sábado, 15 de agosto de 2009

LAS CAMPANAS SIEMPRE TOCAN POR ALGO




Para Carla, que le gustan los
relatos trágicos y misteriosos


En Villanueva de la Reina, las campanas tocan siempre al anochecer, y entonces los ancianos se descubren, y entre dientes se les oye mascullar una oración.
La cabeza del cura con los ojos abiertos estaba en un rincón de la sala parroquial. La criada, con los pechos cortados, aparecía desnuda sobre la mesa.
El crimen conmocionó a la comarca, pero los facinerosos que lo hicieron fueron apresados y ahorcados; sus cuerpos, cortados en cuatro partes, permanecieron colgados en la picota, junto al camino antiguo de los romanos, hasta que los depredadores los hicieron desaparecer.
Pero a la aldea no había llegado la tranquilidad, y el prior viejo lo sabía. Al confesionario se habían acercado doncellas desasosegadas por un sueño común y recurrente: un inmenso gato negro, con una mancha amarilla en la frente, se les metía en la cama pretendiendo violarlas. Al despertar de la pesadilla ellas estaban desnudas, y por el suelo de la alcoba había un rastro de cagadas de gato.
Una tarde, al anochecer, un monaguillo llegó a la sacristía despavorido y gritando: «A la entrada del campanario hay un gato negro más grande que un perro y con los pelos erizados»
El prior se temió lo peor. Se colgó una estola, cogió el acetre, y a grandes zancadas se plantó frente a la bestia.
–No cabe duda, este es el gato del sueño.
El prior se santiguó y, temblando, empezó el “Pater noster qui es in caelis…”; sumergió el hisopo bien dentro del acetre, y haciendo una inmensa cruz en el aire, roció con fuerza a aquel monstruo que, al notar el agua bendita, dio un descomunal alarido y desapareció, dejando como muestra de su presencia el olor a azufre que da el pelo quemado.
Al instante, sin que nadie se lo explicara, las campanas comenzaron a repicar.
Nunca más han ocurrido en este lugar hechos tan desgraciados como aquellos.
La Gumersilda, que es tenida por bruja, le dijo a mi amigo Luis “el Cabrero” que por eso en este pueblo tocan las campanas todos los días al anochecer; que se lo había leído el sacristán de las Benditas Ánimas del Purgatorio de un legajo que había dentro de un baúl, con dos cerrojos, lleno de papeles viejos.
–Las campanas espantan los demonios–. Seguro que mi amigo Luís no miente, aunque es probable que nunca sabremos cuántas historias reales, o no, hay detrás del toque de estas campanas, pero es innegable que las campanas siempre tocan por algo.

Figura y texto de José Del Moral De la Vega

2 comentarios:

Carla dijo...

Waw jose!!!!!!!! Como me conoces! Sabes que estas historias me pueden! gracias por dedicarme este relato, sumamente genial, lleno de suspenso y de leyendas...
Me sorprendiste gratamente, esta historia me parecio muy buena!!!!

José Del Moral De la Vega dijo...

Muchas gracias, Carla. Me alegra que te haya gustado.
Un abrazo