domingo, 9 de agosto de 2009

EL CORTIJO ANGULO (Una catedral del aceite en Villanueva de la Reina)


En el interior del molino, la luz entra por una lucerna y lo ilumina todo.

El aceite de oliva de Villanueva de la Reina (Jaén, España) es cita obligada en cualquier referencia que se haga a este producto en el mundo.
Hasta estos parajes, desde el Atlántico, llegaban por el río Guadalquivir arriba, las barcazas romanas para comprar plata y aceite, como lo demuestran las numerosas ánforas romanas encontradas en las orillas del río. Y en el Cortijo Angulo, una de los numerosas caserías que pueblan esta zona, se han encontrado restos de un molino romano de aceitunas, precisamente en un lugar ligado a uno de los momentos históricos más antiguos y esenciales de nuestra civilización: la cristianización de España, piedra angular de la posterior cristianización de América, Asia y África –en esta zona, en el sitio llamado Cuevas de Ilituergo, hoy conocido como Las Cuevas, comenzó San Eufrasio (siglo I) su acción evangelizadora, un lugar que por fuera es todo olivar y por dentro todo historia–.
En el Cortijo Angulo se ha construido, sobre el primitivo molino romano, otro ecológico, y en la construcción, el ingeniero ha integrado el elemento más esencial de las aceitunas y el aceite, la luz, que es lo que en definitiva, al final, nos alimenta. Toda la arquitectura de esta fábrica está orientada a la captación de la luz, que penetra por una gran lucerna a un vaso transparente –la tolva– donde las aceitunas se mezclan con el agua en el primer paso de la fabricación del aceite; los techos, de metal reflectante, llenan de claridad el interior de la factoría; y las ventanas, con forma de ojos y de triángulos equiláteros, tienen más funciones que las de un elemento constructivo; ellas son, como las vidrieras de un templo, los símbolos que, en este caso y según la semiología, representan la visión del creyente y a Dios.
Este molino de aceite es mucho más que una fábrica, es como una inmensa catedral que transforma la luz que viene de lo alto, o mejor de lo Altísimo, en los símbolos más profundos de nuestra cultura, produciendo un aceite que, como un milagro, sirve para alimentar el cuerpo y el alma.


Las ventanas, como las vidrieras de una catedral, impregnan el molino de símbolos de nuestra cultura.

Texto y figuras de José Del Moral De la Vega

11 comentarios:

Carla dijo...

Que interesante Jose!
Maraviollosas las fotos!

José Del Moral De la Vega dijo...

Si pudieras visitarlo verías que mi comentario queda muy lejos de la realidad. Realmente es un lugar mágico.
Muchas gracias por tu visita, Carla.
Un abrazo

tino dijo...

Preciosos reportaje. Interesante el verano para estos recorridos-mundos. un abrazo. Saludos a la familia. Tino

José Del Moral De la Vega dijo...

Gracias por tu visita, Tino. Imagino que tu tendrás muchas cosas que contar de Portugal.
Un abrazo

angélica beatriz dijo...

Pues pienso lo mismo que Carla, querido José. Interesantísimo lo que nos platicas en esta entrada.

Me imagino que en este lugar, precioso, se conjuga la sabiduría del artesano, la creatividad del artista y la bondad de Dios Padre, al entregarnos un fruto tan valioso como lo es la aceituna.

¡Quién pudiera conocer en persona ese lugar! Gracias José querido, por acercarnos un poquito a él a quienes vivimos tan lejos...

Un beso y un abrazo para ti.

José Del Moral De la Vega dijo...

Realmente, lo que pretendo es que vivais esta realidad de forma parecida a como yo la siento, y tus palabras me llenan de alegría.
Muchas gracias, Angélica.
Un abrazo

DeaBea dijo...

Qué belleza! Espero conocerla algún día!

José Del Moral De la Vega dijo...

Realmente es bello este molino, Dea. Y por supuesto que estás invitada a conocerlo, y yo estaría encantado de enseñártelo.
Muchas gracias por tu visita y tu comentario.
Saludos afectuosos

Iván Pastor dijo...

He encontrado este blog casualmente mientras investigaba sobre mis antepasados. Pues resulta que una de las bisabuelas de mi abuela, llamada Mº Josefa Araque Gómez (nacida en 1827), heredó de sus padres una finca llamada "Angulo" situada en lo que entonces era el término municipal de Bailén, que dejó en dote a sus nietas, nombrando como albacea al único nieto varón, Luis lópez de Medina Ramiro, gran aficionado al juego, el cual apostó en una ocasión la finca, perdiéndola y por tanto no heredando las nietas. Se dice que a pesar de la fortuna de la familia, murió solo tirado en un jergón de paja...
Pongo aquí esta anécdota porque supongo que servirá para completar un poquito más la historia de este lugar y porque me hace ilusión saber que ahí vivieron algunos de mis antepasados y quería compartirlo con quien pueda interesarse.

Maribel Vallecillo dijo...

Hola Iván, me alegro muchísimo de haber podido dar con tu comentario. Debemos de ser familia, pues mi bisabuela se llamaba Josefa López de Medina y Ramiro y era de Villanueva de la Reina. Me encantaría poder conocer más acerca de la familia, de los antepasados y por supuesto de vosotros. Espero que podamos establecer contacto aunque sea a través de éste foro.

Paloma V. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.