miércoles, 30 de julio de 2008

Surcos rectos


Imagen del libro "Protagonistas de un mundo rural", de
J. Del Moral De la Vega, 2005

Surcos rectos,
paralelos,
infinitos.
Labor de una yunta
y un hombre mirando a un punto,
a lo lejos.
Anhelos de labradores
atados siempre
a una estrella.
Pueblos rurales del sur
con símbolos de arados y manceras,
universos de mundos
donde lo pequeño es importante,
lo superficial, profundo
y el matiz, la esencia.

josé del moral de la vega

martes, 29 de julio de 2008


La Serena es una comarca de Extremadura (España) en la cual
las pizarras, plegadas, rotas y verticales, forman como un bosque
gigantesco de menhires que constituyen un paisaje único y asombroso.

lunes, 28 de julio de 2008

domingo, 27 de julio de 2008


Ermita del Cristo en Azuaga, un lugar donde la luz transforma
lo sencillo en grandioso.

viernes, 25 de julio de 2008

Aceitunicas


Aceitunicas que rodaron,
por laberintos,
desde la luz
a la piedra,
al pájaro,
al mar,
a una mirada,
a una canción,
y todos los años llegan,
por los olivos,
a la campiña.
Aceitunicas verdes, moradas y negras
que vieron a los ángeles
en otros mundos,
y tienen dentro,
en miles de moléculas,
el universo.
Aceitunicas que nacen a este mundo,
todos los años,
en la pequeña matriz
del cuenco de una mano
de aceitunera.

josé del moral de la vega

domingo, 13 de julio de 2008

Maysa Matarazzo

Ne me quitte pas. A veces, una canción muy triste te trae recuerdos muy felices. Maysa está aquí escalofriante.

sábado, 12 de julio de 2008

FRED COSTA


Esto, más o menos, me dijo Fred Costa, sentados un día en un café de la plaza Da Figueira: “Si estoy pintando, querría estar escribiendo; si estoy escribiendo, querría estar pintando; si estoy en mi cuarto por la noche, pintando o escribiendo, querría estar en la calle; si estoy en la calle, miro con envidia las ventanas iluminadas de las casas y el agradable sosiego que desprenden; si estoy con una mujer, me imagino cómo sería estar entre los brazos de aquella otra; si me pongo en camino, me gustaría no llegar nunca… A veces pienso que solo he nacido para ser viajero, que soy el único viajero del mundo, que nunca estaré en ningún sitio, que nunca llegaré a ningún sitio, que nunca podré “estar” si no es de viaje.” Un tiempo después, Fred Costa se embarcaba para las colonias. No volvimos a vernos. En la última carta que me enviara decía que le iba bien, dedicado al negocio del caucho, en Rio Branco. Sólo echaba de menos a una “negra cheirosa” con la que vivió un tiempo en Cidade Velha, y ver caer la tarde desde el mirador de Santa Luzía.


Diego. Amigos de aquella vida (1808-2008)



Amalia Rodríguez - Cansaço

LOS GARBANZOS Y LA UNIDAD DE ESPAÑA


Brian Sewell, asesor de la galería Christie y uno de los críticos de pintura más prestigiosos de Europa, escribía no hace mucho en “The Evening Standar” que gran parte de la pintura abstracta de los últimos años ha consistido en una gran superchería.
A partir de ese momento, aquellos que por haberse declarado devotos de Zurbarán o Velázquez habían sido calificados como retrógrados, pueden ser tenidos ahora por maduros intelectuales capaces de identificar la farfolla y discernir entre el progreso y la innovación.
Esa reflexión también puede ser aplicada a la comida mediterránea, y concretamente a la española.
Hace unos cuarenta años, la comida saludable –¿cuándo dejarán de usar los médicos españoles tablas de alimentación americanas?– era el aceite de girasol, la ternera a la plancha o el pescado blanco, en lugar de aceite de oliva, sardinas o guisos de garbanzo.
Pero un buen día, los científicos descubrieron que los españoles teníamos muchas menos muertes por enfermedades cardiovasculares que los ingleses, los suecos o los alemanes, y ello, entre otras razones, era debido a los guisos de garbanzos que en España se comían casi todos los días del año. La verdad, como siempre, termina por imponerse, y todos aquellos a los que nos gusta la olla, como los que admiraban a Zurbarán en lugar de la pintura abstracta, podemos disfrutar de un buen plato de cocido sin temor a oír monsergas sobre el colesterol o algún otro sinapismo.
Creían los antiguos, desde el siglo quinto, que los garbanzos eran un poderoso afrodisíaco. Esa propiedad no tiene más base biológica que la imaginación de quien la fabricó, pero como la sexualidad del hombre, más que en la entrepierna, está en el cerebro, la receta funcionaba. Y precisamente por ello, como ahora veremos, un guiso de garbanzos pudo ser la causa de la pérdida de la unidad de España.
Corría el año 1516 cuando el rey Fernando el Católico, casado entonces con la reina de Navarra, Germana, se dirigía a Guadalupe buscando la curación de su hidropesía. Tenía la reina treinta y tres años menos que el rey y unos vivos deseos de dar a luz un príncipe que fuera rey de Aragón, Nápoles y Navarra; pero Fernando, Dios sabe por qué, no conseguía dejar preñada a la joven y guapa Germana, la cual recurría a todo tipo de recetas y sortilegios para poder conseguir así sus propósitos; sucesos que Galíndez de Carvajal describe, para nuestro disfrute, con gran primor y minuciosidad:
“Estaba el rey muy deshecho porque le sobrevinieron diarreas...; muchos creyeron que de un potaje que le fue dado para ejercitar su potencia le había venido aquel mal... en lo cual había participado doña Isabel Cabra, camarera de la reina, con sabiduría de la reina Germana, su segunda mujer, porque deseaba mucho parir del rey...”
Fernando muere y la reina, a pesar de sus potajes, se queda sin descendiente, con lo cual el emperador Carlos pudo heredar a su abuelo y mantener, de esa forma, la unidad de España.
Es probable que al rey, anciano ya y muy enfermo, le adelantaran la muerte con tanto garbanzo libidinoso; hecho que permite aventurar la hipótesis de que en la indigestión de un potaje extremeño estuvo la razón de la unidad de España en 1516.
Cierto que estas noticias no pueden utilizarse para descubrir razones históricas; su interés, jacarandoso, consiste sólo en tener un tema para conversar mientras se disfruta de un buen plato de garbanzos, aunque su elección esté exclusivamente en el goce de comerlos y no en la necesidad de potajes que el rey Fernando tenía.
En un país viejo como España es emocionante –alucinante diría un joven de hoy– comprobar que cualquier cosa trasmite cultura, aunque muchos españoles, realmente, no tengan conciencia de ello. Y ocurre que nosotros, que llevamos disfrutando de pintura desde Altamira y de garbanzos desde Tito Livio, necesitamos casi siempre de un inglés, como Brian Sewell, para abominar de las supercherías y descubrir a Zurbarán o al cocido de garbanzos.

José Del Moral De la Vega

viernes, 11 de julio de 2008

Cuadrilla de aceituneros en Vva de la Reina, 1954


Nuestra cultura, hasta ayer mismo, se ha cocido en el alfar del mundo rural y se ha aderezado con la espiritualidad que de allí nacía.
El enfriamiento de la agricultura provocado por la sociedad industrial, ha ido disolviendo signos y símbolos que forman parte de nuestra esencia y que estamos obligados a conservar, si queremos saber lo que somos y de donde venimos.
Las fotografías viejas de los abuelos aparecen como un precioso cofrecico en el que se guardan ambientes, faenas, personajes… del mundo rural, joyas desaparecidas ya de nuestras vidas que, dentro de muy poco, dejarán de tener valor fotográfico para ser interés de la arqueología.
josé del moral de la vega

EL ACEITE DE OLIVA, ALIMENTO DE LA CIVILIZACIÓN





El consumo de grasas por el hombre es absolutamente necesario para su desarrollo y para el mantenimiento de la salud. Esa exigencia, con ser importante, no es exclusiva de este principio inmediato; pero lo que sí lo diferencia de los demás es que las grasas modifican en gran manera las cualidades organolépticas de los otros alimentos cocinados con ellas No hay más que degustar unas patatas cocidas o asadas y compararlas con otras fritas para entender la afirmación anterior. Esas dos cualidades hacen que las grasas estén presentes en la alimentación humana, pero su naturaleza y la forma de consumirlas es diferente según la cultura de que se trate.

El hombre tiene, a diferencia de los animales, la capacidad de llenar de sentido espiritual a los objetos materiales y convertirlos, de esa manera, en símbolos. La estructura de esos símbolos conforman y definen lo que es la cultura de un pueblo o, como le gusta decir al profesor Jáuregui, de una tribu.

Los alimentos no escapan a ese poder simbólico en las culturas, antes bien su valor es importantísimo en las mismas. ¿Acaso un español en el extranjero podría sustraerse a la emoción al encontrar, en un restaurante, el anuncio de una humilde tortilla española?. Si se pudiera medir esa misma sensación en un inglés ante un plato de “puding” o en un italiano ante unos “espagettis”, el resultado sería similar que en el caso español. La razón de ello es que ese fenómeno emocional es común a la especie Homo sapiens, mientras que los distintos objetos que lo provocan (tortilla, pudding, espaguettis...) caracterizan a las distintas culturas, que a su vez sirven para identificar a los hombres que la integran y que los diferencia de los pertenecientes a otras.

Las tres grandes culturas del mundo occidental, cristiana. judía y musulmana, tuvieron entre sus símbolos diferenciadores el consumo de distintos tipos de grasa. Mientras que la primera de esas culturas, porcófila, usaba principalmente el cerdo como fuente de grasa, la última, porcófoba, empleaba el aceite de oliva. Esas culturas han evolucionado a lo largo del tiempo de tal forma que, en la actualidad, el mundo occidental más desarrollado económicamente utiliza con preferencia grasas de origen animal (mantequilla, tocino...), mientras que el más atrasado emplea aceite de oliva casi con exclusividad.

Las razones culturales para explicar las bondades de un tipo u otro de grasa, al estar cargadas de valores emocionales, eran difíciles de entender, hasta que los científicos Aravanis y Miros constataron que los consumidores de aceite de oliva sufrían menos enfermedades cardiovasculares que los consumidores de mantequilla.

La aparición de los primeros estudios realizados con rigor científico provocó la sorpresa en unos y la esperanza en otros, no sólo por lo que respecta a las propiedades cardiosaludables del aceite de oliva, sino por otros aspectos. Crawford demostró el efecto positivo de esta grasa en el desarrollo del cerebro de los lactantes cuando sus madres consumen aceite de oliva; el profesor Messini comprobó la relación entre el consumo de esta grasa y la reducción de la formación de cálculos biliares; Smith y Llith observaron el efecto radioprotector de este aceite y, últimamente, se ha podido demostrar la excelencia de su ingesta para prevenir el cáncer de próstata.

Ante este cúmulo de novedades científicas ¿es difícil explicarse que los americanos hayan empezado a tomar una cápsula de aceite de oliva en el desayuno?

Existen elementos propios de una cultura que por su extraordinario valor son reconocidos y asumidos como tales por todas las culturas desarrolladas. Eso ocurre con los grandes descubrimientos del ámbito de la física, la química, la biología y sus aplicaciones. Esos valores conforman lo que se llama civilización, y el proceso por el cual un símbolo exclusivamente tribal pasa a ser reconocido como un elemento de la civilización universal es algo, tan trabajoso de conseguir por el hombre, que casi habría que considerarlo como un milagro.

Asistir a la realización de un milagro es un privilegio que generalmente sólo de tarde en tarde se produce; pero es muy probable que nosotros, ahora, estemos asistiendo a uno de ellos: al cambio del valor simbólico del aceite de oliva, como objeto tribal de la cultura mediterránea, por otro valor, enteramente científico, propio de nuestra civilización.

José del Moral de la Vega

miércoles, 9 de julio de 2008

Comienzo de una jornada en el campo


Los niños, las mujeres, los hombres, un pájaro de perdiz enjaulado, un mulo sujeto por detrás, los vestidos, los zapatos, las gorras… Actores de una obra real que, con la inocencia de lo virginal, muestran su alma al objetivo de la cámara, de la que surge un retrato inmenso.

INTERNET, UN CAMINO AL PARAISO




«En la ermita de Sta. Potenciana se presenta un muerto cada noche, y “La Gumersinda” y la mujer de Amador, brujas del lugar, dicen que ese muerto es el prior don Juan Acuña del Adarve, enterrado allí en 1650».
Va ya para cincuenta años que ése era el acontecimiento más importante de mi pueblo, suceso que acabó cuando el sacristán revisó el lugar de donde, cada noche, salían unos extraños bisbiseos, y descubrió un nido de lechuzas. No estuvieron muy inspiradas las brujas en aquella ocasión, porque después de que las aves desaparecieran, don Juan no se volvió a presentar. Pero si sirvió aquella patraña para hacer obras en la ermita, y con ellas se descubrió, en el sepulcro del prior, una piedra labrada con un águila, símbolo de San Juan y, debajo, tres resaltes semejantes a la silueta de tres pájaros volando.
Don Juan Acuña era catedrático de la Universidad de Baeza, y en dicha ciudad había amistado con un grupo de erasmistas surgido alrededor de Andrés de Vandelvira, alarife sospechoso de haber llenado de símbolos hebreos la fachada de El Salvador, en Úbeda. Bien por esta cuestión, o por otra que desconozco, don Juan fue separado discretamente de su cátedra y nombrado prior de la parroquial de Villanueva de Andúxar. Lo alejó aquel traslado de sus amistades peligrosas, pero no por ello decayeron sus inquietudes intelectuales, dedicándose con ímpetu a escribir obras de pensamiento, libros que editó en su propia casa, donde el impresor Juan Furgolla de la Cuesta instaló su taller. De aquellos libros sólo queda uno en la Universidad de Manila, adonde, por un sobrescrito que aparece en su primera página, lo llevó un jesuita, precisamente el mismo año en que murió don Pedro Calderón de la Barca. Se conserva la portada de otro, probablemente depurado por el Santo Oficio, y cuyo título es: «Libro de la sabiduría y camino a la felicidad. Tratado donde se demuestra, con metafísica de teólogo, que para la destrucción de toda potestad, paso primero en la obra de la Ciudad de Dios, es necesario que el saber, sin más límites que la razón, la moral y la belleza, pueda alcanzar a todos los hombres».
Tengo en la pantalla de mi ordenador la imagen de la piedra del sepulcro de don Juan, piedra que mi amigo Lorenzo de la Cruz pretende incluir en un catálogo con interés histórico: un prisma de piedra arenisca de color rojo que presenta en una de sus caras, en altorrelieve, un águila y, a sus pies, el perfil de tres aves que vinieran volando en un mismo plano horizontal, una junto a otra.
No parece extraño que el prior hiciera labrar el símbolo de San Juan en una piedra que iba a decorar su sepulcro, toda vez que éste era el santo con cuyo nombre fue acristianado, pero ¿qué significado pueden tener los tres resaltes a modo de aves volando?
–¡Qué casualidad! –exclamo al abrir INTERNET para hacer la primera consulta. –Los tres resaltes con forma de ave, como si de un símbolo cabalístico se tratara, coinciden con el acróstico de «world, wide, web»: www –gran telaraña mundial–, “abracadabra” que permite que el conocimiento vuele a la velocidad de la luz de unos hombres a otros.
Recuerdo ahora el título del libro de don Juan Acuña del Adarve y no puedo evitar preguntarme: «¿Estaremos llegando, de la mano de INTERNET, a esa “Ciudad de Dios” que anunció Agustín de Hipona, en el siglo IV?».

josé del moral de la vega

Imagen del libro “Protagonistas de un mundo rural”, de J. Del Moral De la Vega, 2005


Los niños, las mujeres, los hombres, un pájaro de perdiz enjaulado, un mulo sujeto por detrás, los vestidos, los zapatos, las gorras… Actores de una obra real que, con la inocencia de lo virginal, muestran su alma al objetivo de la cámara, de la que surge un retrato inmenso.

domingo, 6 de julio de 2008

LA SANIDAD DE LOS VEGETALES CULTIVADOS (Una página cualquiera)


Libro: "La Sanidad de los Vegetales Cultivados"


LA SANIDAD DE LOS VEGETALES CULTIVADOS
Guía para la identificación de plagas y enfermedades y su control mediante fitosanitarios
JOSÉ DEL MORAL DE LA VEGA (Edit.).
441 págs en tamaño DIN A4. Ilustrado con 656 dibujos. 2007. 55 € IVA incluido ISBN: 978-84-611-7088-3
Pedidos en : MUNDI-PRENSA

CONTENIDO
Plagas y enfermedades de la vid. Plagas y enfermedades del olivo. Plagas y enfermedades de los frutales de hueso. Plagas y enfermedades de los frutales de pepita. Plagas y enfermedades de los cítricos. Plagas y enfermedades de otros frutales (Avellano, castaño, granado, higuera y nogal). Plagas y enfermedades de plantas hortícolas (Alcachofa y cardo, apio, berenjena, espárrago, espinaca, fresa, lechuga, pimiento, tomate, y zanahoria). Plagas y enfermedades de plantas hortícolas (Cucurbitáceas). Plagas y enfermedades de plantas hortícolas (Crucíferas). Plagas y enfermedades de plantas tuberosas (Patata). Plagas y enfermedades de plantas bulbosas (Ajo y cebolla ). Plagas y enfermedades de leguminosas. Plagas y enfermedades de cultivos de interés industrial (Algodón, cártamo, colza, girasol, remolacha y tabaco). Plagas y enfermedades de cereales de primavera (Arroz, maíz y sorgo). Plagas y enfermedades de cereales de invierno (Avena, cebada , centeno, trigo y triticale).


SÍNTESIS
Libro eminentemente práctico que recoge en 23 capítulos las plagas y enfermedades desencadenadas por 517 parásitos y 428 patógenos en 56 vegetales cultivados. Está ilustrado con 656 dibujos elaborados expresamente para la obra y redactado con sencillez, a fin de que cualquiera que se encuentre frente a una plaga o enfermedad pueda identificar fácilmente el agente causal, saber cómo se desarrolla y conocer qué producto fitosanitario es eficaz contra la misma y cuándo se debe aplicar, con el interés de que toda plaga o enfermedad que aparezca en un cultivo pueda ser controlada rápida y eficazmente, contribuyendo con ello a disminuir los costes de la agricultura, a preservar el equilibrio del Medio Ambiente, mantener la eficacia de los fitosanitarios y evitar la aparición de razas peligrosas de parásitos.

Para ver una muestra

sábado, 5 de julio de 2008



PROGRAMA SANITARIO PARA EL CONTROL DE LA RABIA DEL GARBANZO
[Didymenlla rabiei (Kovachevski) v. Arx)]
JOSÉ DEL MORAL DE LA VEGA (Edit)
118 págs de 24 x 17 cm. Ilustrado con 54 fotografías y dibujos en color, y 15 tablas (Precio actual 5,71 €)
Pedidos en http://tienda.boe.es/

CONTENIDO Y SÍNTESIS
Este libro recoge un programa de sanidad para controlar la Rabia del garbanzo, probablemente la enfermedad más peligrosa de esta leguminosa en el mundo. Es un hecho comprobado que cualquier modificación o intervención sobre un cultivo determinado influye, inevitablemente, en todo el agrosistema y, entre otras variables, en los parásitos y patógenos del cultivo, bien exacerbando, bien atenuando o, incluso, anulando su acción. Ese fenómeno se ha tenido en cuenta en los numerosos experimentos realizados por los autores de este libro para el diseño del programa de sanidad contra la Rabia del garbanzo, con respecto a la Mosca (Liriomyza cicerina), Heliotis (Helicoverpa armígera), Fusarium (Fusarium spp), Botritis (Botrytis cinerea), Roya (Uromyces sp), Jopo (Orobanche sp)…del cultivo.
Las numerosas ilustraciones sirven para la identificación de especies, y los dibujos esquemáticos ayudan a comprender distintos fenómenos epidemiológicos relacionados con la Rabia.
Por las citas que contiene el libro, esta publicación podría considerarse una revisión bibliográfica de la Rabia hasta el año en que fue editado (1995)