lunes, 8 de diciembre de 2014

LOS MANTECADOS, DULCES DE NAVIDAD

Los mantecados son, probablemente, los dulces más populares de la Navidad en España.

A mediados del pasado siglo, un alto funcionario del Ministerio de Agricultura de España fue invitado a visitar un centro de investigación francés cuya actividad principal era la obtención de nuevas variedades de trigo.
Admirado por una de aquellas variedades, el funcionario español, en un descuido de sus anfitriones, no pudo vencer la tentación de coger un puñado y guardárselo en el bolsillo.
Una vez en España, la semilla fue sembrada muchas veces hasta tener cantidad suficiente para poder distribuirla a los agricultores, que comprobaron los excelentes resultados de aquel trigo.
¿Y qué nombre se podía dar a una variedad de trigo que, aunque con un buen fin –combatir el hambre de los españoles de aquellos tiempos-  había sido robada a los franceses? El más adecuado que pareció a los técnicos del ministerio fue “Dimas” –el nombre del buen ladrón que fue crucificado junto a  Jesús–.
Todavía hoy se cultiva esa variedad en España, y con su harina se elaboran los mejores mantecados de Estepa, dulces que todos los años, por Navidad,  llegan a los rincones más apartados del mundo.
¿Sabrán los neozelandeses –algunos de los muchos habitantes del mundo que consumen mantecados– que la calidad de estos dulces ha sido posible gracias a que unos científicos franceses consiguieron obtener una magnífica variedad de trigo…, que esa variedad fue robada por un español…, que los labradores españoles vendieron el grano a molineros andaluces…, que la harina de ese trigo fue adquirida por un fabricante de mantecados... Y cuando aquella harina de origen francés coincidió con el tocino de los cerdos ibéricos españoles, los mantecados tradicionales sufrieron una metamorfosis y se convirtieron en uno de los dulces más universales que existen?
La historia de los alimentos es extraordinariamente compleja y, al conocerla, el disfrute que nos produce ingerirlos desborda las sensaciones que nos vienen de los sentidos, y el comer pasa de ser una función fisiológica animal a convertirse en placer espiritual, ejemplo de cómo la cultura, mediante una metamorfosis difícil de entender,  transforma lo bárbaro en arcangélico.
Imagen y texto originales de José Del Moral De la Vega

5 comentarios:

Luis Fernández dijo...

Precioso Pepe. Es más voy a comerme uno que me va a sentar que ni bocata di cardinale.
Un fuerte abrazo
Luis

José Del Moral De la Vega dijo...

Muchas gracias, Luis. Yo también, y para no añusgarme, voy a tomarlo con un chupito de anis de Cazalla.
a tu salud.
Un abrazo
Pepe

Rafael Humberto Lizarazo dijo...

Se ven deliciosos esos mantecados. Por aquí tenemos unos parecidos, pero no creo que sean hechos con esa milagrosa variedad de trigo.

Te deseo felicidad en Navidad y Año Nuevo.

Un abrazo.

José Del Moral De la Vega dijo...

Estoy seguro que esos mantecados colombianos son tan buenos, o más, que los de Estepa, porque ellos son producto del milagro que produce el mestizaje y que caracteriza a la extraordinaria cultura iberoamericana.
Que el Dios del Amor que ahora celebramos inunde tu casa y tu país de felicidad.
Un abrazo

Javier Jiménez dijo...

Una historia bonita Pepe, un pequeño hurto para un científico y un gran salto para los polvorones...

Un abrazo y feliz Navidad para toda tu familia