lunes, 27 de octubre de 2008

LA RABIA DEL GARBANZO (II)



Por los años sesenta del pasado siglo, cuando yo estudiaba interno en los jesuitas de Úbeda, íbamos algunos jueves a pasear al campo hasta casi llegar a Baeza. Por una de aquellas veredas solía caminar don Antonio Machado; y al pasar junto a una encina a la que el poeta alude en uno de sus poemas, lo recitábamos: …Sobre el olivar / se vio la lechuza / volar y volar. /Campo, campo, campo. / Entre los olivos, / los cortijos blancos. / Y la encina negra, /a medio camino /de Úbeda a Baeza…
Desde entonces, siempre que paseo por un lugar me hago la misma pregunta: ¿Cuántos, antes que yo, habrán paseado por aquí? ¿Iré yo andando, ahora, entre fantasmas, sin saberlo? ¿Me verán ellos a mí? ¿Infundirán mi pensamiento?... Y aunque no encuentro respuestas, son muchas las veces que yo siento esos fantasmas. Precisamente ahora, frente a un magnífico campo de garbanzos cuajados de florecillas blancas, advierto a mi lado la presencia de Abu Zacarías Yahia “El Sevillano” –agrónomo del siglo XII– que casi susurrando me dice: "Si se pone un cuartillo de garbanzos de noche a la luna cuando está en creciente, y alzados luego por la mañana, antes de nacer el sol, se tienen después a remojo dos horas en agua dulce, y con la misma se cuecen hasta enternecerse, tienen la virtud de que comidos calientes o fríos alegran al que los comiere, divierten el ánimo, hacen olvidar los cuidados, fortalecen el corazón, y apartan los pensamientos sombríos”.
¿Es posible que un plato de cocido produzca tantas venturas?
Andan embarcados ahora los cocineros sobre lo puro o lo contaminado de sus diseños culinarios, guerra que, aunque unos y otros tratan de disimular, no tiene más interés que el de proclamar el rey de los cocineros. Pero para mí que van un poco descaminados. Llevan ya mucho tiempo empeñados en emplear tal o cual aliño, con este o aquel procedimiento, para que luego los comensales, situando el alimento en el borde superior de la parte media sublingual…, se tengan que devanar los sesos y descubrir que justo, en ese momento, como en un parto, nace un regustillo a monda seca de naranja.
Para el profesor Tarnas, del “Institute of Integral Studies”, de California, lo anterior es lo más parecido a una calle cortada.

Imagen y texto de José Del Moral De la Vega
Publicado por el autor en el nº 201 de PHYTOMA ESPAÑA

2 comentarios:

Bohemia dijo...

Saludos, vengo a devolver la visita y a dar las gracias por el enlace..se agradece!!! Me pasaré por aquí seguidito para ver que se cuenta...

Un abrazo

José Del Moral De la Vega dijo...

Siempre estaremos encantados de tenerte.
Un abrazo