lunes, 22 de octubre de 2012

El aire que cura las enfermedades (I)

Los meandros del Guadalquivir en Villanueva de la Reina (Andalucía) tienen unas características ambientales especiales. En uno de ellos, junto a la antigua ermita de Santa Potenciana, se han sucedido una extraordinaria cantidad de fenómenos antropológicos.


En los procesos orgánicos de los humanos se producen unas sustancias, denominadas radicales libres, que son muy peligrosas para la salud al provocar una serie de alteraciones tales como envejecimiento precoz, depresión, alergias, cardiopatías y, lo más peligroso, cáncer.
En estos procesos naturales aparecen, también, unos “exaltadores del mal” o elementos perniciosos, y unos “correctores” o elementos buenos que se conocen como antioxidantes. Entre los primeros se encuentran: grasas saturadas, contaminación, radiaciones, determinadas sustancias químicas, drogas, etc, y entre los segundos están algunas vitaminas, resveratrol (en el vino), selenio (en el pulpo), flavonoides (en la granada), etc.
Para suerte del hombre, dentro del grupo de los elementos defensores de la salud existen, además de los citados anteriormente, unos iones “buenos” cuya presencia está en el ambiente, aunque no todos los ambientes tienen igual cantidad de ellos –en el interior de una casa su concentración es de unos 100/cm3, mientras que a la orilla de un río se contabilizan unos 70.000/cm3
Es cierto que nuestros abuelos  experimentaban que a la orilla de un río, en una montaña, dentro de un bosque, se tiene una sensación de bienestar; ahora conocemos, científicamente, las razones que mejor pueden explicar el fenómeno.  
En el curso medio del Guadalquivir, por Villanueva de la Reina, el río traza una serie de meandros por los cuales la corriente discurre rapidísima o remansada, y donde aparecen zonas de sedimentación llenas de una vegetación lujuriante. En uno de estos lugares está el Batán de Santa Potenciana, un espacio que hoy podemos asegurar, con argumentos de la física, que ayuda a curar las enfermedades del cuerpo y del alma, y donde a lo mejor no es por casualidad que, desde hace más de veinte siglos, aquí se han sucedido extraordinarios fenómenos antropológicos.



En mitad del Guadalquivir, frente a la antigua ermita de Santa Potenciana, existe un batán que ha desafiado la corriente del río durante cientos de años. Encastrada en sus paredes, una lápida proclama que en sus inmediaciones estaba Iliturgi, afirmación que coincide con el lugar que señala Antonino para esa ciudad en el itinerario romano entre Córdoba y Cástulo. 
Texto e imágenes de José Del Moral De la Vega

6 comentarios:

Antonio Vargas dijo...

Esto si que mola.

José Del Moral De la Vega dijo...

¡Es que la naturaleza, amigo Antonio, sí que es generosa, y no los políticos salvapatrias que nos está tocando sufrir!
¿Podrías tu calcular el grado de felicidad que nos producía recorrer, río abajo, esos parajes casi celestiales?

BEATRIZ dijo...

ahora comprendo un poco lo de mis alergias, es que quizá aquí hay menos de esos iones buenos, vaya, aprendemos algo nuevo todos los días.

Saludos José.

José Del Moral De la Vega dijo...

Pues si no quieres tener problemas lo tienes fácil, tomas a tu familia y te vienes una temporada. A lo mejor se te quita la alergía para siempre. Saludos

RAFAEL H. LIZARAZO dijo...

Hola, José:

Ahora entiendo la sensación de bienestar que me abraza cuando bajo a mi pueblo y me voy a caminar por la orilla del río.

La naturaleza es muy sabia y generosa.

Un abrazo.

José Del Moral De la Vega dijo...

Es cierto, Rafael. A veces ignoramos que la experiencia es la madre de la ciencia, y lo que descubrimos empíricamente es inexcusablemente cierto; detrás viene la ciencia, pero es para matizarlo y corroborarlo.
Un abrazo