sábado, 31 de octubre de 2015

LA COLABORACIÓN NOS INTERESA


Este grupo musical brasileño tiene unas canciones bonitas, llenas de ritmo y musicalidad, pero por su forma de interpretar, a mí me produce algo más que el disfrute de una bonita canción, me sugiere la felicidad que conlleva cualquier actividad armoniosa que se realiza con la colaboración de varias personas, una idea que, entre tanta exaltación actual del individualismo, es como un vientecillo fresco en tarde de verano.
Mi generación es hija de un mensaje educativo dirigido al individualismo, la heroicidad o el liderazgo –tienes que ser el mejor era la cantinela que oíamos a cada paso en nuestra niñez–, probable consecuencia  de la cultura del siglo XX en la que Nietzsche era el referente ideológico –su propuesta era el superhombre–, así como de una horrible interpretación de la teoría darwiniana de la competitividad –la mejor forma de progreso social–; pero los que estudiamos fenómenos biológicos somos testigos de que mientras el progreso individual por competitividad ha conducido a muchas especies a su desaparición, la sinergia entre especies ha sido extraordinariamente positiva en la evolución de la biosfera.
Es incuestionable que, a nivel social, las comunidades en las que predomina la colaboración son las que más evolucionan, mientras que aquellas otras que propugnan el elitismo son, paradójicamente, las más atrasadas.
Los pueblos donde se conjugan muy frecuentemente los verbos agruparse, participar, colaborar, ayudar, auxiliar…son pueblos prósperos y de gente feliz, y por ello, quizá, a mí me gustan los grupos de jóvenes que cantan.

Texto original de José Del Moral De la Vega. 

jueves, 29 de octubre de 2015

A LA SABIDURÍA DESDE LA NADA

Los niños miran desde el asombro que les produce todo cuanto les rodea, religión de la que era un ferviente seguidor Einstein.

El misterio que descubre el físico en la naturaleza nos lo muestra mediante algoritmos que muy pocos entienden. El poeta y el músico, por el contrario, sí presentan el misterio que ellos han desvelado con procedimientos que nos emocionan. ¿Existen más formas de aproximación al misterio?
Los místicos y los budistas, al margen de las matemáticas, la poesía o la música, se acercan a lo oculto mediante el silencio. La ausencia de voz o el olvido de sí que practican los budistas y los místicos conduce a una oscuridad o empobrecimiento interior, a un vaciamiento de la mente desde la que, paradójicamente, al contemplar la naturaleza se experimenta una emoción que alucina, sin explicación alguna.
Los místicos y los budistas saben muy bien que a la Luz solo se llega desde el silencio y el deseo, y es por  ello que el más ignorante puede llegar a ser el más sabio. Metafísica que nos explica de manera breve y bellísima el poeta:
De noche, iremos de noche
que para encontrar la Fuente
solo la sed nos alumbra.

Texto e imagen originales de José Del Moral De la Vega

sábado, 17 de octubre de 2015

Contra las enfermedades cerebrales

Hojas de Ginkgo biloba en otoño

Las enfermedades neurológicas son cada vez más frecuentes y, de estas, el Alzhéimer es, probablemente, la más odiosa, no solo por el sufrimiento que produce en el paciente, sino también en los que lo rodean, por la inexorable y progresiva pérdida de su conciencia y su duración. Su curación no es posible todavía, pero desde hace milenios existen conocimientos empíricos que retardan o mitigan algunas de estas enfermedades cerebrales.
El ginkgo biloba es la especie arbórea viva más antigua que se conoce. Sus hojas tienen una característica única, al distribuirse sus nervios de igual forma a los de un abanico; pero lo que realmente lo distingue es su contenido en flavonas, lactonas y fitosteroles, sustancias que le dan un extraordinario poder vasolidatador y antiplaquetario que favorece la circulación sanguínea, y por lo cual en Oriente se utilizan infusiones de sus hojas contra enfermedades cerebrales y varices en personas con hábitos sedentarios.  
En otoño, las hojas de ginkgo adquieren un bellísimo color amarillo que las distingue de las demás especies caducifolias.
Imagen y texto originales de josé del moral de la vega

domingo, 11 de octubre de 2015

El color que transforma el alma

Ginkgo biloba otoñal en un parque de Badajoz

Se piensa que el otoño es un tiempo de melancolía, pero hay algunos para los cuales es momento de profunda actividad del espíritu, de reflexión. El  repentino cambio de decorado ambiental propicia replantearse muchas de las rutinas que nos amodorran para redescubrir todo lo bueno y bello que, de manera gratuita, nos da la vida: el abrazo de un niño, el agua que salta de una fuente, el olor de hierba fresca…
Uno de los árboles que marca con rotundidad el equinoccio es el Ginkgo biloba, la especie arbórea más antigua que existe – decía mi amigo el botánico Pedro Gómez que era un fósil viviente–, y ese cambio lo hace mudando el color verde de sus hojas a un amarillo inigualable y bellísimo. Contemplar esa transformación de color en los ginkgos bilobas de nuestro parque es un espectáculo que nos llena de alegría.
La situación actual de los españoles es bastante triste, estamos rodeados de "cultureta", banalidades, insidias y rufianismo político. Defenderse de tanta miseria no es fácil, pero la vida tiene muchos descansaderos que, si se saben encontrar, vigorizan nuestra alma y nos dan alas para escapar a la tristeza, principal aliado del mal –Sursum corda–.  La melodía y letra de “Nella Fantasia” es uno de esos remansicos.


sábado, 3 de octubre de 2015

El otoño, una invitación al recuerdo


En el otoño, las hojas verdes y brillantes que desde la primavera nos han dado sombra, oxígeno y humedad, se visten de amarillo y ocre, bajan a la tierra, cambian su estructura y, a través de una larguísima cadena de organismos,  regresan  al origen cósmico de donde vinieron.
El otoño es una recreación, bellísima, del mismo viaje que un día también nosotros haremos, para que se cumpla ese orden implicado del que nos hablan, en clave de física cuántica, Pauli, Heinderberg y Bohm.   

Los buenos cantantes utilizan su voz y a veces también el gesto, pero hay algunos que cantan con el alma. Ellos impregnan de sentimiento sus baladas y, al oírlas, se escucha un mensaje que nos zarandea.  El cantante Gabby Pahinui es uno de ellos, y su canción Ka Makani Ka'ili Aloha suena a tierra mojada en el otoño.