jueves, 16 de abril de 2009

Tabaco, amor y photoshop



En 1889 mi tía Emilia Pardo Bazán se lamentaba de uno de sus personajes: “No tenía el recurso del cigarro, porque pertenecía a esa generación reciente que no fuma, y que llegará, si Dios no lo remedia, a desmayarse con el olor del habano, ni más ni menos que las damas británicas”. Cómo le hubieran gustado a mi tía aquellas actrices de Hollywood. Acqua di Parma y aroma de tabaco mezclados en la negra cabellera de Ava Gardner… Puaj, qué asco. Ahora, en las películas, si alguien fuma, o es un criminal o un desequilibrado. Ava Gardner era una desequilibrada. Y luego a Sartre se le desvanece el cigarrillo de los dedos. Ciertas cosas empiezan a desvanecerse sospechósamente, como en las novelas de Philick K. Dyck. Salud y paranoia. Hitler atribuía su éxito a haber dejado el tabaco. Y era discreto. Ahora es peor, ahora el éxtasis consiste en mear muy clarito. En eso pensaba Bernini cuando esculpía su Santa Teresa. Santa Teresa se salva porque no era fumadora, aunque consumía drogas, dicen. Bernini también se salva, de momento. Ya ni siquiera la belleza se perdona. Friné se libró por su belleza. Nadie del tribunal le preguntó si seguía una dieta equilibrada. Tal vez se habría hecho justicia. A las mujeres hay que mirarles al hígado antes que nada. Hoy, al reo, si hace huelga de hambre le aplazan la ejecución. Al sacrificio hay que llegar sano y en paz consigo mismo, eso lo sabe cualquier cerdo, o cualquier pavo. Los cerdos comen hongos. Pero los hongos son algo in, o cool, la gente va a Ámsterdam sólo a comer hongos. Fumar tabaco no, sólo hachis. Ni alcohol. Batidos y zumitos. Pobre Gambrinus, así está últimamente de delgado. A ver quién es el cutre que saca ahora la litrona al parque. Otro ritual que desaparece. Los espartanos se emborrachaban cada vez que debían tomar una decisión importante; al día siguiente, serenos, analizaban lo decidido el día antes. Por eso, por miedo a los troyanos, el Poder prefiere las drogas, y a todo lo llama drogas, incluido el vino de misa, si pudiera bendecirlo. La ayahuasca convierte al indio amazónico en un hombre, y a Borroughs lo convierte en un yonki. Los Borrachos de Velázquez es un anuncio de ahora: al feliz dios de Tiziano lo sustituye un mancebo rodeado de viejos proxenetas −escribe Ortega−. Antes la ebriedad era un don, ahora es neurosis, y a los neuróticos hay que perseguirlos y reprogramarlos. Bienestar y armonía, ¡arr! Al pobre Dionisos no han hecho más que darle palos, desde el puritanismo a la OMS, pasando por Nietzsche. ¡Tiempos de Grecia! De tanto evocarlos, Hölderlin se volvió loco. Y es que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver, como dice el Sabina. Pero no importa. Es seguro que uno de estos días, inadvertidamente, ese cigarrillo desaparecerá de las manos de Marilyn. Siglos después, en ese futuro benéfico y saludable donde la gente muere en perfecto estado, alguien reparará en el curioso gesto de su mano, llamará la atención sobre esa sonrisa beatífica y, reuniendo pruebas, la declararán santa. Esa será nuestra venganza.


Texto: Diego. Imagen: vía Shangri-la

5 comentarios:

tino dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Gaudiosa dijo...

Hola Diego.
La preciosa Marilyn, con su cigarrillo humeante y su tierna y dulce mirada, produce tales efectos beneficiosos a la salud y al bienestar de todo el organismo que creo no se merece, ni ella ni su pitillo, el photoshop.
Dalí decía que la santidad consistía en cagar una espiral de miel (no es que esté hablando con acento chino y me haya comido el -da). Creo que si nos lo ponen tan difícil, no llegaremos a santo ninguno. Y menos a santo o adorado héroe mundano, porque como muy bien recoges en tu texto, están todo el día cambiándonos las reglas y así no hay quien se aclare.

tino dijo...

Me parece interesente el relatorio que haces mirando las drogas y otras dependencias...un artículo con cierto punto que hace pensar en las modas a las que el hombre se somete, como fanaticos adoradores de un dios. Me gustaron los fogonozos vitales de la historia por lo curioso de ciertas costumbres en artistas y otros bohemios. Buen artículo, felicidades. Un abrazote, Tino

Carla dijo...

Muy buen post! He disfrutado leyendolo

Diego dijo...

Tal vez, Gaudiosa, los santos que mejor vendrían ahora serían del tipo Juan Bautista, indómitos y políticamente incorrectos; y como héroes mundanos, los cínicos; un nuevo Diógenes no estaría mal, andamos muy confusos últimamente…
Y no son sólo los bohemios, Tino; las modas se han “democratizado”, como gusta decir ahora. Aunque me temo que ciertas cosas son algo más que modas.
Y gracias por tus palabras, Carla; no hay nada, para el que escribe, como el que te digan algo así – tú lo sabes –. Seguiremos viéndonos ¿no?
Gracias a los tres por pasar por aquí. Saludos!

Diego