caracterizaba precisamente por la altura de sus jugadores. Esa relación, alimentos pobres y altura reducida, es posible, pero ¿en qué alimentos estaba entonces la eficacia de aquel equipo?
En 1993, el profesor Rowley-Conwy nos contaba los descubrimientos realizados en Abu Hureyra, unos yacimientos correspondientes al 9500 a. de C. localizados cerca de Alepo (Siria), junto al Eufrates. Los métodos de flotación permitieron encontrar plantas en grandes cantidades que indicaban que se consumían no menos de 157 especies silvestres. En el mismo yacimiento, en un estrato correspondiente al 9000 a de C. la situación cambiaba, y el referido investigador dice: «Las patologías de los huesos humanos indican que la población pasaba mucho tiempo moliendo semillas para hacer harina, pero las semillas procedían de plantas cultivadas [...]. Se encuentra un número muy inferior de especies, y entre ellas están las siguientes, todas cultivadas ya: cebada, centeno, lentejas, garbanzos, dos tipos de trigo y varias plantas más».
Según lo anterior, entre el 9500 y el 9000 a. de C. aparece la primera manifestación de agricultura del planeta y poco tiempo después se domestican los primeros animales: el buey, la cabra y la oveja (8000 a. de C.)
Desde entonces hasta ahora han transcurrido once mil años. En ese tiempo el hombre ha descubierto varios miles de especies vegetales y animales distintos, pero, en esencia, la agricultura de aquellos primeros años es la que actualmente propugna la agronomía como la más adecuada para los cultivos de secano de la región mediterránea: alternancia de leguminosas (garbanzos, lentejas...) con gramíneas (trigo, cebada...) simultáneamente con la cría de ganado. El agrosistema así creado es ideal: las leguminosas entran en simbiosis con el Rhizobium, bacteria que fija el nitrógeno del aire y se lo proporciona a la planta, con lo cual las semillas de leguminosas tienen más proteínas que la carne, los huevos o el pescado; las proteínas de las leguminosas son deficientes en unos aminoácidos esenciales, pero éstos se encuentran abundantemente en los cereales; la gran cantidad de paja que generan estos vegetales sirve para alimentar a los rumiantes (bueyes, ovejas y cabras), que a su vez ayudan en las labores y transporte y proporcionan alimentos, abrigo y estiércol.
La cooperación de microorganismos, plantas y animales, dirigida armoniosamente por el hombre, ha permitido que el modelo de agricultura que se descubrió entre el 9500 y 9000 a. de C. haya llegado hasta hoy mismo sin que la ciencia, con todo el aparato de la tecnología, haya sido capaz de sustituirlo por otro mejor. Pero lo que realmente llama la atención de ese modelo de agricultura es que la sostenibilidad del mismo se produce por la cooperación y no por la competencia, algo que no se explica con las leyes de supervivencia de Darwin. Es como si unas especies, naturalmente poco preparadas para sobrevivir, conocieran que la cooperación es más positiva para ellas que la competencia.
Volviendo al tema de la alimentación con el que comenzábamos este artículo, la ciencia actual nos puede describir con precisión bioquímica los miles de pasos que se producen en el hombre desde los alimentos que ingiere hasta la compleja estructura de su cerebro, pero desde ahí hasta el Cántico espiritual, de San Juan de la Cruz, o la Pasión según San Mateo, de Bach, nada de nada. Faltan aún por conocer piezas entre la arquitectura material del hombre y la espiritual. Es como si en los alimentos, acompañando a los principios inmediatos, debieran existir otras sustancias con valores espirituales cuyo metabolismo generara las obras de amor, de arte, de ciencia...
Yo estoy convencido de que, algún día, un loco cualquiera descubrirá que eso que llamamos alma, y que sólo atribuimos al hombre, existe en todos los seres vivos, y entonces quizá nos podamos explicar que los jugadores de baloncesto de mi colegio, aunque eran bajitos porque comían legumbres más que otra cosa, jugaban muy bien, y todo ello, quizás, porque en el alma de los garbanzos y lentejas hay un principio de cooperación –como el que se manifiesta en el modelo de agricultura de Abu Hureyra – capaz de conferir a todos aquellos que los toman asiduamente sentimientos de hermandad.

José Del Moral De la Vega

sábado, 6 de septiembre de 2008


Casa de Villanueva de la Reina (España)

Hasta la entrada de España en el periodo consumista del desarrollo, en los pueblos del sur, las casas las construían los hombres utilizando barro, cal, hierro y... poco más. El sol, cada mañana, ponía los adornos.

Figura y texto de José Del Moral De la Vega

martes, 2 de septiembre de 2008

ALGO MAS QUE COCINEROS

La cabecera principal del TIME magazine del trece de noviembre pasado era: “60 years of heroes”, y casi todo él estaba dedicado a glosar la vida de los hombres más destacados en los últimos sesenta años. Entre los personajes seleccionados sólo figuraban dos españoles: “king” Juan Carlos y Pablo Picasso, mientras que los franceses escogidos eran siete; entre ellos estaba Paul Bocuse, un cocinero de ochenta años que ha sido capaz de aparecer, como tal, en la misma lista que hombres de la categoría de Picasso, Sakharov, De Gaull, Mahfouz…
Dice Reuniere que, hasta el siglo XIX, ser cocinero no era más que un oficio: “concentrados en un pequeño número de casas opulentas de la corte, de las finanzas, de la moda, ejercitaban ocultamente sus útiles talentos. La Revolución, desposeyendo a todos sus antiguos propietarios, puso a los buenos cocineros en la calle y, para seguir practicando su talento, se hicieron comerciantes de buena comida con el nombre de restauradores.” Desde entonces hasta ahora, su protagonismo ha sido creciente y, aunque todavía hoy, la Universidad española no ha sido capaz de oficializar los estudios de cocina, al mayor nivel, como sí ha hecho con los de Bellas Artes, es un hecho incuestionable que la civilización actual otorga el mismo grado de reconocimiento a un cocinero que a un escultor, un poeta, un ingeniero…
Parece increíble que la culinaria, cuyo origen se encuentra en la satisfacción de los cinco principios básicos y comunes a cualquier colectivo humano, no haya tenido, como la arquitectura, la sanidad, el arte…el reconocimiento social que las distintas culturas han ido dando a esas actividades. Y no precisamente porque la culinaria sea fácil de desarrollar, antes al contrario, los conocimientos de física, química, anatomía, fisiología…que ella demanda «en sus orígenes fueron empíricos, ahora son científicos» son más que considerables; y si nos referimos al arte que ella exige: combinación de sabores, olores, colores, volúmenes, nombres… tendremos que convenir que dentro de un cocinero siempre hay un escultor, un pintor, un poeta…Aunque –creo yo– en el futuro, un cocinero deberá ser, todavía, algo más que un científico y un artista, deberá ser un taumaturgo, un derviche capaz de transportarnos, desde la grosería de la materia a lo etéreo de la espiritualidad, convirtiéndonos en un puente entre la parte del mundo que se come y la que es transformada en palabras, afectos, emociones…espíritu.
En la obra de teatro Plataforma, de Houellebecq, el personaje central dice: «Lo más parecido a Dios que he encontrado es el coño de una mujer». Esta afirmación puede parecer una brutal expresión de corte nihilista, aunque, quizá, a los inquisidores del siglo XVI no les pareciese menos fuerte la expresión de Santa Teresa: “hasta en los pucheros anda Dios”. Es difícil relacionar a Dios con las cosas, pero después de disfrutar un foie de pintada preparado por David Chapela –el chef de Los Monjes (Badajoz)– y, sin tratar de llegar tan lejos como Santa Teresa o Houellebecq, casi se podría asegurar que la sombra de un ángel sí que se ve, «¡por lo menos!». ¿Estará cambiando el sitio donde encontrarse más cerca de Dios?

José Del Moral De la Vega

Artículo publicado en el nº 2 de Gastromanía

lunes, 1 de septiembre de 2008


Robledillo (Extremadura), 2006

En los pueblos de Sierra de Gata (Extremadura) las casas, más que obra del hombre, parecen fruto de los montes.

Imagen y texto de José Del Moral De la Vega

viernes, 29 de agosto de 2008

Arcángeles extravagantes



A mi amigo Boni

Ayer tarde llegaron,
como regalo de amigo,
por el aire,
niños con caras originales
por un gen extravagante.
Clave de un ácido raro,
con peldaños,
para subir a lo alto.
Y se me llenó el alma,
de trisomías.
Y se achinaron mis ojos,
la palabra se me volvió balbuciente
y el andar torpe.
Y hasta se me cayó, un poco,
la baba.
Se me inflamó el alma
y empecé a escribir
garabatos
de un alfabeto extraño
que significaban todo.
Ayer tarde llegaron,
como arcángeles del cielo,
por el aire,
caras de niños
con un gen extravagante.

jose del moral de la vega

lunes, 25 de agosto de 2008

VOCES DEL CAMPO




En el suplemento cultural de ABC (semana del 19 al 25 de julio de 2008), el crítico Juan Patricio Lombera ha escrito del libro “Voces del Campo” lo siguiente:
El campo es el protagonista de esta obra de Jesús María Burgos Giraldo compuesta por descripciones emotivas y llenas de lirismo sobre el universo agrícola. De esta forma, el lector asiste a la emoción que suscita en el campesino la besana, el primer surco que se abre en la tierra, y a las dificultades que conlleva levantar esos montículos de trigo que forman parte del paisaje rural: las parvas.
Voces del campo, cuya introducción y edición corre a cargo de José del Moral de la Vega, incluye excelentes ilustraciones de Diego del Moral Martínez, así como un amplio estudio lexicográfico de términos del campo realizado por José María Berzosa Sánchez.
Como menciona en la presentación Isaías Pérez Saldaña, consejero de Agricultura de la Junta de Andalucía: «Lo que tienen entre manos es un ejercicio de nostalgia y de memoria, si no histórica […], sí antropológica, lexicográfica e iconográfica; en una palabra cultural. Voces, tareas, imágenes hoy desaparecidas que Jesús María Burgos Giraldo conserva para nosotros en unos textos llenos de poesía y cargados de evocación».


martes, 19 de agosto de 2008


Atardecer en el campo. Villanueva de la Reina (España)
Hay paisajes que tienen ruido, otros evocan melodías, y algunos
otros, muy pocos, sólo representan el silencio.
Imagen y texto de J. Del Moral De la Vega