viernes, 25 de diciembre de 2009

NAVIDAD, LA FIESTA DEL PUEBLO


Grupo de personas cantando villancicos por las calles en Villanueva de la Reina, Jaén, España)

En las zonas rurales del sur de España, hace cuarenta años, la Navidad se empezaba a preparar por la Inmaculada, y la anunciaban grupos de niños cantando villancicos de puerta en puerta. Por aquellos días se mataba el marrano que la familia había criado con desperdicios de comidas y rebuscos de hierbas y cosechas. De este animal se aprovechaba todo, y con sus piezas nobles o su casquería se preparaban platos exquisitos, formando parte principal de los cocidos de garbanzos de todo el año.
La Nochebuena era una llamada, con tantos decibelios que los miembros de la familia la oían en cualquier parte del mundo, y a ella acudían para congregarse alrededor de los abuelos. La cena de aquella noche era mágica, finalizando con postres caseros fabricados con las almendras del huerto, la manteca del cochino y las hierbas aromáticas del campo.
La alegría del encuentro familiar de la Nochebuena se exaltaba con el vino de la pitarra recién abierta y con las uvas en aguardiente que se servían de postre. Y a la medianoche, toda la familia, desde el abuelo hasta el nieto recién nacido, se iba a la iglesia para celebrar la Misa del gallo, una misa donde la liturgia, con tanta alegría, se convertía en puro folclore.
Ese fenómeno religioso –la conmemoración del nacimiento de Jesús de Nazaret–, celebrado durante dos mil años, con distintos matices según el tiempo y el lugar, ha nutrido la cultura de Europa, que posteriormente se ha extendido a todo el mundo, principalmente a América. De la Navidad nace una gran parte de nuestra música, desde la clásica hasta el flamenco. La literatura se sirve de ella para crear bellísimas obras –Gerardo Diego decía: la Navidad es ya la poesía–. En realidad, todo el arte está lleno de referencias magistrales a esta fiesta, y aunque a partir del Renacimiento se hace profano, en el siglo XX aparecen obras, como La Puerta de la Natividad, de la Sagrada Familia, en Barcelona, reconocida como una obra genial de la arquitectura de todos los tiempos, y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Al margen del sentido religioso que la Navidad tiene para los cristianos, esta celebración está situada en los cimientos de nuestra civilización, y cuando desde el nihilismo se quiso sustituir con un “superhombre” el símbolo que representaba ese niño –el amor entre los hombres como instrumento para regresar al paraíso, de donde la evolución de nuestra corteza cerebral nos ha expulsado–, lo que realmente apareció fue un canalla con gorra, pistola al cinto y una nueva religión (el nazismo). De aquel intento por destruir el símbolo de la Navidad, resultó una catástrofe de la cual la Humanidad todavía no se ha recuperado. Algunos, en su afán anticlerical, están empeñados en eliminar cualquier símbolo religioso, y es evidente su interés por convertir esta fiesta en una diversión, y nada más. De lograrlo, se habrá mutilado seriamente una de las raíces más profundas de nuestra cultura.
La Navidad nace en Europa como fruto del cristianismo, y es una fiesta del pueblo, por ello, en España, las canciones que se cantan en el tiempo que se desarrolla se llaman villancicos –lo cantaban los villanos, y de hecho Felipe II los prohibió dentro de las iglesias–, poemas con la frescura de lo auténtico, entre los cuales encuentro éste del siglo XVII, bellísimo, que se canta en mi pueblo: En el portalico, el niño duerme/ San José vela./ Del seno de la Virgen/ se ha caído un clavel./ Qué orgulloso que está el heno/ porque ha caído sobre él.




Plaza de Villanueva de la Reina (Jaén, España) iluminada con motivo de la Navidad

Imágenes y texto originales de José Del Moral De la Vega (Artículo publicado en el periódico HOY el 22 de diciembre de 2009)

domingo, 20 de diciembre de 2009

LOS NIÑOS NOS SALVAN (Cuentecico de Navidad –pero de verdad–)


El siglo XVIII fue terrible para la Humanidad. Las personas morían a miles a consecuencia de la enfermedad conocida como viruela.
El médico Jenner descubrió que las ordeñadoras de vacas tenían sus manos llenas de pústulas de la viruela, pero nunca contraían severamente la enfermedad. Al inocular a un niño aquellas pústulas, ellas se reprodujeron en el chiquillo, y éste, al igual que las ordeñadoras, resultó inmune al mal. –Se había descubierto “la vacunación”, uno de los procedimientos más potentes para la prevención de enfermedades–. Jenner publicó sus experimentos en 1798, y después de poco más de un año, ya se estaba aplicando en España.
Constatado el éxito de la vacuna, el médico del rey Carlos IV, el doctor Balmis, le propuso al monarca que se organizase una expedición por todos los territorios de la Corona (España, América y Filipinas), a fin de preservar a sus habitantes de la viruela mediante una campaña de vacunación masiva. El rey accedió, pero había un problema: para obtener la reproducción de las pústulas infectivas era necesario inocular a un niño, y como a los siete o diez días éste vencía la enfermedad, sus pústulas ya no eran infectivas, por lo que había que infectar a otro. ¿Cómo resolver el problema para llevar la vacuna de España a América, donde la travesía era de bastantes semanas?
El doctor Balmis solucionó el problema contando con 22 niños huérfanos gallegos. Ellos serían infectados, sucesivamente, a lo largo de la travesía, a fin de llegar a América con las pústulas de la viruela infectivas.
En noviembre de 1803, médicos, enfermeros, sirvientes de los niños y la rectora del orfelinato partían del puerto de La Coruña, rumbo a América, para combatir contra aquel jinete del Apocalipsis.
A partir de la Navidad de 1803, cientos de miles de personas, desde San Francisco hasta la Patagonia, fueron preservadas de la enfermedad gracias a aquella aventura de unos locos españoles; y desde América, 25 mexicanitos llevaron la medicina viviente a Filipinas, desde donde otra expedición llegó hasta China.
–¡Otra vez la historia de David contra Goliat! Los más débiles son los que siempre derrotan al monstruo. En 1814, aquella cruzada terminó: el amor, la ilusión y la ciencia habían vencido.
Este es, probablemente, el capítulo más bello de la historia de la medicina.
En estas fechas conmemoramos el nacimiento de un niño, símbolo del amor como instrumento para regresar al Paraíso, de donde la evolución de nuestra corteza cerebral nos expulsó. Y es que, aunque resulte paradójico, los niños son siempre los que nos salvan.


Rutas de la campaña contra la viruela (1803-1814) desde España a América y, desde allí, a Asia.


Composición de josé del moral de la vega

martes, 15 de diciembre de 2009

LA DEHESA ARBOLADA SE MUERE (La muerte silenciosa de los árboles, “la Silenciosa”) 2*


Fig. 1 En numerosas comarcas de la Península Ibérica es frecuente que, después de fuertes vientos, se produzca caída de ramas y árboles, fenómeno que preocupa seriamente a los agricultores y causa alarma social.

*Debido a la extensión de este tema, se presenta en sucesivos spots con el mismo título, y numerados de forma correlativa.

Desde finales del siglo pasado, en numerosas comarcas de la Península Ibérica es frecuente que, después de que se produzcan fuertes vientos o nevadas, aparezcan caídos árboles enteros o ramas principales (Fig. 1).
Al observar la madera de los elementos caídos se puede apreciar que el corazón de la madera (duramen), cuya función es servir de esqueleto al árbol, está agujereado como si se tratara de un queso “Gruyere” (Fig. 2), razón por la que, al perder su potencia, cualquier meteoro con una cierta intensidad (viento fuerte o nieve) provoca la caída de los órganos afectados.
El fenómeno es bastante similar a la enfermedad de los humanos conocida como osteoporosis –los huesos están tremendamente agujereados por falta de calcio, y pierden su función de sostén del cuerpo–, enfermedad que no produce síntomas en la persona que la padece, hasta que un día, de manera imprevista y sin causa aparente, esa persona se cae al suelo con la cadera rota. Es por ello que los médicos definen a esa enfermedad como “silenciosa”; y un médico extremeño, propietario de una dehesa afectada por estos síntomas, definió así la alteración que presentaban sus árboles, nombre vernáculo que ha sido aceptado para definir este fenómeno parasitario.


Fig. 2. Al realizar una inspección en los órganos caídos se puede observar que los troncos, aparentemente sanos, tienen su interior agujereado.

Texto e imágenes de José Del Moral De la Vega

viernes, 11 de diciembre de 2009

LA DEHESA ARBOLADA SE MUERE. (La muerte silenciosa de los árboles, “La Silenciosa”) 1*


Fig. 1. El Bosque mediterráneo es una formación vegetal natural en donde la cobertura arbórea está constituida, principalmente, por especies del género Quercus spp (encina, alcornoque, roble, quejigo…).
Vista de Bosque mediterráneo en Las Villuercas (Extremadura).


*Debido a la extensión de este tema, se presenta en sucesivos spots con el mismo título, y numerados de forma correlativa.

El Bosque mediterráneo (Fig. 1), formación vegetal natural que se corresponde con el clima Mediterráneo, ha sido transformado por el hombre, desde hace miles de años, en un agrosistema para la obtención de madera, corcho, redileo de especies animales…Ese agrosistema se llama Dehesa arbolada (Fig. 2), y la FAO lo ha declarado “uno de los bienes más preciados de la humanidad”.
La Península Ibérica, con unos 4 millones de hectáreas, es la depositaria de esa joya de la naturaleza, siendo Extremadura, Alentejo, Andalucía y Castilla donde más predomina.
Actualmente, la Dehesa arbolada está gravemente amenazada, existiendo enclaves donde más del 90% de sus árboles están parasitados; pero investigadores del INIA y de la Junta de Extremadura están obteniendo resultados muy prometedores para restituir la salud de los árboles afectados.
Con el interés de dar a conocer este problema vamos a ir presentado, de manera resumida y en spots sucesivos, los estudios y resultados que se están obteniendo.


Fig. 2. Cuando en el Bosque mediterráneo se elimina la cobertura arbustiva, manteniendo la herbácea y la arbórea, se produce un agrosistema llamado Dehesa arbolada -en España-, y Montado -en Portugal-, que ha sido calificado por la FAO como “uno de los bienes más preciados de la humanidad”.
Vista de una Dehesa arbolada (Fig. M. Espejo)


josé del moral de la vega