miércoles, 3 de diciembre de 2008

Carlos Oquendo de Amat (1905-1936)


“Tengo diecinueve años / y una mujer parecida a un canto”, dejaba Oquendo como única biografía. Yo, a los dieciséis, suscribía por entero esos versos. Y también quería escribir poemas que cupieran en una mano, que se pudieran llevar encima como un objeto precioso. “Para ti / tengo impresa una sonrisa en papel japón”. Lo mejor del amor y de la poesía casi se me quedan en esos años. Uno llega a pensar que nunca volverá a estar a la altura del que fue, que “el canto” será en los dientes. Pero un día regresa a los poemas de Oquendo, y descubre haber sido plenamente lo que leyó, y se siente un poco redimido, e infinitamente agradecido al poeta, al amigo. El libro original de Oquendo, el único que publicó, 5 metros de poemas (1927): una hoja de papel, de casi cinco metros, plegada como un acordeón. Diez y ocho poemas. Diez y ocho poemas estupendos, concentrados, perfectos. “Déjame que bese tu voz / Tu voz / QUE CANTA EN TODAS LAS RAMAS DE LA MAÑANA”. El saldo de una vida breve y empecinada, treinta y un años. “Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol”. Huidobro creería que estaba descubriendo algo. Pero fue un nuevo aliento, un nuevo juego. Ultraísmo, Creacionismo, Estridentismo. La Vanguardia. Y, a veces, auténtica poesía, como en Oquendo.



Texto: Diego

6 comentarios:

angélica beatriz dijo...

Hola querido Diego.

Primero quiero decirte que será un placer leer tus poemas. ¿Los traerás al blog? ¿O es acaso que ya los has publicado aquí?

Después, decirte que es preciosa y bellamente delicada la poesía de Carlos Oquendo.

Te agradezco su descubrimiento y por supuesto, el enlace a sus poemas.

¿Me permites reproducir aquí uno de ellos? Es que se me metió en el alma :-)

Un beso grande.

Campo

El paisaje salía de tu voz
y las nubes dormían en la yema de tus dedos.

De tus ojos cintas de alegría colgaron la mañana.

Tus vestidos encendieron las hojas de los árboles.

En el tren lejano iba sentada la nostalgia.

Y el campo volteaba la cara a la ciudad.

Diego dijo...

No sé, Angélica, yo soy un "poeta muerto", jaja. Ya veremos si revivo. Gracias a ti por tus palabras tan llenas de fuerza siempre, y por traer a Oquendo contigo; es un poema muy hermoso. Un beso!

Mar y ella dijo...

Todo un descubrimiento para mi,ignoraba absolutamente esta poesía.Un agrado siempre venir y llevarme lo que compartes con quienes te leemos..Un gusto ver una amiga linda por aqui como Ange...
Un abrazo...
Mariella

Diego dijo...

Amistad y poesía, no está nada mal. Gracias Mariella. Un abrazo!

Mila dijo...

Buen poeta... he puesto un link de vuestro blog en andarlento... saludos :))

Diego dijo...

Muchas gracias, Mila. Encantados de estar en tu blog, y en tan buena compañía. Saludos!