viernes, 15 de octubre de 2010

AMÉRICA, NUESTRA ESPERANZA


Mural de Daniel Vázquez (1929) que tapiza el interior del convento de La Rábida (Huelva) y donde aparece Colón exponiendo su teoría sobre el “camino a las Indias”.

La civilización, como los árboles filogenéticos de las especies biológicas, se va construyendo a partir de unas culturas sobre otras: Mesopotamia, asirios, egipcios, persas, griegos, romanos, árabes…; el italiano Marco Polo se fue a China, y de vuelta se trajo la imprenta, la pólvora y la brújula, y con ellas se inició un Renacimiento que permitió a Colón llegar a América. De allí nos vienen hoy los vientos del progreso, y ayer mismo un escritor –Vargas Llosa– ha sido premiado por llenar a los hombres de emociones con solo la palabra, la misma que utilizaba Cervantes.
El doce de octubre pasado han hecho quinientos dieciocho años que Colón y sus marineros quedaron extasiados al ser los primeros europeos que contemplaban América. La vida de este héroe y la historia de aquella epopeya son hechos que dignifican al género humano, y rememorarlas es un magnífico ejercicio para mantener la esperanza en el hombre y su civilización.
Pero los encuentros entre especies, personas, culturas… distintas, no siempre están llenos de equilibrio y entendimiento. De aquel encuentro entre americanos y europeos –encontronazo más bien, por lo instantáneo del descubrimiento de unos y otros– surgieron también hechos salvajes y execrables que a unos y otros nos avergüenzan.
Mantener la veracidad de los hechos históricos es un deber de todas las generaciones humanas, pero revolver en ellos para situarse en un permanente memorial de agravios con el que alimentar los odios de unos contra otros, es una tarea con la cual los nacionalistas justifican la manipulación de los agraviados.
La vida de Colón y el descubrimiento de América constituyen una epopeya tan grandiosa como la que compuso Homero de los héroes griegos, y conocerla es el mejor ejercicio para recargar el alma de confianza en el género humano.

Monumento a Colón delante del convento de La Rábida (Huelva)

Imágenes y texto de José Del Moral De la Vega

8 comentarios:

BEATRIZ dijo...

Con Colón también comenzaron cosas maravillosas, como en todo descubrimiento, para unos la fe, para otros el conocimiento de mundos lejanos, fue un abrir los ojos para todos.

Saludos Pepe.

Gracias por la mención de Vargas Llosa. Lo supe extasiada a la mañana de los resultados.

José Del Moral De la Vega dijo...

Muchas gracias por tu visita, Beatriz.
Esta reflexión ha surgido después de una corta visita al convento de franciscanos (La Rábida) y al puerto (Palos de la Frontera) de donde salió Colón con sus marineros para América. Pasear por allí es un viaje apasionante al pasado. Y yo estoy convencido de que unos y otros nos entendemos mejor cuando descubrimos a Colón y su aventura.
Un abrazo

RAFAEL LIZARAZO dijo...

Hola, José:

Iberoamericanos: El nombre lo sintetiza todo y por lo tanto somos hermanos, el conocimiento de la historia debe unirnos aún más puesto que con la globalización actual las distancias se acortan y la integración, tanto comercial como cultural, señala el camino hacia un futuro mejor.

Gracias por visitarme y comentarme tan amable y sentidamente.

Abrazos.

José Del Moral De la Vega dijo...

Yo estoy convencido, amigo Rafael, que una civilización fundamentada en el planteamiento humanístico que se expone en el Quijote -base de la cultura Iberoamericana- junto al planteamiento científico-tecnológico de los anglosajones, sería un verdadero camino al paraiso.
Un abrazo

Carla dijo...

Muy interesante. Es bueno conocer la historia, para poder contarla también.

José Del Moral De la Vega dijo...

La historia de las cosas, amiga Carla, es su alma, y cuando se conoce y se contemplan, todo aparece ante nosotros de una manera bien distinta a como se ven a "simple vista".
Muchas gracias por tu visita.
Un abrazo

angélica beatriz dijo...

Querido José, ¡cuánta verdad encierran tus palabras!

Colón tendió un puente entre dos mundos, y es obligación de todos sostenerlo, preservando el abrazo fraterno que dio vida a ese camino de almas.

Bellísimas fotografías, José querido, gracias por todo.

Un beso.

José Del Moral De la Vega dijo...

Lo vamos a intentar, Angélica.
Muchas gracias por tu visita y tus palabras.
Un abrazo