jueves, 24 de septiembre de 2009

LA MIRADA DE UN NIÑO


Imagen de Gil Azouri


Llegó la luz
y era hermosa.
Llegó la lluvia
y vivificaba.
Llegó la palabra
y era sabia.
Llegó la música
y emocionaba.

Llegó la mirada de un niño
y descubrí cómo mira Dios

josé del moral de la vega

jueves, 17 de septiembre de 2009

Solo los poetas conocen las emociones de las plantas


Aunque no podamos saber si es de tristeza o de alegría, lo que no podemos negar es que las encinas, en las mañanas del otoño, tienen lágrimas.

Para Angélica Beatriz,
que siempre está hablando de emociones
y sentimientos



Los álamos de plata se inclinan sobre el agua:
ellos todo lo saben, pero nunca hablarán…/
…/ ¡Hay que ser como el árbol que siempre está rezando,
como el agua del cauce fija en la eternidad!.../
Federico García Lorca


En la última parte del pasado siglo se descubrió que las plantas tenían un sistema hormonal de origen genético y funcionamiento similar al de un animal; distinto, pero complicado y perfecto. Lo que aún no sabemos es si las plantas sienten emociones. No hay ninguna base científica que nos permita sospechar de su existencia; pero, a veces, es tanto y tan bello lo que manifiestan, que sólo desde la emoción que pudieran sentir se puede explicar.

Imagen y texto de José Del Moral De la Vega

domingo, 13 de septiembre de 2009

AUGUSTO DONAIRE




¡Qué hueca cosa es una señora!
Si yo mandara
las llenaba de gas y las lanzaba…

Javier de Winthuysen. El parque (1920)


Algunas veces coincidíamos en el jardín de la Casa Rosa. Él se dedicaba a hacer cuadritos de flores, que luego exponía en los escaparates de los almacenes Peyré. Todo le había ido más o menos bien, hasta que conoció a la señorita L. Esta señorita, que todavía conservaba una gran belleza, había tenido fama de aventurera en su juventud, pero ahora vivía dedicada únicamente a sus gatos y a su tertulia artístico-literaria de los miércoles. En estas reuniones, quizá las dos mejores personas eran el poeta Rafael Porlán y el dibujante Laffita; los demás, la mayoría iban allí a merendar y a criticar a los ausentes. Allí fue donde oí por primera vez cantar al malogrado Corujo de Almansilla, y asistí a la famosa disputa entre Isaac del Vando Villar y el pintor Eugenio Hermoso, que en realidad se encontraba allí por casualidad. Augusto era el más jóven de todos nosotros, y para la señorita algo así como un hijito atolondrado, al que debía querer más que a los demás. El problema fue que éste no se limitó, como los otros, a tomar lo que le daban, sino que se enamoró. Tardó bastante en descubrir que, fuera de los productos del arte, los gustos de la dama eran más bien vulgares, incluso muy vulgares. Tuvo que ser un furriel del cuartel de la Carne, poeta aficionado que por entonces se juntaba con nosotros, quien lo despabilara. Quizá el furriel-poeta se pasara de grosero, pero lo cierto es que acabaron a puñetazos, llevándose Augusto, que era el más enclenque, la peor parte. Éste anduvo mohíno una temporada, pero no dejó de acudir a merendar cada miércoles. Una mañana lo encontré muy alterado. Me contó que la señorita le había hecho un encargo especial, un paisaje, para colgarlo en su salita turquesa, un paisaje sereno y apacible donde reposar su espíritu por las tardes, recostada en su diván damasquino. Augusto, viendo una luz de esperanza, se puso entusiasmado a la tarea. Pero el resultado no fue del agrado de la señorita. Por entonces Augusto trataba de seguir a Matisse, sólo que a un Matisse muy suyo. Lo intentó de nuevo, poniendo en ello todo su discreto talento, pero sin éxito. Esta vez, la piadosa condescendencia que vió pintarse en el rostro de su amada lo puso furioso. Anduvo desaparecido una semana. El día que al fin empujó la puerta del café Barrera, estaba sucio y demacrado como si hubiera pasado todo ese tiempo a la intemperie. Bajo el brazo traía un pequeño lienzo. “Tengo la impresión de haber pintado mi obra maestra”, nos dijo con ojos alucinados. La verdad es que aquel paisajito, con sus árboles, su río, su sol arrebolado, tenía cierto encanto. A la señorita le entusiasmó, colocándolo inmediatamente en la salita turquesa, frente al diván damasquino. Se pasaba horas allí tumbada, contemplando el cuadro. “Eleva el alma”, decía suspirando a las visitas.

Pobre Augusto, cómo iba a imaginarlo. A nadie más que a un loco se le ocurriría pensar que aquel cuadro tendría algo que ver con la extraña y sonada desaparición de la señorita, que tuvo en vilo a la policía durante meses, sin llegar a esclarecerse, y que, ahora estoy seguro, nunca lo hará. Y sin embargo, yo no creo estar loco. Fue hace unos días, visitando el Palacio de Lebrija en busca de recuerdos de aquellos buenos días de doña Mergelina. Allí, en el ahora llamado “Salón de los bargueños”, volví a encontrarme con el cuadro de Augusto. Sabe Dios cómo llegaría a las manos de esa venerable dama. Y sin embargo los colores todavía seguían frescos, tan vivos como cuando fue pintado, hace ya casi noventa años. Pero había algo más, algo que me llamó la atención, algo en lo que nunca antes había reparado y que me llenó de horror. Allí, en el ángulo superior derecho, una pequeña mancha blanca enredada entre las ramas de los árboles más altos, como esos globos de helio que dejan escapar los niños…



Diego. Amigos de aquella vida (1808-2008)
Imagen: Leon Jeschke, Retrato de Augusto Donaire, 1921


Eric Satie-Gnossienne, nº6

viernes, 4 de septiembre de 2009

Los fitosanitarios, un instrumento útil de la agricultura



Los fitosanitarios son tan necesarios en la agricultura, como los medicamentos en la medicina humana o veterinaria. (Para más información consultar el libro La Sanidad de los Vegetales Cultivados)

La agricultura productivista, también llamada Revolución Verde, consiguió acabar con el hambre de zonas superpobladas del planeta como India, Pakistán…a finales del pasado siglo; pero como inconvenientes produjo la contaminación del medio ambiente. La contestación de determinados grupos sociales de opinión a esa contaminación ha provocado, en Europa, una legislación extraordinariamente restrictiva al uso de fertilizantes y fitosanitarios (plaguicidas o pesticidas). José Del Moral ha publicado un artículo en la revista PHYTOMA ESPAÑA donde reflexiona sobre este tema, y advierte de los riesgos de una agricultura diseñada desde el oportunismo político, en lugar de por principios científicos y sociales.

Para bajar el artículo completo, pinchar en Los fitosanitarios. Aparecerá el cuadro de MediaFire; a la izquierda de la pantalla hay un recuadro grande (Click here to start dowload). Pincha ahí, y se abrirá el texto publicado en la revista.

Fig. y texto de José Del Moral De la Vega