jueves, 2 de enero de 2014

LO QUE HAY DELANTE Y NO SE VE

Impresionante vista de un paisaje de Villanueva de la Reina –aparece enmarcada al fondo–  contemplado desde la mina Salas de Galiarda.

No hace mucho, un grupo de amigos hicimos una excursión para descubrir una mina de interés arqueológico con más de 2000 años de antigüedad –Salas de Galiarda–. Su hallazgo y contemplación fue un extraordinario motivo de alegría, pero lo que no sospechábamos que íbamos a descubrir era un paisaje, inédito para nosotros, del valle existente entre las cordilleras Bética y Penibética.

Durante toda mi vida, desde el mirador del patio de mi casa en Villanueva de la Reina he podido disfrutar del bonito panorama que ofrece el valle del Guadalquivir, pero ahora, observado dicho valle desde el sitio opuesto, lo que se contempla es una vista grandiosa de la misma realidad, espectáculo que produce una profunda emoción que conduce, inexorablemente, a lo reverencial.

La experiencia vivida me lleva de la emoción a la reflexión, y de esta a la física: dos resultados (paisajes) distintos de una misma esencia. Metáfora que parece propia de la física cuántica: tras la multiplicidad de las apariencias subyace la unidad de la realidad, una realidad donde se funden el observador y lo observado.


–¿Producirá, la contemplación de paisajes inmensos y bellísimos, como éste,  la magnificación del alma? ¿Llegará algún día en que el remedio a tantos desequilibrios psíquicos se produzca desde la admiración espiritual de lugares tan grandiosos y encalmados como el que se disfruta desde este lugar?
El placer que produce el turismo naturalista, arqueológico, paisajístico, etc, puede ser muy superior al turismo urbano o playero.
José Del Moral De la Vega

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