miércoles, 15 de enero de 2014

EL ACEITE DE OLIVA, PILAR DE LA SOSTENIBILIDAD DEL MUNDO RURAL

Parajes concretos de Andalucía, como los montes de Vva. de la Reina (Jaén), están produciendo aceites que son la admiración del sector mundial de la restauración,  manjares fundamentales en la sostenibilidad del mundo rural que estamos obligados a catalogar para su justa valoración.


El aceite de oliva, mucho más que un alimento, constituye uno de los elementos con los que se ha edificado la cultura mediterránea. Ungidos con él son bautizados los cristianos cuando entran a su fe, con él son despedidos de la vida en la extremaunción, y el símbolo de la paz es una rama de olivo.

Este aceite ha sido, durante miles de años, sustento de pobres y medicina de enfermos; él fue, hasta el descubrimiento de la electricidad, fuente de iluminación;  con él se han conservado alimentos cuando no se conocía la industria del frío y, gracias a él, sin que tuvieran conocimiento de ello, sus consumidores han tenido la tasa mundial más baja de cardiopatías. 

El olivo es fundamental en el equilibrio agroecológico de la agricultura mediterránea, genera oxígeno, fija dióxido de carbono y evita la erosión del suelo; con sus hojas han ramoneado rebaños y con su madera se han mantenido hasta antes de ayer los hornos de pan de muchos de los pueblos españoles.

El olivar es base de la principal actividad agroalimentaria de Jaén, que ha generado una importantísima riqueza y propiciado el sustento  de millones de personas durante cientos de años. La mejora del cultivo y los sistemas de extracción de aceite al final del pasado siglo ha sido extraordinaria, pero no ha sido igual la mejora de su comercialización ni la tipificación del aceite, existiendo en la actualidad diversos sistemas de producción (diferente densidad de plantación, secano/regadío, distinta recolección…) que tienen influencia en las características del aceite y de lo cual el consumidor no es informado en las etiquetas del producto elaborado.

Actualmente, en las Vegas del Guadiana, Guadalquivir, y en otras zonas del norte de África y Turquía se están implantando miles de hectáreas de olivar de cultivo superintensivo (>1400 pies/ha, >20.000 kg/ha de aceituna) y extraordinariamente mecanizado (recolección en 0,5 ha/h, con un coste aproximado de 150 €/h), sistemas de cultivo con cuyos rendimientos es imposible que los olivares tradicionales (de peana) puedan competir, si solo se valora la producción por su cantidad.

Un fenómeno similar (distintos sistemas de producción no bien descritos al consumidor) ha ocurrido en España en el sector del cerdo ibérico, y ello ha provocado, en  los últimos años, la ruina del mismo, fenómeno que de producirse en Jaén ocasionaría un desastre socioeconómico de proporciones incalculables.


Ha llegado la hora –y son menos cinco– de que todo el sector olivarero, junto al poder político, se sienten y armonicen los distintos sistemas de producción del aceite de oliva con su calidad y comercialización. 
Los olivares tradicionales –de peana le llamaban antiguamente en mi pueblo– con un extraordinario valor agroecológico, no pueden defender su viabilidad si solo se valoran por la cantidad de aceitunas producidas.
  

Figs. y texto originales de José Del Moral De la Vega

4 comentarios:

Javier Jiménez dijo...

Qué razón tienes Pepe. Algunas zonas del norte de África están sufriendo una auténtica "fiebre" del olivo,con mega proyectos de plantación.Sólo hay un camino: hacer valer las diferencias y no bajar el listón de la calidad.
Un abrazo.

Javier Jiménez

José Del Moral De la Vega dijo...

Parece increíble, amigo Javier, que ante un terremoto anunciado, la gente no quiera dejar la fiesta. De todos modos, algunos ya lo hemos anunciado.
Un abrazo

RAFAEL H. LIZARAZO dijo...

El aceite de oliva es un verdadero regalo de Dios y lo ha sido desde tiempos inmemoriales, pero el avaro mercantilismo no repara en tradiciones y prefiere cantidad que calidad, es una lástima.

Por aquí en Colombia casi no hay olivares, esto hace que el aceite sea importado y su costo no esté al alcance de todos, solamente de los más pudientes.

José Del Moral dijo...

Es cierto, amigo Rafael. Eso sería lo ideal, una producción mundial suficiente y asequible para cualquier economía, como debe ser para todos los alimentos, y una producción bien diferenciada por su cualidad para que se adquiriese como cualquier otro manjar.
Un abrazo