lunes, 27 de julio de 2009

En torno a una pregunta (II)


Protegimos a nuestros por qué con la confianza y la confidencia, pero son siempre exigentes y necesitaron de otra compañera más: la fidelidad. Policía que por muy amable que intente mostrar su gesto siempre cuestiona todos nuestros planteamientos con preguntas que golpean la base de lo que construimos, y para que no nos termine de derribar nos protegemos de manera inmediata de otra compañera más: la coherencia, ese repelente de insectos que no evita el que se te acerquen, pero sí el que te piquen, y el día que se te olvida, una roncha te recuerda que en ese momento renunciaste a ella. El niño madura sin renunciar a su origen, a su alumbramiento inicial, a su por qué que le abrió todos los demás. Tal vez ése sea el secreto de Sócrates con su Mayeútica (atribución tradicional, que no real), término griego que se traduce por “la partera”, sabía que el conocimiento no se impone, se descubre o no se descubre, y siempre llega a través de lo que somos capaces de preguntarnos y aguantarnos las preguntas. El maestro no tenía que dar ningún conocimiento, no es suyo, simplemente ayudar a que llegase al final de su gestación y en la persona diese a luz. Así nos encontraríamos de parto continuo, desplazándonos de un parto a otro, siendo seres con capacidad de proyectar, de crear –construir de la nada-, por eso cuando dejamos de parir tal vez nos convertimos en una parida, dejamos el infinitivo y lo transformamos en un participio, de crear –infinitivo- a creado –definitivo- (qué sorprendente es el lenguaje), y en ese momento renunciamos a nuestro eternidad que ni la manzana nos quitó…Solo nosotros mismos tenemos la capacidad de negárnosla. “Elí, Elí lama sabactani (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?)”…Jesús muere con un por qué a su Padre…Le devuelve la pregunta que le dio un camino…Jamás renunció a ella…No podía ser de otra manera: el amor no puede renunciar a ella.

Pero si el por qué ha de mantenerse con la coherencia que soporta una fidelidad para proteger a la confidencia y la confianza que le dieron autonomía, un error muy pequeño de cualquiera de nuestras múltiples interacciones puede hacer caer este pequeño castillo de naipes, el por qué sigue siendo un desprotegido muy débil, como esa molécula autorreplicativa que dio origen a lo que hoy llamamos vida. Necesitamos abrirle un seguro de vida: el perdón…Y “quien esté libre de culpa que tire la primera piedra”. Lo pregunta se ha hecho tan pobre que necesita de todos; sin desprenderse salió ya tanto de nosotros que se hizo débil, y la que salió para darse, si quiere regresar necesita aprender a recibir…Y agachando la cabeza en el hombro del otro le permite volver a levantarla para dejar su propio hombro abierto para el siguiente, con la misma fuerza que le da la coherencia restaurada, su fidelidad confiada y su confidencia de nuevo reconocida…Y múltiples nuevos por qué que no se han cerrado en falso porque no hay motivos exculpantes, solo perdón…E intentar comprender sin buscar hacerlo…Solo querer que podamos seguir preguntando, amando…Creando.

¿No será que el por qué no se puede seguir formulando si no se asume la realidad de equivocarse?

¿No será que no puede haber por qué si no hay perdón?

Y ¿No será el perdón la clave que nos hace mantener la percepción de lo trascendente?

Tal vez haya que volver a fijarse en esos niños que se abrazan después de haberse magullado con saña y dicen a sus padres: “es mi amigo”, aquellos mismos que en la noche de Reyes no son capaces de dormir porque, quizás…Ya están en su sueño.
Imagen: Álvaro Martín Morillo. Texto: Jerónimo Del Moral Martínez.

domingo, 26 de julio de 2009

EL VINO SAGRADO DE LOS TEMPLARIOS


Pozo descubierto en la iglesia de Villanueva de la Reina (Jaén, España), en 2008,
junto a elementos mudéjares.

El cuatro de abril de 1271 fue un día glorioso para la orden del Temple. Frey Práxedes consiguió, bien que a cambio de un dineral, “El Excelso” –un botecico de oro y pedrería fina que contenía un poco de vino que quiso guardar la Virgen, como recuerdo, de las Bodas de Canaán–. De manera laberíntica, la reliquia pasó a poder de los jesuitas, y al igual que la Mesa del Rey Salomón, o el Arca de la Alianza, su posesión ha sido la razón vital de casi todos los poderosos del mundo, en todos los tiempos.
La Gumersinda, que es bruja y sabe muchas cosas del trasmundo, me contó una tarde, que el sacristán que fue de las Benditas Ánimas del Purgatorio tenía un baúl lleno de papeles viejos, y en un legajo que apenas se podía leer, se relataba una historia que tiene que ver con la reliquia.
Era la hora del Ángelus de un día de la Candelaria de 1767 cuando todas las gentes de la ciudad de Andújar se echaron a la calle gritando «Terremoto, terremoto». Un potentísimo estruendo, que parecía salir del fondo de la tierra, sacudió casas y enseres. Aquello tuvo su origen en la iglesia de Santa María, y fue que durante la celebración de la misa, de manera repentina, todos los presentes, bancos, ornamentos, y hasta los santos de las capillas, levitaron. Se elevaron más de media vara sobre el suelo, y al caer todo de golpe, se formó el estruendo.
A lo que parece, aquello se debió a que el cura que celebraba –un jesuita que burló el mandato de expulsión de España¬- decidió poner una gotilla del vino de aquella reliquia –El Excelso- en el cáliz donde iba a consagrar, a fin de rogar que se detuviera la bula que se estaba preparando en Roma para disolver a la Orden. Debió surtir efecto aquella rogatoria, porque el Papa Clemente XIII murió a los pocos días, interrumpiéndose, por el momento, la disolución que preparaba; si bien es verdad que, al poco tiempo, aquel fraile fue apuñalado por unos facinerosos en un camino de Villanueva de la Reina –por entonces aldea de Andújar-. Un mulero que socorrió al moribundo recogió una frase a la que, por entonces, nadie dio importancia: «El Excelso, en el pozo».
Ahora, al descubrirse en la iglesia de Villanueva de la Reina un pozo, junto a diversos signos templarios, dice la Gumersinda que, para ella, que esa reliquia tan principal está en el pozo que se acaba de descubrir; sin embargo, mi amigo Luis el Cabrero, que es perito en veredas y caserías arruinadas, opina que El Excelso debe estar, más bien, en el cortijo llamado Pozo Viejo, que era de los jesuitas en el siglo XVIII.
Hay en todo esto mucho misterio, aunque es un hecho que el prior de la parroquial de Villanueva ha ordenado cerrar el pozo recién descubierto con una poderosa reja, y parece ser que ello ha sido a petición de gente importante, que la Iglesia cuida mucho no mezclar doctrina con superchería, de donde viene el significado del dicho: No confundir el culo con las témporas.


Cortijo Pozo Viejo (Vva de la Reina), propiedad de los jesuitas de Andújar en el siglo XVIII, hoy arruinado.

Texto e imágenes de José Del Moral De la Vega

martes, 21 de julio de 2009

En torno a una pregunta (I)



“¿Para qué?” siempre puede tener una respuesta muro: “para nada”; pero si a “¿por qué?”, se responde de la misma manera: “porque sí”, ya no es muro, es abismo…Un asesino puede darse la misma respuesta, o peor aún: “porque me gusta”; y es que esa pregunta tal vez no tenga cierre, y cuando lo damos quizás hayamos comenzado a cambiar el ser (proyección) por el estar (establecimiento). Si un “¿por qué?” no lleva a otro más, se acabó la indagación, y por lo tanto asumimos certezas recortadas, y así, la verdad, de disminuida, se hace absoluta y restrictiva, un enano cascarrabias.

Desde niño la pregunta nos define: “Papá, ¿por qué…?...y…¿por qué?...ahhhh…y ¿por qué?...ummm, vale…um…Mamá ¿por q…?” Buscamos las respuestas fuera, de quien tenemos seguridad no nos va a engañar. Hasta que un día damos un paso y comenzamos a buscarlas en nosotros; como una piñata de cumpleaños se disparan las preguntas multiplicadas por mil y comenzamos a investigar otra vez fuera. Sin embargo, como lo sorprendente fue el descubrir muchas más preguntas en lugar de respuestas, buscamos a otro que se encontrase en la misma situación para que nos enseñase por dónde se dirigía. En esta ocasión tuvimos que construir unas referencias fuera de nosotros, que equivocadas o no, confiásemos en que no nos engañasen en sus respuestas: los amigos: Un espejo de las respuestas de nuestros padres y de nuestras mismas preguntas -que absurdo identificar paternidad con amistad-, y le enganchamos a la confianza un nuevo compañero: la confidencia. Un día cualquiera encontramos un por qué al que no queremos darle respuesta, y sin embargo, se nos hace imposible el no investigar: nos enamoramos. Soportar esa situación supone un esfuerzo de vértigo, de riesgo muy elevado de no saber mantener nuestro yo, y comenzamos a decir qué es lo que nos enamora, definimos sustantivando, añadimos con comas hasta detenernos en un punto, punto final. Se acaba el misterio y las preguntas, y por lo tanto, el conocimiento del otro, siempre en continuo cambio, y por lo tanto, el amor.

Todo lo que hizo evolucionar al niño fue el preguntarse, el ser capaz de interiorizar el por qué, el que si lo hacía se multiplicaba y se podía compartir, y que de la mano de la confianza y la confidencia de vez en cuando aparecían preguntas especiales que si solo se respondían con más preguntas nos impedían verle el fin a nada…

¿No será que la incapacidad de entender lo trascendente sea porque hemos dejado de enamorarnos?

¿Y no será que no nos enamoramos porque hemos dejado de preguntarnos:
“¿por qué?”

Texto e imagen: Jerónimo Del Moral Martínez

sábado, 11 de julio de 2009

Los pulgones


Pulgón de frutales de hueso que aparece
en
La Sanidad de los Vegetales Cultivados

El premio nóbel Maeterlink es autor de una obra, bellísima, sobre la vida de las abejas. Basándose en ella, José Del Moral ha escrito un artículo en la revista PHYTOMA ESPAÑA, en el cual especula con la posibilidad de que los sentimientos pudieran ser un elemento importante en la evolución de las especies.

Para bajar el artículo completo, pinchar en Los Pulgones. Aparecerá el cuadro de MediaFire; a la izquierda de la pantalla hay un recuadro grande (Click here to start dowload). Pincha ahí, y se abrirá el texto publicado en la revista.

Imagen de Diego Del Moral Martínez

domingo, 5 de julio de 2009

Bagdad Cafe

Enlace video

Una película deliciosa, una canción mítica. Y el desierto. El desierto como lugar propicio a los grandes encuentros. Una fábula, bueno; pero ¿quién no, alguna vez, en ese “desierto” al que por decisión o por azar hemos ido a parar, no ha encontrado amistades maravillosas o uno de esos amores que no se olvidan? Es saludable preguntarse a veces por la calidad de nuestras emociones, ya que las buscamos tan desesperadamente. No sería raro descubrir que cuando más valor y más fuerza han tenido ha sido en mitad de alguno de esos supuestos “desiertos”.


Texto: Diego