sábado, 30 de junio de 2012

La Campiña en verano es amarilla


En Extremadura, los paisajes de la Campiña Sur son, por su calma y sobriedad, de una extraordinaria belleza.

Barcinada la cosecha el campo extremeño no es más que paja, el rastrojo de un inmenso milagro en el que átomos y energía se han convertido en trigo con el que el hombre hace pan que se transforma en gozo, y este en alegría, y la alegría, como la paja, es lo que siempre queda de una presencia extraña que no está hecha de átomos, ni energía, ni está sometida a norma alguna, y que solo se sabe de ella porque emociona.

Eternity and a day... - "Hearing Time" - (Eleni Karaindrou)


Texto e imágenes de José Del Moral De la Vega


7 comentarios:

RAFAEL H. LIZARAZO dijo...

Amarillos como el oro o el pan recién horneado, son los campos después de la cosecha, muy bonitos se ven los paisajes.

Un abrazo.

José Del Moral De la Vega dijo...

Es cierto, Rafael.¡Qué metáfora tan bonita has elegido! ¡Qué valioso es el pan recién horneado! Muchas gracias por tu visita. Un abrazo

Marian Quirós dijo...

Preciosos los colores que la naturaleza nos regala ...

José Del Moral De la Vega dijo...

A veces no disfrutamos de cosas valiosísimas que nos rodean, por el simple hecho de que están ahí y no nos cuestan dinero. Cuando se pasa junto a un paisaje como ese, junto a la carretera, hay que detener el auto, bajarse y adentrarse en el rastrojo. Y al poco se empiezan a oír chicharras, grillos, cebolleros...y así, entre la paja y el polvo, dentro de la naturaleza, uno se siente más humano.
Muchas gracias por tu visita, Marian

angélica beatriz dijo...

Qué bonito todo lo que dices, querido José.

Tienes el don de entrelazar dulcemente las palabras con el sentimiento, y eso, mi amigo querido, es un regalo para los que tenemos la suerte de escucharte.

La imagen es preciosa, igual que la música. Gracias también por ellas.

Un beso.

José Del Moral De la Vega dijo...

Como siempre, querida Angélica, tus comentarios a mis post son muy generosos. Muchas gracias. Un beso

Javier Jiménez dijo...

Miles de años domesticando el cereal, y todavía nos sorprende hasta la belleza del rastrojo...

Bonita foto.

Un abrazo.