viernes, 10 de octubre de 2008

JAKOB VOHLER


Jakob, el día mismo de su funeral, me confesaba loco de felicidad: “La verdad es que ha sido una liberación. Es el mejor papel que me podía tocar. Estoy muerto, muerto de verdad, ¿te lo puedes creer?”. Claro que me lo podía creer. Allí estábamos los dos, sentados uno junto al otro, fumándonos un pitillo en una sala contigua a la del velatorio. Jakob había sido un estupendo actor, y tal vez hubiera triunfado, de no haber tenido la veleidad de casarse con esa yanqui acaudalada. Cada temporada, el flamante matrimonio Vohler ocupaba las primeras portadas de las revistas de cotilleos. Últimamente pasaban una mala racha, y hacía pocos meses que Jakob había sido detenido en una de las redadas del Strip. Como a tantos actores alemanes, Hollywood no fue precísamente lo mejor que pudo pasarle. Su juventud auguraba algo mejor. Lo conocí en la época en que yo trabajaba para Hermann Warm en los decorados de El gabinete del doctor Caligari. Por entonces, Jakob era el miembro más joven de la compañía de Max Reinhardt. Algunas noches, después del trabajo, Hermann, Walter y yo íbamos a ver los ensayos en la Kammerspiele. A la salida se nos unían Mara, Jakob y Conrad, y nos dirigíamos hacia la Ku´Damm. Casi siempre se nos hacía de día. Se pasó media vida añorando aquella época, cuando era pobre y vivía con Mara. Y ahora, al morir, esa añoranza parecía haberse acentuado. Exaltado como era, y olvidándose de la incómoda situación en que nos encontrábamos, Jakob alzaba la voz: “Mara me quería, es la única mujer que me ha querido de verdad. Con ella no me sentía un pelele, para ella era un actor, era alguien. Tengo que ir a buscarla. Sé que aun sigue en Berlín; puede que no me haya olvidado”. Para ciertas cosas, Jakob era muy delicado; lo más seguro es que se presentara a una hora oportuna, y con un ramo de flores. Aun así, pienso en el susto que se llevaría la pobre Mara cuando lo viera aparecer.


Diego. Amigos de aquella vida (1808-2008)


Boomp3.com

1 comentario:

Mar y ella dijo...

Un relato que me puso la piel de galñlina y me saco una sonrisa....
amenazo volver...
Gracias pro tus generosas palabras..
Mariella