lunes, 31 de marzo de 2014

LA POLÍTICA INTELIGENTE

La magnífica escultura realizada por Miguel Peinado Blanco en Vva de la Reina (Andalucía) para simbolizar la Constitución de 1978 se superpone sobre las piedras del templo. El resultado es bellísimo.

Somos cultura y esta se estructura mediante un sistema de símbolos –nuestro nombre, nuestra  lengua, nuestro arte, nuestras recetas culinarias, nuestro folklore, etc.– Sin ellos no somos nada. Decía Jung: el que habla con símbolos habla mil lenguas. Por ello, los mayores criminales, antes que a los hombres matan los símbolos –los nacionalistas están permanentemente empeñados en destruir los símbolos del Estado contra el que luchan –en nuestro país: contra la monarquía, la bandera y hasta el mismo nombre (España)–.
En mi pueblo (Vva de la Reina), un pequeño lugar de Andalucía, existía un monumento en memoria de personas asesinadas por una de las facciones contendientes en la guerra civil española del 1936. Evidentemente, era un símbolo de los ganadores, cuya forma de gobierno fue la dictadura. Alcanzada en España la democracia, la  mayoría del pueblo estaba de acuerdo en destruir ese símbolo, que solo representaba a una parte de las víctimas de una guerra tan cruel, o bien construir otro para los demás inmolados. Y  los socialistas que en esos momentos lideraban la corporación tuvieron una idea inteligente: cualquier símbolo de la guerra de 1936 es una mirada para atrás, es un recuerdo, para unos o para otros, a la violencia, la miseria, la venganza… Y se dijeron: cambiemos el monumento de los vencedores por otro nuevo que exalte la paz, la concordia, el progreso. Sustituyamos el pasado por el futuro. Utilicemos la historia, no para recrearnos morbosamente en las heridas, sino para no volver a repetir errores y para diseñar un futuro en Paz de unos con otros.
El símbolo creado: una mujer –la fecundidad–, sostiene un ejemplar de la Constitución de 1978 –la concordia– y de su mano sale una paloma –la paz que vuela al progreso–. Ahora, la sombra de ese símbolo se superpone sobre las piedras centenarias del templo y, como si de un milagro se tratara, se funde con su arquitectura; pero mucho más profundamente que sobre las piedras del templo, ese símbolo de concordia, de paz y progreso, penetra día a día en el alma de las nuevas generaciones.
Texto e imagen originales de José Del Moral De la Vega

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