jueves, 25 de octubre de 2012

El aire que cura las enfermedades (II)

Croquis realizado a principios del siglo XVII por Ximena Jurado en el que se localiza la ermita de Santa Potenciana e Iliturgi junto a uno de los meandros del Guadalquivir cercano a Villanueva de la Reina (Andalucía). En este lugar, desde hace más de veinte siglos, se han producido una extraordinaria cantidad de fenómenos antropológicos importantes.


Los meandros del curso medio del Guadalquivir tienen una altísima concentración de iones con propiedades curativas, capaces de neutralizar los radicales libres nocivos que hay en el aire. Algunos de esos meandros están poblados de eucaliptos, un árbol que llegó a España en la época Victoriana de la mano, principalmente, de misioneros españoles en Australia.
El eucalipto, a pesar de ser denostado por determinados grupos de opinión, tiene unas excepcionales cualidades:  produce sustancias de interés farmacológico y cosmético, genera extraordinarias cantidades de polen –es el árbol que más rendimiento da a la producción de miel–, es un extraordinario fijador de CO2 y, consecuentemente, generador de O2, la sustancia fundamental de los animales –en términos de estricta ciencia biológica, la vida no es otra cosa que una cadena de electrones al oxígeno–, pero sobre todo es un árbol depurador del ambiente, no solo porque absorbe y transforma el gas tóxico monóxido de carbono (CO), sino porque su follaje fija peligrosísimos elementos tóxicos como cadmio, plomo, níquel, etc.  
Esas cacterísticas, alta concentración en el ambiente de iones con propiedades curativas, alto nivel de O2, y un aire depurado de elementos tóxicos, hacen que los meandros del Guadalquivir con eucaliptos sean una especie de sanatorios ambientales contra enfermedades somáticas y psíquicas.
Pasear por uno de estos meandros es como entrar en un lugar salvífico donde se curan enfermedades y tristezas; y es casi seguro que llegará un día que se venderá embotellado, y muy caro, el aire del meandro del Guadalquivir donde está Santa Potenciana. 



El eucaliptal existente actualmente junto a la ermita de Santa Potenciana (Villanueva de la Reina) se puede considerar un auténtico sanatorio contra las tristezas del alma y las miserias del cuerpo.

Texto e imágenes de José Del Moral De la Vega

lunes, 22 de octubre de 2012

El aire que cura las enfermedades (I)

Los meandros del Guadalquivir en Villanueva de la Reina (Andalucía) tienen unas características ambientales especiales. En uno de ellos, junto a la antigua ermita de Santa Potenciana, se han sucedido una extraordinaria cantidad de fenómenos antropológicos.


En los procesos orgánicos de los humanos se producen unas sustancias, denominadas radicales libres, que son muy peligrosas para la salud al provocar una serie de alteraciones tales como envejecimiento precoz, depresión, alergias, cardiopatías y, lo más peligroso, cáncer.
En estos procesos naturales aparecen, también, unos “exaltadores del mal” o elementos perniciosos, y unos “correctores” o elementos buenos que se conocen como antioxidantes. Entre los primeros se encuentran: grasas saturadas, contaminación, radiaciones, determinadas sustancias químicas, drogas, etc, y entre los segundos están algunas vitaminas, resveratrol (en el vino), selenio (en el pulpo), flavonoides (en la granada), etc.
Para suerte del hombre, dentro del grupo de los elementos defensores de la salud existen, además de los citados anteriormente, unos iones “buenos” cuya presencia está en el ambiente, aunque no todos los ambientes tienen igual cantidad de ellos –en el interior de una casa su concentración es de unos 100/cm3, mientras que a la orilla de un río se contabilizan unos 70.000/cm3
Es cierto que nuestros abuelos  experimentaban que a la orilla de un río, en una montaña, dentro de un bosque, se tiene una sensación de bienestar; ahora conocemos, científicamente, las razones que mejor pueden explicar el fenómeno.  
En el curso medio del Guadalquivir, por Villanueva de la Reina, el río traza una serie de meandros por los cuales la corriente discurre rapidísima o remansada, y donde aparecen zonas de sedimentación llenas de una vegetación lujuriante. En uno de estos lugares está el Batán de Santa Potenciana, un espacio que hoy podemos asegurar, con argumentos de la física, que ayuda a curar las enfermedades del cuerpo y del alma, y donde a lo mejor no es por casualidad que, desde hace más de veinte siglos, aquí se han sucedido extraordinarios fenómenos antropológicos.



En mitad del Guadalquivir, frente a la antigua ermita de Santa Potenciana, existe un batán que ha desafiado la corriente del río durante cientos de años. Encastrada en sus paredes, una lápida proclama que en sus inmediaciones estaba Iliturgi, afirmación que coincide con el lugar que señala Antonino para esa ciudad en el itinerario romano entre Córdoba y Cástulo. 
Texto e imágenes de José Del Moral De la Vega

jueves, 11 de octubre de 2012

De lo infinito a la belleza

El científico actual se asombra al desvelar el poder de una planta para transformar lo infinito en finito, pero mucho antes, el labrador descubrió que esa planta era bella, y nada más. ¿Será tan  valiosa la eficacia como la belleza, o serán dos caras de la misma esencia?


La planta, merced a su DNA, cambia lo infinito de la naturaleza –el aire, el agua, los minerales y la luz– en materia finita. La vaca se nutre de la planta,  el hombre se come a las dos, y el alimento se transforma en pensamiento, palabra y hechos buenos o bellos que nos emocionan, sin que alcancemos nunca  a descubrir cuánta es su energía ni a dónde irá esta a parar. 


La maceta que ha colocado mi hermana al borde del mirador del jardín, con el sol de las once haciendo sombras en la cal de la pared, crea un cuadro que emociona ¿De dónde vendrá y adonde irá esta belleza sencilla y gratuita del patio de mi casa?

Texto y figuras de José Del Moral De la Vega