jueves, 19 de agosto de 2010

Arqueología del mundo rural ordenada en el calendario: agosto


Hace mucho tiempo, por agosto, cuando para poner fresquitos los alimentos había que meterlos dentro de una canastilla de mimbre y bajarlos al agua del pozo, los niños teníamos un deseo irrefrenable: irnos a las eras a jugar entre las bestias, los carros, los muleros y las parvas.

En las eras, siempre, poderoso referente fueron las parvas.
parva.- Mies tendida en la era para trillarla, o después de trillada, antes de separar el grano. –Del libro “Voces del Campo”-

Imágenes y texto de José Del Moral De la Vega

8 comentarios:

tatiana dijo...

Hola que tal¡

Mi nombre es tania soy administradora de un directorio de webs/blogs, navegando por la red ví tu página y está muy buena, sería genial contar con tu site en mi sitio web y asi mis visitas puedan visitarlo tambien.

Si estas de acuerdo solo escribeme.
tajuancha2010@gmail.com
Exitos, un beso

july dijo...

Hola que tal soy July la webmaster de una web de videos estuve viendo tu blog y está muy bueno, me gustaria añadirlo a mi web, si estas deacuerdo no dudes en escribirme, besos.

http://www.hoyvideosonline.com
Videos
seo2@promocionwebperu.com

José Del Moral De la Vega dijo...

Muchas gracias, Tatiana, por tu visita y tu invitación.
Saludos cordiales

José Del Moral De la Vega dijo...

Estamos encantados de que nos vincules a tu web. Muchas gracias July.
Saludos afectuosos

Carla dijo...

Hola José! Encantadora frase. Es histórica!
Saludos!

José Del Moral De la Vega dijo...

Me alegra que te guste, Carla.
Un abrazo

angélica beatriz dijo...

¡Qué hermosos recuerdos de cuando eras un niño, querido José! No hay duda de que la grandeza del campo te marcó para toda la vida.

¡Enhorabuena!

Un abrazo grande para ti.

José Del Moral De la Vega dijo...

Es cierto, Angélica. La vida de un niño en el mundo rural está muy próxima a la naturaleza, y ello marca para toda la vida. Estos niños nunca olvidarán cómo cantan los gallos al amanecer, ni el olor de la hierba recién cortada, ni el sabor de la leche acabada de ordeñar...Porque ese ambiente, al menos para un niño, es lo más próximo al paraiso.
Un abrazo