viernes, 29 de agosto de 2008

Arcángeles extravagantes



A mi amigo Boni

Ayer tarde llegaron,
como regalo de amigo,
por el aire,
niños con caras originales
por un gen extravagante.
Clave de un ácido raro,
con peldaños,
para subir a lo alto.
Y se me llenó el alma,
de trisomías.
Y se achinaron mis ojos,
la palabra se me volvió balbuciente
y el andar torpe.
Y hasta se me cayó, un poco,
la baba.
Se me inflamó el alma
y empecé a escribir
garabatos
de un alfabeto extraño
que significaban todo.
Ayer tarde llegaron,
como arcángeles del cielo,
por el aire,
caras de niños
con un gen extravagante.

jose del moral de la vega

lunes, 25 de agosto de 2008

VOCES DEL CAMPO




En el suplemento cultural de ABC (semana del 19 al 25 de julio de 2008), el crítico Juan Patricio Lombera ha escrito del libro “Voces del Campo” lo siguiente:
El campo es el protagonista de esta obra de Jesús María Burgos Giraldo compuesta por descripciones emotivas y llenas de lirismo sobre el universo agrícola. De esta forma, el lector asiste a la emoción que suscita en el campesino la besana, el primer surco que se abre en la tierra, y a las dificultades que conlleva levantar esos montículos de trigo que forman parte del paisaje rural: las parvas.
Voces del campo, cuya introducción y edición corre a cargo de José del Moral de la Vega, incluye excelentes ilustraciones de Diego del Moral Martínez, así como un amplio estudio lexicográfico de términos del campo realizado por José María Berzosa Sánchez.
Como menciona en la presentación Isaías Pérez Saldaña, consejero de Agricultura de la Junta de Andalucía: «Lo que tienen entre manos es un ejercicio de nostalgia y de memoria, si no histórica […], sí antropológica, lexicográfica e iconográfica; en una palabra cultural. Voces, tareas, imágenes hoy desaparecidas que Jesús María Burgos Giraldo conserva para nosotros en unos textos llenos de poesía y cargados de evocación».


martes, 19 de agosto de 2008


Atardecer en el campo. Villanueva de la Reina (España)
Hay paisajes que tienen ruido, otros evocan melodías, y algunos
otros, muy pocos, sólo representan el silencio.
Imagen y texto de J. Del Moral De la Vega

lunes, 18 de agosto de 2008

Las Cochinillas


Nos contaba el profesor Carnicer en una visita que hizo a Extremadura, recién venido de EE.UU, que las naranjas más finas que se producían en el siglo XVI en España eran las de Plasencia. Hasta el XIX debieron ser frecuentes por estas tierras, y Godoy obsequia con un ramo de ellas a la reina María Luisa al pasar cerca de Elvas, gesto que da nombre a la última disputa de españoles y portugueses (La guerra de las naranjas). Pero en la competición con las valencianas perdieron las extremeñas; y de aquellos huertos que “Guzmán de Alfarache” dice que surtían de naranjas a los cardenales más exigentes de la Roma renacentista, ya sólo quedan algunos casi abandonados en los alrededores de Lobón, uno de los parajes más bellos de las Vegas del Guadiana.
Cuando yo era niño y salía al corral en esas mañanas frías de invierno en que hasta la respiración se hacía niebla, lo que más llamaba mi atención eran las naranjas sobre los árboles. El perro, con tanto frío, se hacía el distraído cobijado en su casita; el guindo, el camueso y el peral no tenían ni las yemas hinchadas, y los pájaros del jardín, tan ruidosos en primavera, sólo eran ahora unas bolitas blancas entre las ramas del ciprés. Pero las naranjas, brillando entre la bruma, parecían un milagro que desafiaba a los elementos.
Ahora es invierno y estoy en medio de un naranjal casi abandonado, donde las cochinillas destacan entre los insectos durmientes que colonizan la vegetación. Al observarlas con mi cuentahílos, voy pronunciando sus nombres lentamente, como paladeándolos. Nombres rarísimos –Parlatoria, Aspidiotus, Aonidiella, Cornuaspis, Ceroplastes…– que sólo unos pocos sabios, como mi amigo José Manuel Llorens, conocen bien.
Mientras observo las cochinillas no puedo dejar de acordarme de lo que, no hace mucho, nos contaba Andrés Ibáñez sobre las últimas investigaciones de Jung, ese estudioso de la conciencia que, sólo al final de su vida, después de una estrecha colaboración con Pauli, se atrevió a publicar: sus investigaciones sobre la sincronicidad (el fenómeno por el cual alguien piensa en un amigo y se encuentra con él a la vuelta de la esquina, o sueña que un volcán entra en erupción en el Pacífico y al día siguiente ve la noticia en el telediario), fenómeno que durante mucho tiempo fue atribuido a lo puramente mágico y que Jung explica argumentando que aquí la mente actúa fuera del tiempo y del espacio, siendo capaz de crear sucesos físicos. (¿Podrá demostrar algún día la física cuántica que la mente, junto a la materia y la energía son los tres pilares sobre lo que todo está edificado?).
El sol ha vencido por fin la niebla. El paisaje de estos naranjales de Lobón es todo un regalo para cualquier viajero que transita por la autopista a Lisboa. De repente, se para un coche, se baja un “guiri” con una inmensa cámara de fotos y, en un español farfullado, me pregunta si no me importa situarme en un sitio que él me indica. Accedo a ello y, en segundos, me muestra la imagen en el visor de la cámara (la foto es realmente espectacular). El “guiri” recoge sus bártulos y se despide mientras yo, con mi cuentahílos en la mano, un poco entontecido, me pregunto:
–¿Me habrá enviado a observar cochinillas por estos naranjales la mente del “guiri”, como explicaría Jung?
José Del Moral De la Vega
(Publicado en el nº 199 de la revista PHYTOMA ESPAÑA)

viernes, 8 de agosto de 2008

PROTAGONISTAS DE UN MUNDO RURAL


PROTAGONISTAS DE UN MUNDO RURAL
Base documental para un estudio antropológico de Villanueva de la Reina (Jaén, España) en los siglos XIX y XX.
JOSÉ DEL MORAL DE LA VEGA
312 págs. en tamaño DIN A4 apaisado. Ilustrado con 524 fotografías, 2005
ISBN: 84-609-3964-2
(Edición agotada)

SÍNTESIS
El libro contiene más de quinientas fotografías de la vida de los habitantes de un pueblo rural de España ordenadas en catorce capítulos. A través de ellas, el lector puede conocer el escenario donde se desarrolla la vida de estas personas, cómo son sus casas, cómo trabajan, visten, viajan, se divierten, rezan…
De este libro, donde predomina la imagen sobre la palabra, se puede extraer una valiosa información de la cultura rural en un pueblo español durante el periodo en que están realizadas –desde 1860 hasta 1972–.

jueves, 7 de agosto de 2008


Finca La Orden situada en Las Vegas del Guadiana (España)
Al asomarse a las Vegas del Guadiana desde los balcones naturales
de Lobón o Guadajira (España), se contempla una de las obras de
ingeniería agraria más hermosas y potentes que el hombre ha
construido en el siglo XX para la Humanidad.

martes, 5 de agosto de 2008


Castillo de Segura de León

En los líquenes rojos del castillo de Segura de León está
depositada la verdadera historia de los templarios en
Extremadura, pero solo los milanos saben interpretarla.



sábado, 2 de agosto de 2008


Casita junto al Guadalquivir en Villanueva de la Reina (España)

Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y con pobre mesa y casa
en el campo deleitoso
con sólo Dios se compasa,
y a solas su vida pasa,
ni envidiado ni envidioso

Fray Luís de León, siglo XVI

La Araña Roja


Es invierno y las Arañas Rojas de las plantaciones de frutales se ocultan entre los pliegues de las nectarinas, todavía sin hojas. Las plantaciones –yo creo que se debería decir: “los bosques de frutales”– forman como una misteriosa red que surgiera de la tierra y se nos muestran, al igual que el “DNA” hace con las proteínas, como el soporte de lo que luego, en primavera, será una explosión de masa vegetal que dará vida, a su vez, a toda una selva de animales. Yo voy descubriendo con mi cuentahílos los huevecillos de las arañas con la misma ilusión que, cuando niño, mi madre me mandaba a buscar, entre los vericuetos del corral, los huevos que deberían haber puesto las gallinas.
Ahora, mi interés es conocer el estado fenológico en el que se encuentra el Panonychus para prevenir su conversión en plaga; y aquí, entre las filas interminables de árboles, bajo este cielo extremeño tan luminoso, sintiendo un vientecillo fresco y limpio, y viendo estos huevos casi microscópicos, rojos, brillantes y con una especie de rabo largo; en este ambiente, y sin saber muy bien por qué, me siento feliz.
Uno de los libros más bellos que yo he leído en mi vida es el de Wenceslao Fernández Flores: El bosque animado. Entre muchas de sus excelencias está la de mostrarnos que el descubrimiento de la belleza en las cosas aparentemente vulgares surge cuando se aprende a mirar. En uno de sus capítulos, los árboles del bosque hablan sobre la elegancia de una especie desconocida que han plantado entre ellos, y que realmente se trata de un poste de teléfonos. ¿Podemos ver alguna belleza en los postes de teléfonos? Es muy probable que cualquiera que haya leído ese libro sea tildado de cursi cuando diga entre sus amigos que ha descubierto que los postes del teléfono son muy bellos, pero es muy frecuente que después de haber transitado miles de veces frente a un paisaje sin sentir el más mínimo interés, un buen día alguien nos lo descubre, y a partir de ese momento, la contemplación de lo que antes nos era indiferente ahora nos emociona. («Para sentir la belleza de las cosas hay que saber mirarlas», es lo que propone Wenceslao Fernández Flores en su libro).
A comienzos de los años setenta, yo trataba de poner a punto un método para estudiar la evolución de las peritecas del hongo Venturia pirina, y ello me obligaba a pasar largas horas observando preparaciones en el microscopio; en la misma bancada del laboratorio, cerca de mí, Antonio Arias (uno de los padres de la Sanidad Vegetal española) hacía lo mismo con respecto a Panonychus ulmi, y para ello manipulaba unas cajas de Petri con los bordes untados de vaselina y trocitos de madera en su interior. Mientras trabajábamos, él me ilustraba sobre la biología de los ácaros, pero exceptuando lo relativo a la arrenotoquia o telotoquia, palabras que me parecían muy bellas por su sonoridad, todo aquello me era indiferente, hasta que un día, al llegar al laboratorio, me sorprendió ver que el borde de aquellas cajas de Petri, que la tarde anterior era de color lechoso, se había vuelto rojizo.
Tomé una de aquellas cajas, me la llevé al estéreo y comprobé que aquel color correspondía realmente a una masa de arañitas que habían nacido de los huevos escondidos entre los pliegues de la madera y, al intentar escapar de la caja, habían quedado atrapadas en la vaselina. Bajo el microscopio yo podía contemplar la maravillosa morfología de aquellos seres, los quelíceros, las quetas…., la perfecta simetría de sus cuerpos, su brillo… Aquello era un espectáculo extraordinario, y lo que hasta entonces había sido una rutina (“ver” a Antonio manipular a sus arañas y oír sus lecciones), se convirtió en una emoción estética: había aprendido que detrás de cualquier cosa hay, al menos, otra realidad, y que para descubrirla es necesario que, además de verla, la miremos.
Ahora, cuando voy al campo por el tiempo en que las arañas están dormidas, y las miro con mi cuentahílos, no sé muy bien si mi verdadero interés es conocer su evolución para evitar las plagas o, sencillamente, contemplarlas, sentirme feliz por ello, y nada más.
José Del Moral De la Vega
(Publicado en el nº 198 de la revista PHYTOMA ESPAÑA)