miércoles, 9 de abril de 2014

CAMPESINOS

Cuadrilla de aceituneros en Vva de la Reina (1960)

En muchos escenarios representa el hombre su obra: El gran teatro del mundo. El más apropiado, el campo. No necesita bambalinas ni efectos especiales. Ni académicos saberes los artistas… Sencillez y sensibilidad les sobra para contemplar admirados, boquiabiertos, el vuelo de un águila o el de una mariposa.
¡Ah, los hombres del campo…! ¿Qué son? ¿De qué están hechos? Por sus andanzas, dependencia, amores y desamores con la tierra, de tierra parecen estar hechos. Por la hebra que los sostiene, resecos, duros, macizos ¿no serán un sarmiento, un tronco humanizado?
¿Un encino sin otra fronda que dos ramas de acero hechas para trabajar y abrazar?
Más allá del sol, el viento y las lluvias ¿qué buriles lo esculpieron? Ni un gramo de grasa le dejaron. Un manojo de músculos y nervios montado sobre un espíritu irrompible. Una bestia divinizada es, que vive el drama de la tierra en lucha y amor permanentes, tensos.
Suyos son por conquista el cielo y la tierra, el lenguaje de las bestias y de las plantas. Ellos le dictan su calendario. Y, por bien entenderlo, espiando el tiempo ha de vivir. En ellos tiene su universidad. Tal vez sea analfabeto. Pero de corrida sabe leer el gran libro: la Naturaleza. Dividido en cuatro partes. Y a cada una de las cuatro les rebusca y halla duende para vivirlas con gozo y provecho.
No sabe álgebra. Pero sabe que en el campo hay que vivir en disposición de siembra y trabajo permanente. Y sabe que, a la hora de arrojar la semilla, ha de predominar la esperanza sobre el riesgo.
Una enciclopedia es. Sabe cuándo el níscalo es más sabroso y acoge menos arena. Y que, si al ajo no lo siembras por San Martín, será escaso y ruin. Predice la lluvia en el pelo de las bestias, en el vuelo de las aves y en el ritmo de la ringlera de las hormigas.
Y persuadido está de que la lidia con la tierra es lucha y amor.

Imagen y texto del libro Voces del Campo (Jesús Burgos, J.M. Berzosa, J. Del Moral)

2 comentarios:

RAFAEL H. LIZARAZO dijo...

Hola, José:

Nada seríamos sin las manos campesinas, las que trabajan de sol a sol, las que labran la tierra con infinita sabiduría y gran tesón para proveernos el alimento como fruto de su amor por el campo.

Es un texto muy bello el nos compartes, igualmente la imagen.

Abrazos.

José Del Moral De la Vega dijo...

Muchas gracias, amigo Rafael, solo hago justicia con el pueblo del mundo rural.
Un abrazo