martes, 10 de marzo de 2009

Cuando vivías aquí


"Las casas están asociadas a la vida y a las personas"
E. Hooper


“Las imágenes, los olores... son los recuerdos que nos quedan de una casa cuando alguien vivía en ella. Dar vida mediante un olor a un espacio deshabitado fue el propósito de la instalación a la que todos llamábamos "lo de los limones".
Este espacio es una chimenea ya cegada en la cocina de lo fue la Fundación Casa Spínola. No sé a qué olía esa casa ni quién vivió allí pero la idea de enfrentar el hueco oscuro y cálido de una chimenea con el color ácido de doscientos kilos de limones me pareció una buena manera de tocar los sentidos del espectador.
Y así empezó todo. Y así empezamos Diego, Almudena, Rafa y yo a colgar limones de un alambre. Hubo algún inconveniente como la falta de tiempo para trabajar ante la inminente apertura de la exposición, o la escasez de limones que teníamos, que quizá no permitieran del todo el resultado que imaginé al principio.
Para quienes dicen no entender este tipo de obras artísticas les digo: quedaos sólo con el amarillo sobre el blanco, con una cascada manando de la angostura de una chimenea y con el color ácido en los dientes. Ya está”.


Elena León Romero


Esto fue en abril de hace dos años, en el Museo Casa Spínola, de Azuaga. Nos habíamos encariñado con una de las salas, la que fuera cocina de la antigua casa solariega. En aquel pequeño espacio abovedado, abierto a un pasillo, con sólo una gran chimenea y una hornacina de azulejos, quisimos hacer magia. Únicamente dos obras: uno de esos misteriosos y poéticos relicarios de Lola Lugo, y la instalación de Elena, a la que puso un título muy sugerente: Cuando vivías aquí. A los pocos días, como era previsible, hubo que retirar el montaje; y Lola hizo bien en llevarse su obra. La habitación volvió a quedar desnuda. La mayoría de los que participamos en aquello no vivimos ya en Azuaga. Para Elena fue, en realidad, una forma de despedida. Y a pesar de la acidez del asunto, puso en ello mucha dulzura, esa dulzura que ella lamentaba no tener. Cierto que es una chica dura, una guapa, morena andaluza… Y dulce, Elena, dulce también.


Textos: Elena León Romero; Diego. Imágenes: Elena León Romero.

6 comentarios:

BEATRIZ dijo...

Sé que suena descabellado pero yo siempre mantengo un frutero colmado de fragancias, formas y colores, sin esto la casa parece deshabitada.

Un detalle curioso, es que si no hay fruta en casa me deprimo, descabellado, lo sé.

Delicioso post, felicidades.

Un saludo grande para todos los miembros de este rincón artístico.

angélica beatriz dijo...

Hola querido Diego.

Autenticidad y creatividad, que no es lo mismo, se conjugan en este momento donde nos platicas un espacio de tu vida.

Los olores... aromas de vida, remanso de recuerdos en el fondo del alma...

Qué cierto es lo que dice Elena León Romero.

Gracias Diego. Siempre me voy endulzada con tus bellos comentarios.

Un beso.

Gaudiosa dijo...

Los olores son un buen almacén para los sentimientos.
Se dice que nuestra patria es la infancia. Y un gran territorio de esa patria lo ocupan los aromas que nos rodearon y penetraron de niños.
Muy bonitas las metáforas visuales, y de sabores y carácter Diego. Mucho arte concentrado.
Un abrazo.

Diego dijo...

Gracias, Beatriz, Angélica y Asun. Estoy seguro de que a Elena le encantará leer vuestros comentarios. Es llamativo ese poder evocador de algo tan cotidiano, tan común en nuestras casas… O quizá precísamente por eso. Besos!

ELENA dijo...

"Todas las familias felices se parecen, pero cada familia infeliz es desgracia a su manera."
(L.Tolstoi)
Me resulta tan difícil describir las sensaciones buenas o diferenciar unas de otras...
El caso es que para mi, siempre es un placer muy muy grande encontrarte Diego.

Diego dijo...

Siempre he creído que es mejor sugerir que describir, y tú lo sabes hacer. El placer es mutuo, Elena.