viernes, 16 de septiembre de 2011

Septiembre

Françoise Hardy, Des ronds dans l'eau (1967)

La mañana en que la familia dejó el apartamento de al lado, aproveché un descuido de las limpiadoras y entré. Buscaba algún rastro de la chica. En uno de los dormitorios vacíos, sobre la mesilla de noche, un calendario de bolsillo de la Caja Postal. Eso era todo. Fin de las vacaciones, al día siguiente volvíamos a casa.


Texto: Diego

sábado, 3 de septiembre de 2011

El vino de Extremadura


Cuando en el campo se araba con yuntas de mulos, los labradores andaluces, por Vva. de la Reina, animaban el trabajo con un cante difícil y bellísimo, llamado “mulera”, un palo del flamenco donde, como en la nana o el martinete, no hay más que la voz del que canta.

Cuando la tierra se labraba con yuntas de mulos, a los “lejíos” del pueblo por donde jugábamos los niños llegaban, desde la Campiña, los cantes con que los labradores entretenían su labor. Esos cantes se llaman muleras, y como otros palos del flamenco, el cantaor no puede ayudarse de más instrumento que los ruidos del trabajo –el hombre, la tierra, el arado, los mulos, los arreos…–. Una muestra musical de la pureza –voz, sentimiento y naturaleza– que surge en el mundo rural y donde descubrimos que, precisamente, en lo sencillo es donde se esconde lo valioso.
Los vinos de la Tierra de Extremadura son un ejemplo más de esa sencillez que, aparentemente, muestran las cosas valiosas del mundo rural, y cuando los bebo no puedo evitar el recuerdo de una de las muleras que yo oía cuando niño:
El vino de mi tierra
es bronco al primer tiento,
pero al siguiente
suave y jugoso como tu aliento.


Vino joven de la Tierra de Extremadura

Imágenes y texto de José Del Moral De la Vega