jueves, 25 de diciembre de 2008

Cuatro momentos para el poema


En la poesía de Faustino Lobato echo en falta a veces un poco de ironía. Cuestión de gustos. Pero él es demasiado noble para eso. Entre el Amor y la rebelión oscila su alma, completamente expuesta. Quién sería capaz de/ mercadear con el infinito/ sin quemarse el alma. Y lo asombroso es que, a pesar de todo, su bondad sigue intacta. Eso es un don. Sólo de vez en cuando su poesía me suena demasiado literaria, impostada. Efecto inevitable de las muchas lecturas del autor, que además tiene una densa formación filosófica, y se le nota. Por fortuna su intuición acierta casi siempre, cuando se abandona, y deja resbalar por las cosas esa mirada comprensiva, delicada, profunda, que es la suya.


Texto: Diego. Imagen: IMCREA

2 comentarios:

angélica beatriz dijo...

Hola querido Diego.

He mirado la voz de Faustino Lobato en algunos de sus poemas. Derrocha vidas y las borda a sus letras, con frescura y cierto aroma añejo que invita a la reflexión.

"He contado los días y he descubierto
el silencio, el secreto silencio
de las palabras que sellan las miradas,
la sonrisa de las horas colgarse perezosas
del quicio de tus labios."
(Faustino Lobato)

Un beso Diego, y gracias por cada entrega que nos das. La guardo como un regalo.

Diego dijo...

Gracias a tí, como siempre, Angélica.¡Besos!