domingo, 23 de agosto de 2009

Permiso para vivir


“(…) Por ahí va la cosa, y si acaso insisto en un pensamiento, una idea, una actitud que realmente me pertenecen, la gente huye despavorida, como de un ser extraño y peligroso cuyos gestos mismos lo han conducido a la idiotez, la locura o la inanidad. Y así, a menudo, para tener amigos y ser querido, no me queda más remedio que representar un papel (¿tendrá esto algo que ver con el “me pongo la corbata y vivo”, de Vallejo?). Un papel que, además, me resulta muy triste, porque todos sabemos que el placer de la verdadera amistad, como el del amor verdadero, consiste en mostrarse tal como uno es. Pero en mi caso, muy a menudo, todo sale patas arriba. No bien un amigo o una mujer me conocen como realmente soy, los pierdo. “Alfredo, al rincón.” François George ha escrito con triste belleza sobre estas cosas terribles. Y así resulta que no hay nada tan doloroso como un ser que se distancia de nosotros, precísamente porque acaba de conocernos. No sé, pero en mi caso es como si al cabo de un proceso realmente endemoniado, terminase hundido siempre en unas profundidades sin nombre, en aquellos rincones de los que he venido hablando, y en los que nadie soporta hacerme una visita prolongada.”

Alfredo Bryce Echenique
Permiso para vivir (Antimemorias)


Bryce Echenique es de esos amigos a los que uno acude en esas ocasiones en que, por una cosa o por otra, anda uno desorientado; y es que la idea que, de manera provisional y precaria, se había hecho uno de sí mismo, se ha enredado peligrosamente con la que tienen los demás de uno; con la que uno cree que tienen los demás de uno; con la que uno desearía que tuvieran los demás de uno; con la que uno aspira a tener de uno… y así; con la consecuente desesperación y el bloqueo que esto ocasiona, claro –o más exactamente: obscuro−. Y todo porque a la necesidad de ser uno mismo le ganan las ganas de que le quieran a uno, y esto no puede ser siempre, y casi es mejor muchas veces que no lo sea, porque luego pasa lo que en la mayoría de las novelas de Bryce Echenique, aunque él lo cuenta de manera que te partes de risa, pero en realidad es para llorar, y es precísamente esta tristeza, remontada con tantísimo humor, lo que hace de Alfredo Bryce uno de mis mejores compañeros de camino.


Texto: Diego

3 comentarios:

Carla dijo...

Muy buena reseña. El libro por lo que contas parece muy interesante.
gracias por la recomendación Diego.

angélica beatriz dijo...

Diego querido, me gusta la manera en que nos presentas a Alfredo Bryce.

Tal vez me atreva a buscar la senda de sus letras, en el camino poco transitado de la vida permitida.

Un beso.

Diego dijo...

Muchas gracias, Carla y Angélica; la verdad es que este libro aun lo tengo entre manos, ni siquiera he llegado a la mitad; pero sí, además de interesante es saludable, porque nos ofrece un recurso maravilloso: el humor. Pero si no habéis leído nada de Bryce Echenique os recomiendo “La vida exagerada de Martín Romaña”, para mí, una de las lecturas más deliciosas que he hecho nunca. Y disculpadme por todo este tiempo sin dar señales de vida, al parecer he pasado el verano metido en ese “rincón” del que habla Alfredo Bryce, pero ya salgo, para daros un abrazo muy fuerte, y disculparme de mi remoloneo, que sería para decir “anda y que le den”, pero no ha sido así, y daros las gracias, por eso. Sois un encanto.