sábado, 28 de febrero de 2009

Descubrimiento templario en España


Como un signo secreto, en la parte alta de uno de los muros
recién descubiertos ha aparecido una cruz templaria.
Signo que se ha remarcado en la figura para su localización.

Nicholas Wilcox lo ha intuido. Entre los lugares mágicos que los templarios relacionaban con la Mesa del Rey Salomón está España (Toledo, Andalucía, Cardenal Moscoso…) Numerosos sitios de Jaén forman parte, también, de ese puzle mágico que relaciona la orden maldita y su reliquia más preciada, “La Mesa del rey Salomón”. En las excavaciones del santuario de Arjona, que a comienzos del mil seiscientos ordenó realizar el cardenal Moscoso, se encontró la cruz de los templarios. No hay duda de que ese lugar fue otra de las sedes del Temple en Andalucía.
Casi cuatrocientos años después, se ha descubierto una capilla mudéjar adosada a la iglesia de Villanueva de la Reina, y en la parte alta de uno de sus muros, encastrada entre el resto de las piedras, como un signo secreto, ha aparecido la cruz templaria. Un signo por el cual este lugar viene a sumarse al misterio de esa “Mesa sagrada”.
La iglesia de Villanueva de la Reina es, a partir de ahora, una pieza más del puzle mágico que un día nos conducirá a desvelar uno de los enigmas de la historia.

Fig. y texto de José Del Moral de la Vega

jueves, 26 de febrero de 2009

domingo, 22 de febrero de 2009

La sanidad de la semilla, requisito fundamental contra la Rabia del garbanzo (Didymella rabiei)


Tipos más importantes de semillas de garbanzos utilizados para el
consumo humano: grande y rugoso; mediano y rugoso; pequeño y liso.


Es probable que cualquier agricultor afirme que un lote de semilla conteniendo un solo garbanzo afectado de Rabia (Didymella rabiei) por cada mil sanos, es un lote de semilla muy bueno; pero ese mismo agricultor diría que un cultivo donde, en una hectárea, aparecieran 400 focos primarios de Rabia, sería una ruina. Pues ambos valores son equivalentes. Un lote de semilla con un 1‰ de granos afectados por el patógeno, se convierte, en el cultivo, en 400 focos primarios de la enfermedad.
Por ello es recomendable, para evitar esta enfermedad, asegurarse que el lote de semilla utilizado para la siembra procede de un campo en el cual no se produjo la Rabia y, por otra parte, es muy conveniente impregnar las semillas, previamente a la siembra, con una sal de cobre, o una mezcla de un bencimidazol más un ditiocarbamato (metiltiofanato + mancoceb, metiltiofanato + folpet…)

(Para más información consultar el libro “Programa sanitario para el control de la Rabia del garbanzo

Fig. y texto de José Del Moral De la Vega

jueves, 12 de febrero de 2009

¿Cartier-Bresson en un molino de aceite?


Molineros en Villanueva de la Reina (Jaén), a mediados del siglo XX.
Imagen del libro "Protagonistas de un Mundo Rural"
Foto que podría ser atribuida a Cartier-Bresson


Querido Pepe Aranda: Entre las fotos encontradas en Villanueva de la Reina está ésta, bastante deteriorada, por cierto, que he tenido que restaurar con un programa de procesado de imágenes.
La foto recoge a un grupo de trabajadores en un molino de aceite. Los hombres aparecen sucios de grasa y ligeros de ropa porque la temperatura dentro del molino puede estar próxima a los cuarenta grados.
Esta imagen es todo un manantial de ideas: fuerza, virilidad, sacrificio…Y entre tanta mancha mugrienta se contempla, sobre todo, la belleza salvaje del hombre. Aquí no hay aditamento alguno, aunque tampoco desnudez, y precisamente por ello toda la atención del espectador se puede concentrar en la potencia espiritual que surge del grupo humano.
Dos figuras rompen la monotonía, un hombre que parece ajeno al trabajo y una niña –en las zonas rurales los niños están por todas partes-. Y esto añade un detalle de ternura.
Aparentemente, la foto no está bien enfocada, los blancos no son puros, no hay contrastes ni gradientes de luces…, es como si su autor, para mimetizarse con el espectáculo que contempla y recoger ese ambiente, tal cual, hubiera querido enturbiar la imagen. Aquí no hay más que el alma pura de un grupo de molineros.
Esta foto, querido amigo, tiene características de auténtico maestro, ¿podríamos atribuirla a Cartier-Bresson?

Imagen y texto de José Del Moral De la Vega

martes, 10 de febrero de 2009

Panta Rhei


A Panta Rhei me llevó Claudia, en una escapada a Madrid que salió mal, pero que tuvo sus momentos buenos, como éste. Era una tarde fea, llovía, y desde Atocha hasta la calle Fernando VI nos dio tiempo a discutir. ¿A dónde me llevas, Claudia? A un lugar maravilloso. Y lo era. Estaba anocheciendo cuando llegamos, y de los escaparates salía una luz acogedora. Una librería, pero una librería sólo de libros ilustrados, libros con los diseños y los formatos más extraordinarios; en cualquier recoveco encuentras una publicación del tamaño de un cromo, con hojas desplegables. Lo impensable está allí. Pero no íbamos buscando nada, íbamos solo a distraernos, y porque Claudia quiso hacerme ese regalo. Al entrar nos detestábamos, pero el rato que pasamos allí nos suavizó el ánimo, volvimos a querernos un poco y salimos con ganas de volver a pasear y buscar un sitio donde beber algo. Más adelante regresé, yo solo. No buscaba libros, sino un lenitivo. Pero ya no estaba allí, se la habían llevado a otra parte. Volví a mi hostal de Atocha. Me tragué mi mala sombra con unas jarras de cerveza y un bocadillo de calamares. ¿Y la nueva librería? No lo sé, no he tenido ocasión de ir. Además, ya no será lo mismo.


Texto: Diego. Imagen: Gordolobo

lunes, 9 de febrero de 2009

El Mosquito del trigo


Hembra de Mayetiola destructor Say

Los insectos fitófagos toman los alimentos vegetales mediante sus piezas bucales: unos muerden y mastican sustancias duras como hojas, tallos…; otros, dotados de un pico succionador, lo clavan en los órganos vegetales y absorben jugos nutritivos; también los hay que son lamedores, chupadores… Pero hay una especie, conocida por los labradores como Mosquito del trigo (Mayetiola destructor Say), que ha desarrollado sobre este cereal un original sistema de absorción de alimentos.
Los huevos del insecto son depositados por la hembra en el haz de las hojas jóvenes de las plantitas de trigo, y las larvas, inmediatamente de nacer, se desplazan en dirección al suelo hasta llegar al cuello de la planta, rico en meristemos nutritivos. Una vez fijas en esta zona, las larvas segregan una gran cantidad de saliva que contiene galacturonasa. Esta enzima actúa sobre la pared celular del vegetal, reacciona con las cadenas de ácido poligacturónico y rompe su estructura, apareciendo agujeros en la pared celular por donde se desborda el contenido del protoplasma. A partir de ese momento, el Mosquito sólo tiene que absorber estas sustancias nutritivas.
Este mecanismo de absorción de alimentos, donde la función mecánica de las piezas bucales ha sido sustituida por un procedimiento bioquímico, evidencia la capacidad evolutiva de los insectos.


(Para más información consultar el libro “Sanidad de los Vegetales Cultivados”

Texto de José Del Moral De la Vega

domingo, 1 de febrero de 2009

A UNA ALUMNA DE CIELO Y MEDIO


21 de febrero de 2007

Escribir…dudando teclas palabreantes que juegan a equivocarse
deslizándose a escondidas como gusanos que no aciertan con los agujeros…
escribir para sacar la basura que se rebaña de los escondrijos que sólo limpian las cucarachas…tan poco amadas en su relación inversamente proporcional a su papel en nuestra sorpresa cómoda de cada día…
¿estaré borrando el desperdicio de un sueño?
¿las posesiones irreales perdidas?
...lo inútil o lo asesinado con bacterias de un instante inoportuno?
En cualquier caso,
limpiar para abrir hueco…a algo que vista de colores lo tostado verdoso de lo que fue un día amarillo y verde celeste…
nuevo hecho anciano en decisiones ajenas…como ese globo que te estalla en tus labios cuando lo estás hinchando
…se fue sin poder lanzarlo…se volvió pedazos de gomas húmedas y arrugadas…un anciano instantáneo de una turgencia ¿excesiva?

... apuntes de un basurero que aún no ha llegado a casa …
y sin música de fondo.

Un trocito de apunte de libreta, sin trabajar…ya tendrá su tiempo, pero escribir, escribir, escribir, disfrutar del papel, los trazos, las cubiertas, las cajas, el secreto…No hay nada perfecto, pero los sueños tienen su tiempo, o vendrán otros, o lo que es peor: los de otros…Dé un paso más y tal vez meta el pié en un charco mal puesto, pero estará más lejos… más cerca de salir de dónde se metió, y de conseguir sus sueños.

10 de septiembre de 2008

Una raya, todo puede ser
la caligrafía de un error,
un trazo inacabado, incompleto
una pestaña que molesta
(ya) a lo lejos y un
ratón resucitado de inocencia […].

Escriba, háganos el favor de no renunciar a ser quien es.

Texto: Jerónimo Del Moral Martínez. Ilustración: Diego

Papas calientes



Esta estación ya no es lo que era, pensaba Luciano, un ingeniero que trabajaba para la compañía de ferrocarril del país. Su infancia transcurrió entre aquellos edificios, hoy ya casi abandonados, hace unos cincuenta años.
Un día, cuando Luciano era muy pequeño, apareció por aquella estación una familia de indigentes. Se instalaron en un vagón desvencijado cercano al muelle. Tenían un único hijo, Damián, un casi hombretón alto y fuerte de unos doce años.
Damián no iba a la escuela. Pasaba el día subiendo y bajando por los trenes que maniobraban en la estación, cogiendo nidos de pájaros o jugando con los otros niños del pueblo a la pelota. Apenas si sabía escribir o leer, pero era noble y feliz como un animalillo y, por su intrepidez y envergadura, los demás niños lo consideraban un líder.
Feliciano se hizo amigo de aquel mozalbete, admiraba su nobleza primitiva y su fuerza. Aquella amistad le daba confianza, además de aprender a trenzar juncias, manejar la honda o tallar palos con una navaja.
Cuando llegaba la hora de la merienda, Luciano partía para los dos el pan con chocolate que le daba su madre y, a continuación, iban al vagón donde vivía Damián. Delante de aquella improvisada casa, en el suelo, había unas piedras entre las que la madre de Damián hacía fuego para cocinar. El mozalbete apartaba las piedras, escarbaba en el suelo y, enterradas, había unas cuantas papas asadas de las que escogía dos, una para cada uno. Aquellas papas le sabían a Luciano mejor que ninguna otra golosina.
-Este era el sitio donde Damián hurgaba –se decía Luciano –mientras removía la tierra con la punta de su brillante “Magnanni” cuando, sorprendido, comprobó que allí había dos papas.
-No es posible –pensó. Se agachó y cogió una. -¡Dios mío, está caliente!

Imagen y texto de José Del Moral De la Vega